Hondarribia aprueba un plan para acabar con la discriminación de la mujer en el Alarde
El Ayuntamiento promoverá actos de reconocimiento a quienes han sufrido la violencia por defender una fiesta igualitaria


El culto a la tradición y el cumplimiento estricto de las costumbres han sido durante décadas los principales argumentos que se han esgrimido en las localidades guipuzcoanas de Irun y Hondarribia para impedir que las mujeres participasen en igualdad de condiciones que los hombres en el Alarde de armas. Es una fiesta popular de larga historia que relega a ellas a un papel secundario. Nadie había cuestionado esta antigua usanza hasta que a finales del siglo pasado varias mujeres alzaron la voz con valentía contra la discriminación femenina. Reclamaron su derecho a igualarse con los varones y acabar con el veto que recaía sobre ellas. Esto desembocó en graves enfrentamientos y disputas incluso familiares que se han ido suavizando durante los últimos años, aunque la celebración de la fiesta no ha conseguido aún ser plenamente igualitaria. El Ayuntamiento de Hondarribia (17.000 habitantes) aprobó el pasado jueves el II Plan de Igualdad con 124 medidas que persiguen acabar con la desigualdad de género y, también, “avanzar en la resolución del conflicto en torno al Alarde”.
El Alarde de Hondarribia celebra la liberación de la ciudad tras el asedio de las tropas francesas en 1638. Desde el año siguiente, el día 8 de septiembre el pueblo cumple el voto de rendir homenaje a la virgen de Guadalupe con un desfile de armas en el que alrededor de 5.000 hombres participan como soldados y apenas una veintena de mujeres lo hace como cantineras. Esta ceremonia militar se repite en Irun el día 30 de junio con la misma liturgia. Pero en 1996 todo comenzó a cambiar cuando ellas reclamaron integrarse en la fiesta en igualdad de condiciones que ellos. En la actualidad, en Irun se celebran dos alardes, uno tradicional que excluye a las mujeres como soldados, y otro paritario que no hace distinción de sexo. En Hondarribia el problema ha sido más profundo, aunque las mujeres han conseguido formar una compañía, Jaizkibel, que desfila por separado. El grado de conflictividad se ha rebajado de forma considerable en ambas localidades, pero aún coexisten dos visiones sobre el Alarde que siguen siendo irreconciliables.
El consistorio de Hondarribia, gobernado por las fuerzas nacionalistas Abotsanitz y EH Bildu, ha dado otro paso al frente para acabar con la discriminación que sigue dándose en el Alarde. “Las instituciones públicas tienen la obligación de cumplir y hacer cumplir la ley que establece la igualdad de género”, afirmó el alcalde, Igor Enparan, durante el pleno que aprobó el Plan de Igualdad. La principal línea de actuación recogida en el documento consiste en “avanzar en la resolución del conflicto en torno al Alarde” mediante el diálogo y la participación ciudadana.
En 1997 se creó la compañía mixta Jaizkibel e intentó participar en el desfile, pero no logró su objetivo porque un grupo de personas contrarias a cambiar la tradición provocó un “tumulto tremendo”. En los años siguientes, pese a que se dictaron resoluciones judiciales a favor de la participación femenina en la fiesta, se volvieron a vivir “graves problemas de convivencia”, siempre según el equipo de gobierno actual. Hoy en día, esos problemas de convivencia siguen presentes, aunque con una intensidad menor.
En Hondarribia, el Alarde tradicional se ha privatizado para escapar del control público (antes era una fiesta organizada por el Ayuntamiento). El Plan de Igualdad vigente desde este jueves explica que el desfile masculino solo permite a las mujeres participar como cantineras (una mujer por cada una de las 21 compañías), mientras que “los hombres, por ser hombres, se les asigna el papel de soldados”. “No hay libertad de elección, se les asignan roles o funciones predefinidos en función del sexo”, lo que “genera desequilibrios en la participación y es fuente de conflicto”.

Las mujeres han logrado avances en sus reivindicaciones durante los últimos años, sobre todo desde que el PNV, defensor del Alarde tradicional, perdió el mando del Gobierno local tras las elecciones de 2023. Los nuevos responsables municipales han tratado de aumentar la presencia femenina en los actos que rodean al desfile de armas que organiza el consistorio. El nuevo plan que se aplicará en adelante señala que en el ámbito de la acción pública “no se puede hacer ninguna excepción” y es obligado que “todas las expresiones de estereotipos de género, incluidas las del ámbito cultural, deben ser corregidas sin ningún género de duda”. Además, los poderes públicos tienen “el deber positivo de garantizar la igualdad material y erradicar las desigualdades estructurales que generan discriminación por razón de sexo, tal y como ocurre en el caso del Alarde de Hondarribia”.
El Ayuntamiento se ha marcado el objetivo de “profundizar en el empoderamiento de la ciudadanía y en la democracia participativa para lograr una resolución sostenible, justa, inclusiva y segura del conflicto del Alarde”. El Plan de Igualdad que marca estas directrices sobre el problema del Alarde recibió los votos favorables de Abotsanitz (siete concejales) y EH Bildu (dos ediles). El PNV (seis representantes) y el PSE-EE (dos) votaron en contra con el argumento principal de que se ha negado a la asociación Hondarribiko Emakumeak (Mujeres de Hondarribia, en euskera) tomar parte en el proceso de elaboración del citado plan de igualdad. Este colectivo defiende a ultranza que se mantenga la tradición en la fiesta y, en consecuencia, reniega de la presencia de la mujer como soldado en el desfile.
María Serrano, portavoz del PNV, manifestó en el pleno que su formación está “en gran medida de acuerdo” con el contenido del plan, pero no con el procedimiento empleado y el “veto ideológico” impuesto a un colectivo de “más de 500 mujeres”. “El Plan de Igualdad está construido desde una sola mirada. Nuestro voto en contra no es un ‘no’ a la igualdad”, aseveró. Este mismo argumento fue defendido por Josu Álvarez, del PSE-EE, que criticó “la exclusión de una asociación de mujeres” en los órganos de debate y discusión para elaborar el plan. Su compañera de bancada, Noemí Odriozola, intervino para precisar lo siguiente: “Votar en contra no significa que no seamos feministas”.
Un informe jurídico de 73 páginas, elaborado por el denominado Grupo de Análisis Jurídico sobre Igualdad y Discriminación de Mujeres y Hombres, conformado por cuatro mujeres juristas, justifica la no participación de la asociación en la redacción del Plan de Igualdad porque, precisamente, su “objetivo principal” es la diferenciación de los géneros en una manifestación popular y festiva. “En la esfera de la acción pública”, recoge el informe jurídico al referirse a esta cuestión, “el Ayuntamiento de Hondarribia debe habilitar como interlocutoras en el diagnóstico, diseño y ejecución del Plan de Igualdad a asociaciones cuya constitución tiene por finalidad la promoción del feminismo, esto es, de la autonomía, libertad, igualdad y justicia social de mujeres y hombres, eliminando aquellos estereotipos culturales, socioeconómicos, políticos… que perpetúan la discriminación y opresión estructural de las mujeres”. Lo contrario, dar cabida a asociaciones que abogan por excluir a más de la mitad de la población, supondría “contravenir el marco normativo constitucional y las normas con rango de ley”, como el Tratado de la UE, la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, o a Ley vasca 4/2005, entre otras normativas de obligado cumplimiento.
El Ayuntamiento promoverá a partir de ahora la pacificación en torno al Alarde garantizando la presencia paritaria de las mujeres. Al mismo tiempo, el plan aprobado plantea la necesidad de analizar fórmulas para “el reconocimiento público de la violencia sufrida por las personas partidarias del alarde igualitario en defensa de los derechos de las mujeres”. Una encuesta realizada en 2024 a 400 residentes (el 49,1% hombres y el resto mujeres) concluyó que la celebración de un “único Alarde igualitario” es la opción preferida y defendida por el 46% de los sondeados (diez años antes era el 24%). La propuesta de dos Alardes independientes fue elegida por un 18%, mientras que el Alarde tradicional único que discrimina a las mujeres solo recibió el apoyo del 16% (era del 42% en 2014).
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