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JUNTS
Opinión

El partido de la irrelevancia

Junts no anda muy atento a ninguna cuestión internacional y se despoja de lo que convirtió a Convergència en partido central en Cataluña y España

Esta semana Junts ha decidido plantar a Pedro Sánchezen la ronda de contactos que el presidente del Gobierno tiene previsto mantener para hablar de la situación en Groenlandia y de un posible envío de tropas de paz a Ucrania si en un futuro próximo se plantea esa necesidad. La página web de Junts dice que la sectorial de Política Internacional del partido defiende el posicionamiento del partido en cuestiones a nivel europeo en lo que respecta a los valores fundamentales de toda sociedad, como la democracia, la justicia social, el respeto de los derechos humanos, de las minorías nacionales y culturales. Eso será la sectorial, porque lo que es el partido, la verdad es que últimamente no anda muy atento a ninguna cuestión “a nivel europeo”. Junts hace tiempo que se olvidó de Ucrania –otrora una nación hermana– y ningún dirigente destacado del partido ha elaborado la más mínima posición sobre las maneras de afrontar la crisis de Groenlandia, cuyo “derecho a decidir”, a Donald Trump, le trae exactamente al pairo.

Paulatinamente, Junts se va despojando de todo lo que convirtió a Convergència en el partido central de la política catalana y en un activo fundamental en la gobernabilidad de España. La renuncia al europeísmo convergente (recuérdese que en su primera reencarnación después del 3% Convergència se llamó Partido Demócrata “Europeo”) es un eslabón más en una secuencia de renuncias difíciles de entender desde fuera. Apuntalando a Felipe González en el Congreso, pactando la investidura de Aznar en el Majestic o asegurando el Estatuto de autonomía con Zapatero en la Moncloa, Convergència siempre defendió mejorar el autogobierno de Cataluña; ahora Junts anuncia una enmienda a la totalidad contra el nuevo modelo de financiación autonómica pactado por Pedro Sánchez con Oriol Junqueras, cuyo objetivo declarado es proporcionar más recursos a Cataluña y su autogobierno.

En 2006 Artur Mas no tuvo reparos en salvar un Estatuto que era obra del Govern tripartito de Pasqual Maragall; preso de su propio maximalismo político, ahora Carles Puigdemont hace ascos a un pacto bueno para Cataluña porque no es su partido quien lo ha negociado.

Una de las renuncias más sorprendentes de Junts concierne a la lengua catalana, cuya defensa ha cedido a sus rivales políticos, empezando por Salvador Illa (a quien por supuesto deseamos una pronta recuperación). El pasado 28 de diciembre, la presidenta del grupo de Junts en el Parlamento de Cataluña, Mònica Sales, declaró orgullosa en una entrevista que en su partido estaban “muy convencidos” de no haber firmado el Pacto Nacional por la Lengua. Un pacto que prevé una dotación millonaria para la promoción del catalán y que si de algo peca es de ambicioso. La fecha de la entrevista podría hacer pensar que Sales (que para más inri es doctora en Filología Catalana) bromeaba, pero va a ser que no: cada vez más, Junts tiene vocación de ser el nuevo PI, el flamante Partido por la Independencia de un olvidado Àngel Colom que terminó siendo el Partido de la Irrelevancia.

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