La partida de verdad llega en las andaluzas
Las elecciones de Castilla y León no mueven el tablero de la política nacional, pero dejan buen sabor de boca tanto en el PP, que frena a Vox, como en el PSOE, que cambia la tendencia


Castilla y León es la comunidad políticamente más previsible del país. No hay cambios desde hace 40 años: siempre gobierna la derecha. De la secuencia de las cuatro elecciones seguidas que programó el PP para apuntalar el ambiente de cambio de ciclo, esta era la menos decisiva, tal como lo veían en los cuarteles de los grandes partidos. Y así fue. El resultado deja algunas sorpresas, como siempre, en especial el pinchazo de Vox, que esperaba una subida mucho mayor, pero no tiene fuerza como para mover el escenario político nacional. Habrá que esperar a las andaluzas de mayo-junio, mucho más decisivas políticamente y con una candidata como María Jesús Montero que ha sido la número dos de Sánchez todos estos años, para que se mueva el avispero nacional mirando ya a las generales.
Tanto Alberto Núñez Feijóo como Pedro Sánchez tuvieron una noche muy tranquila: el líder de la oposición puede presumir de que el PP ganó con comodidad y frenó a un Vox que se creía mucho más desbocado, y además insistir en que el bloque de derechas sigue creciendo en todas partes. Y su candidato, Alfonso Fernández Mañueco, dormirá aún más feliz: sube votos y escaños después de siete año y podrá negociar mejor con Vox después de contenerlo. Pero el presidente del Gobierno también podrá reivindicar que el PSOE ha resistido muy bien en un territorio hostil, ha subido en escaños, y ha roto la tendencia de fuerte caída que se vio en Extremadura y en Aragón.
Los socialistas llegaron a soñar con ser el partido más votado, si Vox subía mucho y el PP bajaba, pero en realidad ninguna encuesta apuntó esa posibilidad, que fue más una burbuja interna que empujó el ex presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, eufórico en el cierre de campaña en Valladolid.
El PSOE necesitaba superar la barrera psicológica del 30% con un nuevo candidato después de un traumático relevo del anterior, y lo logró por poco. Carlos Martínez sale así reforzado internamente, con un resultado en subida y especialmente bueno en su provincia, Soria, lo que muestra su tirón personal.
Enhorabuena a @alferma1 por su resultado en estas elecciones.
— Pedro Sánchez (@sanchezcastejon) March 15, 2026
Orgullo de @cmmsoria y del @PSOE_CyL que han demostrado que nuestro partido es la única alternativa para el cambio en Castilla y León.
Seguiremos trabajando por el futuro de todas y todos.
La foto extrapolable a la política nacional dice pocas cosas, pero algunas conocidas: el bloque de derecha está en subida indiscutible, y el de izquierda en bajada, pero no tanto por el PSOE, que resiste, sino por el agujero a su izquierda, donde la división de siglas provoca un nuevo desplome. Tal vez ahí pueda haber alguna lección más clara para la política nacional y las generales: una izquierda dividida es muy poco competitiva. Podemos, el que con más claridad insiste en ir en solitario, lleva dos rotundos fracasos en Aragón y Castilla y León, y se arriesgan a un nuevo fiasco en Andalucía. A la izquierda solo le fue bien en Extremadura, donde concurrió unida. Los llamamientos a la unidad, con movimientos como el de Gabriel Rufián, aumentarán en las próximas semanas antes el riesgo de que esta división sea la que abra la puerta a la llegada de la ultraderecha al poder en unas generales.
La política nacional no ha tenido pues ningún sobresalto importante en estas elecciones autonómicas. Sánchez tendrá ahora que prepararse para las andaluzas, donde se juega mucho más, y sobre todo hacer un cambio de gobierno decisivo con la salida de María Jesús Montero, que llegará en cuanto Juanma Moreno decida convocar los comicios. Después de esta resistencia en Castilla y León, una tierra muy difícil para la izquierda, el PSOE no puede permitirse una debacle en el que fuera su granero histórico de votos. Tampoco un pésimo resultado en Andalucía tumbará a Sánchez, que piensa seguir hasta 2027, pero sí le dejaría muy debilitado porque sin resultado digno allí en las generales es imposible aspirar a La Moncloa.
Enhorabuena al presidente @alferma1 por su incontestable victoria. Hemos sido los más votados, los que más hemos crecido y triplicamos la distancia con el PSOE respecto a 2022.
— Alberto Núñez Feijóo (@NunezFeijoo) March 15, 2026
De las últimas once noches electorales, el @ppopular cosecha nueve victorias.
Los españoles nos…
Los socialistas confían además en que las circunstancias puedan cambiar en los próximos meses. La guerra entre el PP y Vox no va a desaparecer. El partido de Santiago Abascal está decidido a vender muy caro su apoyo a las investiduras del PP. Y es muy probable que sean también imprescindibles en Andalucía después de los próximos comicios, aunque en resultado en Castilla y León hará soñar a Juanma Moreno con repetir su absoluta.
En La Moncloa están convencidos de que esa batalla salvaje por la primacía de la derecha tendrá algún efecto movilizador en la izquierda en algún momento. Y Sánchez ya está construyendo, con el no a la guerra que ha recuperado en plena campaña de Castilla y León, el marco para las próximas generales: una gran batalla frente a Donald Trump y sus aliados en España. De momento, ningún resultado autonómico muestra esa movilización de la izquierda con la que sueña el Gobierno. Más bien al contrario. Pero los socialistas siguen pensando que con el tiempo eso puede llegar, y ese es uno de los grandes motivos por los que en el entorno del presidente del Gobierno todos apuestan por agotar la legislatura y ganar tiempo para lograr ese cambio de tendencia. Todos los ojos están ya puestos en las andaluzas, un termómetro mucho más potente que el de este domingo.
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