Aglaonema: así es la planta de interior que resiste a cualquier desmán de su cuidador
Este género vegetal procedente del sudeste asiático tiene 29 especies reconocidas. Con un aire exótico, cuanta más luminosidad disfruten sus hojas, mayor será el contraste que ofrecerán


Con tantísima variedad de plantas de interior, ¿cuál elegir entre tanta belleza? La familia de las aráceas tiene muchas especies favoritas entre los cultivadores, como la famosa bandera blanca (Spathiphyllum wallisii) —presente en todas las floristerías—, la zamioculcas (Zamioculcas zamiifolia), la costilla de Adán (Monstera deliciosa), el anturio (Anthurium spp.), el poto (Epipremnum aureum)… Toda esta parentela es imprescindible en jardinería, y regalan oxígeno y estética a las casas en las que se las cuida.
El género Aglaonema también participa de esta popularidad colectiva de las aráceas, aunque sea una integrante menos conocida por el público en general. Y es raro que no habite en más hogares, porque en el siglo pasado hubo varios tipos de aglaonemas realmente ubicuos, como el cultivar ‘Silver Queen’, muy habitual en las fotos de los libros jardineros de los años setenta y ochenta. En esas imágenes se aprecian aglaonemas en las composiciones con otras especies, donde ocupan el estrato más bajo sobre el cual se elevan los ficus (Ficus spp.) y las chefleras (Heptapleurum arboricola), sirviendo así de planta de acompañamiento.
Los aglaonemas presentan la ventaja de tener un equilibrio bastante sencillo de encontrar. Si se respetan unas mínimas reglas de cultivo, la persona que los cuida aprende rápido a darles lo mejor para que se mantengan sanos. Estas plantas del sudeste asiático —de regiones como Malasia o Filipinas— viven bajo la sombra de otras más altas que ellas, por lo que en las casas son capaces de crecer con poca intensidad lumínica, siempre y cuando no sea una sombra profunda.
Sus 29 especies reconocidas hasta el momento han generado un inmenso mundo de aglaonemas con hojas de todos los colores, en las que se pueden mezclar distintos verdes, blancos y rojizos, todos ellos complementados en muchas ocasiones con los tonos plateados. Estas láminas foliares son tan bellas que no importa que sus inflorescencias sean algo anodinas, al ser espatas pequeñas y poco llamativas. Muchas de las variedades jardineras provienen de la especie Aglaonema commutatum.

Entre los aglaonemas de hojas plateadas son frecuentes los cultivares ‘Silver Bay’, ‘Maria’ o ‘Mary Ann’, aparte del ya mencionado ‘Silver Queen’. Algunos muy famosos de hojas predominantemente blancas son el ‘White Joy’, el ‘Snow White’ o ‘Frozen’. Para los rojizos, e incluso rosados, ‘Siam Aurora’ es de los más populares, junto con ‘Red Catrina’ o ‘Red Star’. Cuanta más luminosidad disfruten sus hojas, sin llegar a recibir sol directo, mayor será el contraste que ofrecerán. Para los lugares con menor claridad es recomendable elegir los aglaonemas plateados, más resistentes que el resto, y la mejor opción para quienes no hayan cultivado nunca uno antes.

Para asegurar que los aglaonemas gocen de una larga vida es indispensable que cuenten con un sustrato muy poroso, con un equilibrio óptimo entre una buena retención de agua y una correcta aireación para las raíces, por lo que es conveniente recurrir a mezclas con granulometrías mayores que para el resto de las plantas de interior. Aun así, lo más importante a la hora de asegurar su vitalidad es dejar que el medio mantenga un ciclo primero de humedad y después de sequedad, para que las raíces permanezcan sanas. Esto funcionará con la mayoría de aglaonemas, que agradecen que se les riegue solo cuando al menos la mitad del sustrato se haya secado. Como buena arácea, le ocurre lo que a muchas de sus parientes en la familia, que no necesitan macetas profundas, sino más bien anchas, para que no se acumule demasiada agua en la parte baja del contenedor. Si la planta emite hojas nuevas de menor tamaño que las anteriores, es el momento de pensar en abonarla.

Con el paso del tiempo, los aglaonemas tienden a generar tallos largos que pierden las hojas en la base, por lo que se puede optar entonces por podar la planta al comienzo de la primavera, para que active yemas en la base de esos tallos que produzcan nuevas hojas y mayor frondosidad; para una óptima renovación, se colocará la maceta en el lugar con más luz de la casa, evitando el sol directo. Los esquejes que se obtengan con la poda de rejuvenecimiento se enraízan fácilmente en sustrato húmedo muy poroso, una preciosa manera de propagar la planta y regalarla a quienes se quiere.

Los hermosos aglaonemas son indispensables en los interiores, y aportan un cierto toque exótico sin el dramatismo de otros géneros de plantas, mucho más demandantes en cuidados. Sin duda, una vez que se comprueba su excelente resistencia a los desmanes de los cultivadores, se querrá ampliar la colección.
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