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Mañueco, el “animal político de partido” que lo ha sido todo en Castilla y León

El presidente de la Junta, que ha gobernado en coalición con Ciudadanos y con Vox, quiere terminar su larga carrera en su tierra

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Mañueco, sobre el resultado de las elecciones en CyL: "Asumo la responsabilidad de formar Gobierno"
Mañueco, el pasado 6 de marzo en Salamanca durante una entrevista con EL PAÍS. Foto: Álvaro García | Vídeo: EPV

Las primarias del Partido Popular de Castilla y León en 2017 cambiaron la vida de Alfonso Fernández Mañueco, pero podrían haber cambiado también la historia del PP. El presidente de la Junta, que entonces era alcalde de Salamanca, la ciudad en la que nació hace 60 años, ganó aquella elección interna contra el criterio de su predecesor, Juan Vicente Herrera. Pese a que Mañueco era su secretario general, Herrera aupó a otro candidato, el alcalde de León, Antonio Silván. Mañueco consiguió imponerse a su rival en las primarias, pero estuvo a punto de haber tenido enfrente a un contrincante de Palencia mucho más peligroso: Pablo Casado.

“Mariano Rajoy dijo que ni hablar, que Pablo no se presentaba”, cuenta una fuente del PP de Castilla y León en la cocina de aquella etapa. “Unos dicen que Rajoy cortó el paso a Casado porque apoyaba a Mañueco”, relata este dirigente, “y otros que lo hizo porque acababa de nombrar a Casado vicesecretario de Comunicación y no quería prescindir en Génova de él”. Rajoy impidió que desembarcara en Castilla y León, y Casado se quedó en Madrid, desde donde alcanzó después la presidencia nacional del PP, de la que fue descabalgado en 2022 en la mayor crisis interna del partido.

A Mañueco, en cambio, aquella decisión de Rajoy le benefició más que a Casado: él vio despejado su camino interno y se hizo con el liderazgo del PP de Castilla y León, la plataforma desde la que, dos años después, alcanzó la presidencia de la Junta, donde continúa. Casado dejó la política y se dedica a los negocios en la industria de defensa.

Aunque la suerte le sonrió, Mañueco se vio obligado a disputar aquellas primarias a contracorriente. Ganó, cuentan quienes estaban a su lado entonces, por su control de la organización, que Herrera había descuidado. “Mañueco es un animal político de partido. Tiene una capacidad de moverse muy bien dentro, es lo que le gusta y lo que domina”, destaca un dirigente que le conoce bien.

El presidente de la Junta es un político de carrera, con una larguísima trayectoria, de tres décadas, siempre ligada a Castilla y León, donde lo ha sido todo: concejal, alcalde, presidente de diputación, consejero y presidente de la comunidad autónoma. Estudió Derecho en la Universidad de Salamanca y se afilió muy joven al PP, ya que la política le viene de familia. Es hijo de un juez, Marcelo Fernández Nieto, alcalde de Salamanca en el franquismo. Mañueco ocupó años después el mismo sillón de mando que su padre en el Ayuntamiento, entre 2011 y 2018. En aquella etapa saltó a los periódicos nacionales por su resistencia a retirar de la plaza Mayor el medallón en honor a Franco, que la izquierda reclamaba eliminar en aplicación de la Ley estatal de Memoria Histórica de 2007. El medallón se retiró finalmente en 2017.

El barón popular ha gobernado desde 2019 la Junta de Castilla y León en virtud de dos pactos muy diferentes, casi contrapuestos: el primero, con Ciudadanos, en los tiempos de auge del partido centrista, y el segundo, en 2022, con Vox, el acuerdo pionero del PP con la extrema derecha.

“La nuestra fue una convivencia difícil”, relata Francisco Igea, de Ciudadanos, vicepresidente y portavoz de su Gobierno de coalición durante dos años, los peores de la pandemia. Médico de profesión, Igea afirma que mantuvo un enfrentamiento durísimo con Mañueco por las restricciones para hacer frente a la situación sanitaria. “Nos presionaba con la hostelería, quería ser como Isabel Díaz Ayuso”, asegura Igea, que le describe con mucha dureza, como “una persona con poca empatía y sin principio conocido más allá de la supervivencia”. En cambio, su imagen en el partido es otra muy diferente, y un veterano del PP destaca que el barón popular “es muy accesible, contesta al teléfono a todo el mundo, es una persona cercana a la que no se ve un mal gesto”.

La etapa de Gobierno de coalición con Vox tampoco fue un camino de rosas. Mañueco afrontó entonces una crisis con su vicepresidente Juan García- Gallardo por la iniciativa para obligar a las mujeres que quisieran abortar a escuchar antes el latido del feto, una medida de los ultras que el PP terminó cortocircuitando tras la polémica. Después de la salida de la extrema derecha del Ejecutivo regional, en julio de 2024, el PP enterró también en un cajón la Ley de Concordia que había presentado conjuntamente con los de Abascal para sustituir el decreto autonómico de Memoria Histórica. “Alfonso tiene mucha paciencia y aguanta bien las embestidas, es un político muy resiliente”, subraya una fuente de su entorno.

“Si Mañueco logra la estabilidad después de la huida vergonzante de Vox”, reflexiona Juan José Lucas, el presidente más longevo de la Junta de Castilla y León y uno de sus padrinos políticos, “dejará una estela de seguridad”. “Es un hombre que, como el paisaje, tiene muy pocas dobleces”, valora Lucas, que en los noventa disfrutó de una gobernabilidad más sencilla gracias a sus tres mayorías absolutas. “Entonces no existía Vox, pero sí el CDS, que también era muy fuerte”, rememora, y recomienda a su pupilo: “El buen político tiene que estar como los indios, con un oído pegado al suelo”.

La profesora de Ciencia Política de la Universidad de Salamanca Araceli Mateos cree que “Mañueco es un político muy del territorio, tanto por su carrera y discurso”, y eso “a muchos votantes más tradicionales o conservadores les gusta”. “Es un liderazgo pragmático, menos confrontativo y centrado en la gestión”, añade.

El principal problema de gestión lo afrontó en solitario, en los incendios del verano pasado en Zamora que dejaron el catastrófico balance de cinco fallecidos y más de 140.000 hectáreas quemadas. Mañueco habla de aquél momento como “durísimo” para él. “El desalojo de cientos de vecinos fue una de las decisiones más complicadas que yo he tenido que asumir y vivir fuera de la pandemia”, recuerda.

Ahora, el político salmantino aspira a su tercer y último mandato y asegura que quiere terminar su larga carrera política en su tierra. “No busco una salida en Madrid”, ha declarado en El Norte de Castilla en esta campaña. “Cuando acabe la Presidencia de la Junta de Castilla y León”, ha prometido, “acaba mi etapa en la gestión de la política”.

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