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Opinión

Absentismo, trabajo y derecho a la salud

La patronal llora por los costes de las bajas pero calla ante su responsabilidad en las enfermedades

El president de la Generalitat, Salvador Illa (d), estrecha la mano al presidente de Foment del Treball, Josep Sánchez Llibre (i), durante la firma del acuerdo de los presupuestos catalanes 2026, en febrero pasado.David Zorrakino (Europa Press)
Belén López Sánchez

La patronal clama contra el absentismo laboral. Con informes recientes, alerta de un coste “insostenible” y reclama medidas urgentes. CCOO denuncia una manipulación interesada de los datos y la peligrosa receta de culpabilizar al trabajador de su enfermedad y privatizar el control de la salud. Queremos desmontar mentiras y poner el foco en la degradación de las condiciones de trabajo y el colapso del sistema sanitario.

La patronal considera “absentismo” cualquier ausencia, incluyendo el ejercicio de derechos fundamentales como el crédito sindical, los permisos por defunción, la maternidad o las vacaciones. Pero la realidad es tozuda: el absentismo sin cobertura legal es anecdótico y se sitúa en torno al 1%. La inmensa mayoría de las horas no trabajadas corresponden a situaciones amparadas por la ley, principalmente la incapacidad temporal prescrita por un médico. Hablar aquí de absentismo es cuestionar el derecho a la salud y al descanso.

La patronal dice que cuando la economía va bien, las bajas suben, insinuando un “abuso” por parte de los trabajadores. La lectura de CCOO es radicalmente opuesta: no es capricho, es presentismo. En tiempos de crisis, el miedo a perder el empleo obliga a miles de personas a ir a trabajar enfermas. La Encuesta de Calidad y Condiciones de Trabajo recoge que el 51,3% de los encuestados acudió a trabajar al menos un día enfermo. Esta asistencia forzada empeora la salud, cronifica patologías y aumenta el riesgo de contagios y accidentes.

Uno de los argumentos estrella es el aumento de la duración y los costes de las bajas. Cabe recordar que estos costes los asumen antes que nadie los trabajadores (los tres primeros días de baja no se suele cobrar prestación). Catalunya es de las comunidades con mayor incidencia de bajas, ciertamente, pero con una duración más corta que la media española. Esto sugiere reincorporaciones sin estar plenamente recuperadas, provocando recaídas. El cuello de botella está en la sanidad pública: a finales de 2025, más de 93.000 personas esperaban visita de traumatología, con una media de espera de 178 días. Culpabilizar al paciente de la ineficiencia del sistema por falta de inversión es cinismo.

La “solución” que propone la patronal es otorgar a las mutuas —asociaciones privadas de empresarios— el poder de dar el alta médica por contingencias comunes. Eso es poner al zorro a vigilar el gallinero. La experiencia demuestra que las mutuas actúan con criterios economicistas, forzando altas prematuras, derivando enfermedades de origen laboral al sistema público y poniendo en riesgo la salud para reducir costes empresariales.

La patronal llora por los costes del absentismo, pero calla ante su responsabilidad en las enfermedades. Las patologías osteomusculares y mentales (causas principales de baja) están directamente relacionadas con la organización del trabajo y el envejecimiento de las plantillas. La inversión en prevención es mínima: solo el 19,86% de las empresas tienen una evaluación ergonómica específica, y solo el 5,55% han evaluado los riesgos psicosociales.

Así las cosas, es grave la deriva del Departament de Salut de la Generalitat. Debe decidir si está del lado de la salud pública o si prefiere actuar como capataz de la patronal, aplicando una medicina que trata al paciente como sospechoso. En CCOO lo tenemos claro: con la salud ni se juega ni se mercadea.

Belén López Sánchez es la secretaria general de CCOO de Catalunya

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