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Una camiseta de fútbol para recordar la acogida de los niños vascos en Gales tras el bombardeo de Gernika

El Newport County y el Athletic Club unen sus colores para rescatar la memoria de los niños refugiados en Gales en la Guerra Civil

La primera ministra de Gales, Eluned Morgan (a la izquierda), entrega la camiseta del Newport County a la vicepresidenta del Athletic Club, Nerea Ortiz.Gobierno de Gales

En las gradas de San Mamés, esta temporada ha aparecido una camiseta rojiblanca que no es la del Athletic Club. Tampoco lleva el escudo de este histórico equipo vizcaíno, sino el de un modesto club galés, el Newport County. Pero lo que realmente atrae las miradas de la afición curiosa son los detalles. En las rayas de la camiseta, se despliegan 56 nombres y apellidos, la gran mayoría en castellano. En el cuello, una inscripción en euskera dice 37ko Haurrak —Los niños del 37—.

Son los nombres de aquellos niños vascos que, huyendo de la Guerra Civil, encontraron refugio en Gales. Con esta prenda, el Newport County ha querido recuperar ese acontecimiento histórico, rendir homenaje a aquella acogida y tender un puente entre los dos pueblos. “Me quedé sorprendido porque mucha ciudadanía inglesa nunca había oído hablar de esta historia”, explica el diseñador de la camiseta, Neal Heard. El éxito fue tal que, en su lanzamiento, vendieron más camisetas en el extranjero que en el propio Reino Unido. “Es la camiseta más vendida en Europa que hayamos tenido nunca, sin excepción”, afirma.

El director creativo del Newport County conoció este capítulo cargado de memoria gracias a amigos y parientes. “Es un gran gesto y pensé que su corazón y factor humano podrían resonar en la región vasca”, recuerda en inglés por teléfono. Heard buscaba inicialmente una mayor exposición de este club que compite en la cuarta categoría inglesa de fútbol profesional. “Lo demás fueron facilidades por parte del Athletic. Nos inspiramos en la versión de la camiseta de los años 90 para diseñar la segunda equipación de nuestro conjunto”.

Cerca de 4.000 niños y niñas vascas partieron del Puerto de Bilbao el 21 de mayo de 1937 rumbo Inglaterra a bordo del transatlántico Habana. Fue el resultado de un complejo acuerdo entre el entonces Gobierno de Euskadi y organizaciones humanitarias británicas tras la conmoción internacional provocada por el bombardeo de Gernika, un mes antes, por parte de la aviación nazi. A su llegada, los menores fueron repartidos por todo el país. Un grupo de 56 acabó en Caerleon, una pequeña villa al noroeste de Newport (Gales, 150.000 habitantes).

Andrés Benavente (Barakaldo, 1925-1971) estaba entre ellos. Se instaló en una casa de campo bajo el cuidado de María Fernández, una bilbaína afincada allí, al igual que otros tantos vascos que se dedicaban a la industria del metal y el acero. “Con 12 años no era consciente de lo que estaba pasando en España, solo que abandonó su casa junto con sus hermanos sin saber si volvería”, cuenta su hijo, Stephen Benavente, residente aún en Caerleon.

Andrés Benavente se quedó allí y más tarde se enteraría de que sus familiares estaban muertos. Es más, su padre fue ejecutado por sus vínculos republicanos. Se estableció allí, empezó a trabajar, se casó y formó una familia con dos hijos. “Nunca nos contó toda su historia. Tan pronto como vino al Reino Unido quiso ser aceptado como un ciudadano británico y nunca habló en español o euskera delante de nosotros”, añade su otra hija, Stephanie Benavente, y hermana de Stephen.

El fútbol para sobrevivir

En ese proceso de integración, el fútbol también desempeñó un papel clave. Andrés Benavente fue “un entusiasta jugador en su juventud, como portero en el equipo Basque Boys”, una plantilla formada por niños refugiados que organizaban partidos benéficos para ayudar a su manutención —el Gobierno británico no destinaba fondos dentro de su postura de no intervención en el conflicto español—. En aquellos años, llegó a jugar incluso en el antiguo estadio del Newport, el Somerton Park, por invitación del alcalde. Con el paso del tiempo, ya adulto, se convirtió en uno más de los aficionados.

La camiseta del equipo galés celebra precisamente las conexiones entre estos dos territorios. “Se ha convertido en una especie de historia andante en sí misma ya que en su interior se cuenta este hecho en tres idiomas: euskera, inglés y galés”, enfatiza Heard. Esta temporada el equipo ha vestido el diseño una decena de veces, las mismas que han jugado como visitantes. “La respuesta de la afición ha sido extraordinaria”, expresa este jefe creativo.

“Sería maravilloso que estas historias fueran más conocidas”, confía Stephanie Benavente. Su familia intenta “mantener viva la historia con hijos y nietos”. En la misma línea se expresa Stephen Benavente. “Hay un aumento del interés público por conocer su ascendencia y su historia familiar, y esto, tanto a nivel personal como histórico, es demasiado importante como para dejar que el tiempo borre la memoria”, agrega. Se pregunta si el resto de niños que regresaron a sus casas tenían familias esperándoles. Los dos hermanos, en busca de más respuestas, tienen planes de visitar Euskadi a finales de este año.

Memoria colectiva

La primera ministra del Gobierno de Gales se ha adelantado a ellos. Eluned Morgan ha estado recientemente en Bilbao, en una visita oficial, en la que aprovechó para entregar un ejemplar de la camiseta a la dirección del Athletic Club. La máxima responsable del Ejecutivo valora la importancia de la relación entre su país y Euskadi. “Ya no solo por la acogida que ofreció la sociedad galesa a las niñas y niños vascos. Somos dos pueblos con muchos aspectos sociales y culturales similares, entre ellos, una lengua propia”, expresa en una entrevista exclusiva con EL PAÍS desde la sede social rojiblanca de Ibaigane.

La intención es “crear una relación” entre los dos clubes porque “creemos que pueden trabajar juntos para rememorar y recordar estos hechos que tanto marcaron a ambas sociedades”. Para Morgan, es un acto que trasciende la política y así se lo expresó la representación del club rojiblanco encabezada por la vicepresidenta Nerea Ortiz y el director general Jon Berasategi.

La iniciativa también ha reforzado la labor de la asociación Basque Children of ‘37, que desde hace más de dos décadas trabaja para difundir y proteger la memoria de los menores evacuados. Tom Wardle es miembro de su directiva, donde también se encuentran descendientes directos de los menores refugiados o académicos. “Es una iniciativa muy amable. En el Reino Unido, los clubes del fútbol no hacen mucho para recordar su historia, así que el Newport va contracorriente”, explica en castellano por mensajes de voz.

“Conectar a personas”

Wardle espera que esta camiseta sea más efectiva que las dos placas conmemorativas colocadas en Southampton, el puerto al que llegaron los menores en 1937. A su juicio, la memoria de aquel episodio sigue siendo frágil y poco conocida incluso en las propias comunidades que acogieron a los niños. “Si pregunto a mis vecinos, dudo que conozcan esta historia. Incluso en las escuelas, creo que se puede hacer mucho más para educar al alumnado sobre este evento trascendental”, reclama este australiano que se empezó a interesar por este tema tras un erasmus en Bilbao.

“El fútbol tiene una manera única de unir a personas de todo el mundo. Siempre he creído que es una especie de lenguaje universal”, añade el director creativo del Newport County. Para Heard, “es fantástico que podamos aprovechar los aspectos positivos del fútbol y conectar a personas de todo el planeta”.

El mensaje cobra una dimensión aún más profunda en boca de Wardle: “Los niños dependían del apoyo y generosidad del pueblo británico”. Y lo vincula con el actual debate en el Reino Unido, marcado por la reciente reforma del sistema de asilo, mucho más restrictiva para quienes buscan refugio. “Hay mucha polémica en este país actualmente sobre la llegada de refugiados. No debemos olvidar este capítulo de nuestra historia. Algún día, podría pasar esto mismo a nuestros niños”.

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