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El PP gana las elecciones y contiene a Vox en Castilla y León mientras el PSOE se recupera

El conjunto de la derecha vuelve a arrasar, logra un máximo histórico del 54% y los socialistas aglutinan el voto de la izquierda

02:33
Mañueco, sobre el resultado de las elecciones en CyL: "Asumo la responsabilidad de formar Gobierno"
Alfonso Fernández Mañueco celebraba los resultados en el Hotel Alameda (Salamanca) en la noche electoral.Foto: Emilio Fraile | Vídeo: EPV

Las urnas en Castilla y León han dado un pequeño vuelco a la tendencia política que habían marcado las últimas convocatorias electorales. El PP mejora sus resultados después de casi cuatro décadas en el Gobierno y ralentiza la crecida de Vox, que, aunque progresa, lo hace de forma modesta, con lo que parece haber tropezado con su techo. Por primera vez en mucho tiempo, los comicios autonómicos en la comunidad más extensa de España refuerzan al bipartidismo. Porque el PSOE no solo detiene su caída, sino que incluso logra mejorar ligeramente sus resultados. Lo que no cambia con respecto a las dos elecciones anteriores en Extremadura y Aragón es el dominio indiscutible del conjunto de la derecha, que alcanza su máximo histórico, con más del 54% de los votos.

Alfonso Fernández Mañueco, actual presidente de la Junta y candidato del PP a la reelección, ya ni esperó a que avanzase el escrutinio ni al discurso habitual del ganador. Sobre las 21.30 llegó al céntrico hotel de Salamanca, su ciudad, donde los populares celebraban la noche electoral, se detuvo ante el enjambre de periodistas y ya habló como un triunfador. Tras dos legislaturas al mando de la Junta, Mañueco, de 60 años, salió victorioso, mejoró sus resultados y, sobre todo, ha detenido la marea de la extrema derecha. Aun así, el ahora presidente en funciones no olvidó que necesitará los votos de Vox para renovar su mandato, al tiempo que ratificaba su negativa rotunda a cualquier entendimiento con el PSOE. “Habrá que dialogar, pero ya hemos dicho con quien no vamos a pactar. Castilla y León será territorio libre de sanchismo”, proclamó. Más tarde, ya en su discurso ante una militancia eufórica, Mañueco presumió entre sus éxitos: “Hemos duplicado en votos a Vox”.

El éxito del PP resulta indiscutible. Mejora en las nueve provincias hasta situarse en el 35%, cuatro puntos y 54.000 votos más que en 2022. Agrega dos nuevos escaños hasta reunir 33 en unas Cortes con 82 procuradores. De ese modo aumenta la distancia con el PSOE, al que apenas había sacado 1,3 puntos hace cuatro años, a pesar de que los socialistas, invirtiendo la tendencia de los últimos meses, también crecen de forma ligera. Tras los relativos fiascos de Extremadura y Aragón, donde ganaron sin cubrir sus expectativas, los populares se habían curado en salud y Mañueco decía conformarse con subir un solo voto. Lo ha superado con creces y ha dado un alivio a la dirección de su partido tras las agridulces victorias de los dos comicios autonómicos anteriores.

Lo de Vox puede interpretarse como un pequeño gatillazo. Es cierto que en esta comunidad partía ya de un suelo mucho mayor que en Extremadura y Aragón. Pero por eso mismo las elecciones eran un termómetro para medir si su crecida tiene un límite. Su líder, Santiago Abascal, se dio un baño de multitudes en el último mes recorriendo ciudades y pueblos. El objetivo, en el que coincidían prácticamente todas las encuestas, era alcanzar al menos el 20%. Al final se ha quedado cerca del 19%, tras mejorar poco más de un punto y ganar un solo escaño. Esa barrera del 20% la ha conquistado solo en Valladolid y Palencia. En el resto de las provincias parece topar con la imponente red de poder local del PP, que gobierna el 70% de los 2.248 municipios de la comunidad y todas las diputaciones salvo la de León. Las caras más bien circunspectas en la sede de Vox durante la comparecencia de su candidato, Carlos Pollán, reflejaron la contrariedad de los ultras.

El PSOE no vivía una noche tan satisfactoria desde las elecciones catalanas de hace casi dos años. Los socialistas no solo han resistido, sino que incluso avanzan casi un punto y en número de procuradores mejoran tanto como el PP, al sumar dos más. Son la primera fuerza en León y en Soria. En esta última provincia ha sido decisivo el tirón del candidato, Carlos Martínez, alcalde de la capital desde hace 19 años, que ha recuperado gran parte del terreno perdido en 2022 ante la candidatura localista de Soria Ya, triunfadora entonces en esa circunscripción. En León el PSOE también ha hecho frente mejor de lo esperado a la Unión del Pueblo Leonés (UPL) que, junto a Vox, se perfilaba como la otra alternativa al bipartidismo y que también ha defraudado las expectativas. Los leonesistas se quedan como estaban: con el 20% de los votos y tres escaños, lejos de su aspiración de obtener grupo propio en las Cortes de Valladolid.

Si la guerra de Irán ha tenido algún efecto en las elecciones ha sido el que ya conjeturaban algunos de los analistas de los partidos: concentrar el voto de la izquierda en el PSOE. Eso explica también la mejoría de los socialistas. Como en Aragón, ese espacio a la izquierda del partido de Pedro Sánchez comparecía por separado. El fiasco ha sido total y los condena al extraparlamentarismo. En 2022 la coalición de todos ellos, Unidas Podemos, superó el 5% y se anotó un procurador. Esta vez, el más votado de los dos, la candidatura de En Común, que aglutinaba a Izquierda Unida, Sumar y Verdes, a la que las encuestas otorgaban ciertas posibilidades de arañar un diputado por Valladolid, se ha quedado en poco más del 2%.

El buen comportamiento del PSOE apenas oculta que en la contabilidad entre bloques la victoria de la derecha ha sido arrolladora, hasta superar su techo histórico. Salvo en las primeras elecciones de 1983, la derecha siempre ha dominado en una comunidad de inequívoco carácter conservador. El PP por sí solo superó más de la mitad de los votos en tres ocasiones, hasta situarse en 52,30% en 1995. Hace cuatro años, la suma de PP y Vox rozó el 50%. Ahora se dispara por encima del 54%.

El PSOE solo ha ganado dos veces en las autonómicas de Castilla y León. En los comicios que inauguraron la nueva comunidad autónoma, en 1983, alcanzó un techo al que nunca más ha vuelto a acercarse, con el 44% de los votos. Entonces los socialistas vivían en la euforia de la aplastante mayoría lograda en las elecciones generales de un año antes. El PSOE gobernó cuatro años hasta que en 1987 la aún llamada Alianza Popular, con un joven José María Aznar al frente, se hizo con la presidencia de la Junta. Ya no la volvió a soltar más. Aun así, los socialistas fueron la fuerza más votada en 2019, en las primeras elecciones con Mañueco como cartel de los populares tras la retirada del histórico Juan Vicente Herrera, presidente durante 18 años. Entonces superaron en más de tres puntos al PP, pero el pacto de Mañueco con Ciudadanos frustró sus esperanzas de poner fin al largo mandato popular.

Salvo en las primeras elecciones de 1983, la derecha siempre ha dominado en una comunidad de inequívoco carácter conservador. El PP por sí solo superó más de la mitad de los votos en tres ocasiones, hasta alcanzar el 52,30% en 1995. Por el contrario, la izquierda se sitúa a la par de su peor resultado histórico registrado en 2011, en plena Gran Recesión, que hundió electoralmente al PSOE.

Estas han sido las terceras elecciones autonómicas en el último trimestre, una sucesión de comicios que supone un fenómeno relativamente nuevo en la política española. Hasta bien entrado este siglo, la mayoría de los comicios regionales, salvo los de las comunidades consideradas históricas -Cataluña, Galicia y Euskadi- se celebraban al mismo tiempo, coincidiendo con las municipales. La siguiente estación es Andalucía, con la legislatura a punto de agotarse y que se prevén para junio. Los socialistas afrontarán otra prueba con las encuestas en contra, mientras el PP tratará de mantener la mayoría absoluta para no atarse a Vox.

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