
Del accidente de Gelida al plante de los maquinistas: anatomía de un colapso ferroviario
Dos días sin trenes, miles de personas improvisando desplazamientos y una red ferroviaria en el punto de mira. El colapso de Rodalies en Cataluña no es solo la consecuencia inmediata de un accidente mortal, sino que ha sacado a la superficie un conflicto de fondo entre usuarios, maquinistas, administraciones y gestores de la infraestructura.
Una red completamente detenida. Cataluña ha encadenado dos días sin servicio de cercanías tras el accidente ferroviario del martes en Gelida. La interrupción fue total y sin un plan alternativo general, obligando a miles de viajeros a buscar soluciones por su cuenta, a menudo más caras y complicadas.
Dos accidentes en una jornada crítica. El martes se produjeron dos descarrilamientos:
- Uno, en la R1 entre Tordera y Maçanet, sin heridos, tras la caída de una piedra en la vía.
- El otro, en Gelida, cuando un muro de la AP-7 cayó sobre la cabina de un tren de la R4 y provocó la muerte de un maquinista en prácticas y 37 heridos.
Riesgos conocidos y mantenimiento cuestionado. Maquinistas y sindicatos alertan de que la caída de objetos en la vía es recurrente durante temporales y denuncian una falta de mantenimiento que estaría degradando los estándares de seguridad.
Un plante inédito y un pacto a medias. Solo seis de los 140 maquinistas previstos trabajaron el jueves.
- Por la tarde, Generalitat, Renfe, Adif y sindicatos pactaron reabrir el servicio de forma progresiva tras inspecciones conjuntas.
- Los trenes han vuelto a estar operativos este viernes.
- La parálisis de Rodalies, usada por unas 400.000 personas al día, colapsó carreteras y accesos a Barcelona.
©Foto: Albert García