La Joya de Planes, la ‘megaurbanización’ en Alicante que fracasó en 2008 y ahora levanta una ‘influencer’
Un matrimonio noruego compra en el embalse de Beniarrés una finca de 640.000 metros cuadrados, antaño propiedad de la familia de González Pons, para construir un “pueblo autosuficiente” de 500 viviendas


Iba a ser un pelotazo. Un terreno de más de 500.000 metros cuadrados, la idílica orilla de un embalse al norte de la provincia de Alicante, un amable pueblo vecino de 700 habitantes y una empresa con una idea. El proyecto, que echó a andar en 2006, fue bautizado como La Joya de Planes: una gran urbanización que se construiría frente al pantano de Beniarrés, a escasos kilómetros de la localidad de Planes, en una finca en su día propiedad de la familia del eurodiputado del PP Esteban González Pons y que contaría con 435 casas, además de gimnasio, pistas de tenis y restaurante.
Las máquinas entraron a todo trapo en la zona para abrir caminos, que más tarde serían carreteras, y remover tierra. Los municipios vecinos protestaron porque no querían que el entorno del embalse tuviera uso residencial. Y llegó la crisis del ladrillo. La promotora no podía seguir pagando las obras, el Ayuntamiento retiró la concesión y la zona quedó a medio hacer, como tantas otras en 2008. Así estuvo durante 16 años, hasta que en mayo de 2025 una influencer noruega y su marido compraron la enorme parcela para montar un pueblo “autosuficiente” al que han llamado la Aldea Ecológica Moderna.
Belinda Jakobsen, noruega, y Iancu Ilies, rumano, son pareja y los impulsores del proyecto, que en redes sociales promocionan como The MEV (son las siglas de The Modern Eco Village). Las publicaciones, algunas con millones de visualizaciones, empezaron hace dos años, cuando, según cuentan en numerosos mensajes, decidieron que construirían una urbanización y, con ella, una comunidad, una especie de pueblo desde cero, autogestionado y cuyas casas serían “libres de tóxicos”.

Esto se ha traducido en la compra del terreno de 640.000 metros cuadrados ―mayor al proyectado para la Joya de Planes― donde ya están construyendo la primera casa piloto. El objetivo es convertir una de las orillas del embalse de Beniarrés en un complejo residencial de 500 viviendas ―107 villas y 350 casas modulares―, con parques, granjas, polideportivos, restaurantes, cafeterías, comercios, escuela infantil, colegio, centros sociales y hasta ambulatorio. La promesa es que todo será sostenible y contará con placas solares y métodos para reciclar el agua.
En esencia, se vende como un pueblo construido a su gusto, con seguridad privada y dirigido, principalmente, a un público extranjero. Todas sus comunicaciones en redes son en inglés, aunque la web puede consultarse en castellano, inglés, finlandés, noruego, rumano y holandés. Para sacarlo adelante, prometen 150 o más puestos de trabajo, con prioridad para los residentes de la “aldea”, pero también contemplan personal externo.
¿Se puede construir un pueblo desde cero? José Manuel Escobedo es el arquitecto detrás del proyecto y cuenta que el MEV es la reactivación de un PAI, Programa de Actuación Integrada, que quedó a medio construir. Esto es un instrumento de gestión urbanística, muy utilizado en la Comunidad Valenciana, para transformar suelo urbanizable en nuevo asentamiento urbano. “La urbanización anterior se ejecutó aproximadamente en un 20% y, con el paso de los años, el entorno quedó prácticamente abandonado. No obstante, las fincas existían y estaban debidamente catastradas”, señala.
Ahora deben volver sobre el proyecto existente y adaptarlo a la legislación actual. Para llevarlo a cabo, hay que pasar por un proceso urbanístico “largo, complejo y con muchas trabas administrativas”. “La próxima semana se presentará oficialmente al Ayuntamiento y en un plazo aproximado de seis meses pueden obtenerse las condiciones de agente urbanizador y comenzar las obras. La legislación permite que, una vez iniciada la obra civil, se pueda solicitar la simultaneidad con la edificación de las viviendas. En conjunto, todo el proceso puede alargarse alrededor de dos años”, añade Escobedo.
El MEV se va a construir por fases y esperan que la infraestructura y la primera fase finalicen en la primavera de 2027. Solo habrá 15 casas, incluyendo a los fundadores y al gerente del proyecto, detalla Ilies por correo electrónico. Para finales del año que viene, quieren ampliar a 40 viviendas y prevén que la urbanización esté completa para 2030. Tras la crisis, el suelo pasó a manos de un banco y otros dos propietarios privados. “Iniciamos las negociaciones hace casi dos años con estas tres entidades, el acuerdo se firmó hace un año y se ha formalizado ante notario hace poco”, explica.

Jakobsen, antes de enfocar el contenido de sus redes a la ecoaldea, publicaba recetas, consejos sobre el cuidado de plantas y momentos de su día a día. Ilies, su marido, es cofundador y directivo de Pikant Media, una agencia de marketing digital y publicidad registrada en Noruega, según se presenta en LinkedIn y Facebook. El primer vídeo que publicaron sobre el proyecto es de marzo del 2024, y empieza así: “Chicos, está pasando, vamos a construir un pueblo”. Un año después adquirieron los terrenos por valor superior al del mercado. En ninguna parte aparece la sociedad mercantil detrás de la urbanización e Ilies responde que prefieren no revelar el precio de compra. La constructora de las casas es Blues Simon Group, ubicada en el municipio de Altea y especializada en viviendas exclusivas.
¿Cualquiera puede adquirir, por ahora sobre plano, una casa en el MEV? Depende. Para poder acceder a la reserva ―que no compra― de una de las casas, primero hay que hacerse miembro de esta comunidad “holística”. El precio: 10.000 euros. Este desembolso garantiza un hueco en el proyecto y se descontará del precio final de la casa o, en caso de no seguir adelante, se devolverá íntegro, prometen. También ofrece otros beneficios, como que el precio de la vivienda queda congelado al momento en que se paga la reserva o prioridad para escoger puesto de trabajo o montar un negocio.

Una vez se es miembro del MEV, toca escoger la casa. Hay cuatro tipos y los adosados modulares son la opción más barata: de una habitación y 50 metros cuadrados desde 165.375 euros, a cuatro habitaciones en 150 metros cuadrados por 479.588 euros. Se pueden añadir, además, módulos vacíos a placer por 84.000 cada uno. Después están las villas: la estándar, de dos plantas, cuesta 770.000 euros y la más lujosa 1,4 millones. Aun así, en la web está la letra pequeña: “Debido a que aún estamos en las primeras etapas del proyecto, los precios en este momento son más bajos que el valor real de mercado de las casas, pero a medida que avance, se ajustarán naturalmente para reflejar su valor total”.
Por ahora, detalla Jakobsen en uno de los últimos vídeos publicados, han recibido más de 30.000 consultas y ya han pagado la cuota inicial para convertirse en miembros de la MEV más de 100 personas de 27 países diferentes. Se han reservado 25 villas y 38 casas modulares. “Toda la atención que hemos recibido hasta ahora se debe a los vídeos de Belinda en redes, que se viralizaron varias veces y los han visto millones de personas”, cuenta Ilies.
El alcalde de Planes, Javier Sendra (PP), en el cargo desde hace 23 años, visitó los terrenos el pasado septiembre, donde dijo que apoyaba al 100% este proyecto urbanístico: “Es una riqueza para los valores medioambientales que tiene el municipio. Aquí la felicidad está asegurada”. En Planes viven alrededor de 700 personas y, de completarse el proyecto, como mínimo duplicará su población. “Éramos 800 habitantes, cerró una fábrica y estamos en una situación de despoblación. Si este proyecto dinamiza y genera trabajo, es positivo para el municipio”, comenta. Sendra no es un alcalde al uso, también es número dos de la Conselleria de Infraestructuras en el Gobierno autonómico y hombre de confianza del expresidente Carlos Mazón.
Anna Climent vive en Alcoy, a unos 25 kilómetros del embalse, pero es de una de las pedanías de Planes y miembro de la Coordinadora d’Estudis Eòlics del Comtat. Cuenta que en el pueblo no se habla mucho del proyecto del MEV. “Debería ser una conversación habitual. ¿500 chalets en una población que no llega a mil personas?”, se queja por teléfono. Y opina que es “muy fácil” convencer a la población aludiendo al dinero, “porque tienen la sensación de que rural equivale a degradado”. “Si estás socialmente deprimido, interesa poner infraestructuras en un sitio donde no va a haber contestación social”, añade.
En las próximas semanas, avanza el alcalde, organizarán una conferencia con los vecinos para explicar en qué consiste el proyecto. “Tienen que ser respetuosos, crear sendas con el mínimo impacto posible y garantizar la integración paisajística. También mantenerlo, porque no podemos nosotros. Con el presupuesto del Ayuntamiento ya tenemos bastante y no da para una urbanización entera”, comenta. En los terrenos, por ejemplo, hay una masía antigua y Sendra espera poder negociar su rehabilitación. “Nosotros prestaremos los servicios de los que no podemos prescindir, como el agua potable. En cuanto a calles y alumbrado, si pueden mantenerlos, mejor, porque el gasto se nos dispara”.

La zona del embalse forma parte del Paisaje Protegido del río Serpis, que discurre por Valencia y Alicante. Tanto el cauce como el entorno se consideran “espacio singular por sus valores paisajísticos, ecológicos y culturales” y fueron protegidos en 2007. Ese documento también recoge que “los suelos urbanos y urbanizables en el ámbito del Paisaje Protegido podrán mantener sus actuales clasificaciones urbanísticas”.
Para 2007, el terreno del MEV ya se había recalificado. Ocurrió en 2004, cuando la familia de González Pons, cabeza de lista del PP por Valencia en las elecciones ese año, vendió la finca. La propiedad pertenecía a una comunidad de bienes de su madre y otros familiares y se vendió una semana después de que el Ayuntamiento, gobernado por el PP, aprobara la propuesta de urbanizar la zona de la empresa Vicens Ash. El precio fue de 721.214,53 euros y dos días más tarde se corrigió y quedó fijado en 901.518,46 euros. La Joya de Planes coincidía, a excepción de una pequeña parcela, con la finca de la familia Pons. Cuando el proyecto quedó en nada debido a la crisis, el Ayuntamiento se quedó con el aval de 600.000 euros de la empresa constructora. Ahora, la historia ha vuelto a empezar. “¡Bienvenidos a la primera ECOALDEA MODERNA del mundo! Un proyecto que empezó con nosotros y continúa contigo”, exalta la página web del proyecto.
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