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El absentismo sacude las aulas de la universidad

Un informe de la Universitat Autònoma de Barcelona analiza factores personales, institucionales y académicos que explican que un 40% no vaya a clase

Facultad de educación de la UAB, Universitat Autónoma de Barcelona. GIANLUCA BATTISTA

El absentismo en las aulas de la Universidad Autònoma de Barcelona (UAB) se ha convertido en un fenómeno estructural que preocupa tanto a docentes como a responsables académicos. El informe L’absentisme a les aules universitàries de la UAB (2026) sitúa el problema en cifras contundentes: en algunas asignaturas se alcanza hasta un 40% de inasistencia, un dato que evidencia un cambio profundo en la relación entre los estudiantes y la docencia presencial.

El estudio de 160 páginas, analiza el fenómeno desde una perspectiva cuantitativa y cualitativa y concluye que el absentismo ha aumentado en los últimos años, especialmente desde la pandemia de la COVID-19. Una situación que la comunidad universitaria reconoce como un fenómeno “crítico” y preocupante" en su impacto a corto, medio y largo plazo. En términos generales, poco más de la mitad del alumnado afirma asistir a casi todas las clases, mientras que cerca de un cuarto declara una asistencia de entre el 60% y el 80%. Además, aproximadamente uno de cada cuatro estudiantes reconoce que acude solo a la mitad de las sesiones.

Desde la perspectiva del profesorado, la asistencia media en el aula se sitúa en el 60,7%. Solo un 23,5% de los docentes considera que el absentismo es bajo (menos del 20%), mientras que casi la mitad percibe niveles superiores al 40%. Dentro de este grupo, un 16,7% afirma que en sus clases la inasistencia supera el 60%, lo que refleja la magnitud del problema.

En cuanto a las causas, el alumnado identifica como principal motor del absentismo los problemas de salud y familiares, que representan el 32,30%. Las circunstancias personales, como enfermedades físicas o mentales, dificultades emocionales o situaciones familiares complejas, actúan como factores que, en algunos casos, impiden directamente la asistencia. A esto se suma la desmotivación académica (15,63%), que se traduce en razones como “no me apetece ir a clase”, la “falta de motivación” o la tendencia a “priorizar otras actividades”. Mientras el profesorado suele interpretar esta desmotivación como una actitud negativa hacia los estudios, el alumnado la relaciona más con su malestar o con una experiencia poco satisfactoria en el aula.

Otros factores también influyen, aunque con menor peso. Entre ellos se encuentran los factores externos (6,71%), como los problemas de transporte o las condiciones meteorológicas; la autoeficacia académica (6,19%), vinculada a la percepción de no poder superar una asignatura; y los factores sociorelacionales (5,35%), relacionados con el ambiente en clase o la presión del grupo de iguales.

Sin embargo, uno de los elementos más determinantes es la propia experiencia académica. El profesorado y, especialmente, la metodología docente juegan un papel clave. Por un lado, los docentes señalan limitaciones como el formato de las clases, el tamaño de los grupos o las dificultades para aplicar metodologías innovadoras. Por su parte, el alumnado pone el foco en la falta de estructura, la escasa claridad y el exceso de teoría desconectada de la práctica profesional. Esto da lugar a clases poco dinámicas que generan aburrimiento y una desconexión progresiva, que primero se manifiesta como falta de atención y acaba derivando en la ausencia.

A esta situación se suman otros factores institucionales, como la falta de coordinación entre docentes, los horarios rígidos, los tiempos muertos entre clases o los espacios poco adecuados para metodologías activas. La sobrecarga académica también influye, al obligar al alumnado a priorizar unas asignaturas sobre otras. Además, el fácil acceso a materiales fuera del aula como los apuntes, plataformas virtuales o herramientas digitales, reduce la necesidad de asistir presencialmente.

En este contexto, el estudio también señala que ocho de cada diez estudiantes tienen como principal objetivo obtener el título para acceder al mercado laboral. Esta orientación instrumental de los estudios contribuye a una menor implicación y a un aprendizaje más superficial y fragmentado, con consecuencias directas en el rendimiento académico y en el desarrollo de competencias.

En conjunto, el informe de la UAB muestra que el absentismo universitario no puede entenderse como un fenómeno aislado ni atribuible a una única causa, sino como el resultado de la interacción entre factores personales, académicos e institucionales. La elevada cifra de inasistencia, que en algunas asignaturas alcanza el 40%, refleja un cambio profundo en la manera en que el alumnado se relaciona con la universidad y con la presencialidad.

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