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La corona mortuoria de Fortuny yacía entre papeles en el archivo del MNAC

Cinco hojas de laurel, que ciñeron la sien del pintor fallecido en 1874, se han conservado entre documentos de la colección de Ròmul Bosch i Catarineu que guarda el museo catalán

Las hojas de laurel de la corona mortuoria de Fortuny y la carpeta en las que se han conservadoMarc Vidal i Aparicio

Cinco hojas de laurel que coronaron al pintor Marià Fortuny fallecido en Roma el 21 de noviembre de 1874, a los 36 años, han permanecido, en los últimos 92 años entre los documentos del archivo del Museo Nacional de Arte de Catalunya (MNAC); en concreto, entre los vinculados con la colección de arte de Ròmul Bosch i Catarineu. Las hojas secas, pero en perfecto estado de conservación, están en una carpeta de dibujo con una etiqueta en la que se puede leer: “Depòsit R. Bosch Catarineu. Brot de llor de la corona que cenyia la templa de Fortuny en el seu lli de mort” (Depósito R. Bosch Catarineu. Brote de laurel de la corona que ceñía la sien de Fortuny, en su lecho de muerte).

La muerte de Fortuny, uno de los mejores pintores del siglo XIX, conmocionó a toda la comunidad artística. Los momentos que se vivieron tras el fallecimiento los relataron artistas y amigos, que acudieron a Villa Martinori, la residencia romana del pintor, tras conocer la inesperada noticia. Unos los inmortalizaron en sus pinturas y otros los escribieron en su correspondencia y crónicas. Según el pintor José Villegas, al día siguiente de la muerte, el escultor Jerónimo Suñol, “procedió a sacar la mascarilla del cadáver y un molde de la mano derecha”. Bernardo Ferrándiz, que asistió a la autopsia, escribió: “En la casa todos iban y venían como autómatas, llenando con resignada voluntad los deberes de aquellos fúnebres preparativos […] unos dibujaban la forma que había de tener el ataúd; aquellos tejían una corona de laurel para hacer la fotografía del cadáver”. Según Villegas: “A Fortuny le ceñimos en la frente unos palmos de hojas de un laurel del jardín de su finca”.

El día 23 se hizo una fotografía al cadáver, ignorándose su autor. En ella se ve como en la cabeza del pintor fallecido reposa una corona de laurel; desde el cabecero de la cama hasta las almohadas cuelga una sábana con sus iniciales, y otra tela oscura le cubre el cuerpo. La fotografía fue enviada por el pintor Francisco Pradilla a la revista La Ilustración española y americana, que la publicó en su portada del 8 de diciembre de 1874 en un grabado firmado por A. Perea. Tras el entierro, el también pintor Tomás Moragas guardó un mechón de cabello de Fortuny y el laurel que coronó la sien del artista se repartió entre sus compañeros.

La colección de Bosch i Catarineu (1889-1936), donde se han conservado las hojas, ingresó en 1934 en el Museu d’Art de Catalunya (actual MNAC), como depósito de un aval por un préstamo a las empresas textiles que dirigía Bosch. Entre las más de 2.634 obras aparece registrada una fotografía de Fortuny en su lecho de muerte y unas hojas de laurel de la corona con el número 35435. La pieza se describió como: “Fotografía de Fortuny en su cama mortuoria, coronado con laurel. Adjunto con la fotografía una ramita de dicha corona de laurel”.

En la colección Bosch figuraban 126 obras atribuidas a Fortuny, de las que 105 formaban parte del llamado Álbum Fortuny en el que estaban incluidas la fotografía y las hojas de laurel. En 1933 Fortuny Madrazo, hijo del pintor, afirma: “El señor Bosch sumamente amable me enseñó las muchas cosas que tiene de Fortuny; tiene cosas muy buenas y la serie de dibujos que pertenecieron a mi tío Ricardo de Madrazo”; por lo que los dibujos habían pertenecido al cuñado de Fortuny ya que su mujer, Cecilia, era hija de Federico de Madrazo y hermana de Ricardo.

En 1938 el crítico Joan Merlí retiró del museo el álbum para preparar una monografía sobre Fortuny. Al acabar la Guerra Civil se le pierde la pista al álbum y en 1942 se publica la lista de las obras desaparecidas, que incluyen la fotografía y las hojas, y se pide ayuda ciudadana para recuperarlas; una petición que tiene efectos porque, entre 1951 y 1953, ciudadanos anónimos entregan 80 de los dibujos, pero no la fotografía.

La localización de las hojas de laurel permite saber que éstas no salieron nunca del museo. Lo que fue sustraído, y no se recuperó jamás, fue la fotografía de Fortuny y los dibujos y grabados del álbum. Al desaparecer la imagen, las hojas de laurel perdieron la referencia de inventario y quedaron como un documento de archivo, de la colección Bosch i Catarineu.

“Pienso que el hallazgo de las hojas de laurel es muy buena noticia, porque siempre enriquece al personaje”, asegura Emiliano Cano, investigador que ha publicado artículos y ha dirigido un documental sobre la muerte de Fortuny, que asegura no conocer la existencia de más fragmentos de la corona.

Por su parte, Eduard Vallès, jefe de colecciones del MNAC, celebra “que se consulte e investigue, como en este caso y de manera rigurosa, el fondo del archivo, de gran riqueza documental, por cuanto explica no solo una parte de la historia de nuestras colecciones sino también la del propio del país”. Y añade: “Al margen de grandes obras como La Vicaría o La batalla de Tetuán, el MNAC conserva también elementos de otra naturaleza como esta corona de laurel e incluso una paleta de pintor del propio Fortuny”.

En 2007 el área de conservación-restauración del MNAC intervino colocando un acetato para proteger las hojas, pero el laurel siguió entre papeles y documentos, en el limbo de la historia de Fortuny.

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