Cambiar las necesidades por la alegría
La nueva concejala de Comuns en Barcelona, Tània Corrons, apostó en su discurso por la “alegría, buen humor y amor como valores para cambiar el mundo”. Y de pronto recordé la crisis de vivienda, la percepción de inseguridad y las desigualdades sociales entre barrios


No es fácil, os lo aseguro, dar con temas más del día a día y alejarse de la política internacional con la que está cayendo. No tanto porque no los haya, que los hay, como porque por momentos una piensa que quizás también la “política en pequeño” acaba formando parte de ese maremágnum al que parece que hemos entrado de lleno este 2026 y quizás sí empezamos a tomarnos en serio la política. Soy una ingenua. De modo que voy a hacer algo excéntrico, escribir sin mencionar a Trump ni a Hamenei.
Leí que el 7 de enero de este año, Tània Corrons, una economista y política catalana, había tomado posesión como concejala de los Comuns en Barcelona tras la marcha de Janet Sanz, exconcejala de Barcelona en Comú; y quise saber más. Me enteré entonces de que Janet Sanz se iba a trabajar en una “red internacional de metrópolis”, ellos sabrán, pero bien está que se haya ido, y Tània era la siguiente de la lista.
Corrons no tiene un perfil muy conocido, a pesar de que desde hace años está en el ámbito de Comuns y es muy cercana a Ada Colau. No es nueva en la plaza, desde hace tiempo ha trabajado en política municipal, implicándose en el distrito de Sant Martí, entre otras cosas. En su discurso de aceptación del cargo señaló que llegaba en un “momento social y político convulso”, supongo que se refería al contexto internacional. Y añadía que “hacer política, y hacerlo desde los ayuntamientos, es hacerla desde el centro del conflicto”. Me alegré, a mí también me parece que la política municipal puede resolver un gran número de problemas del día a día que tenemos los ciudadanos. Aseguró que lucharía por la ciudadanía de Barcelona con soluciones, frente a la polarización y la antipolítica. Luchar…. ¡Qué sé yo!, pero al menos hasta ahí parecía que todo iba más o menos bien, sin saber yo, os confieso, qué es la antipolítica en la ciudad de Barcelona.
Pero no había acabado su discurso: “Mucha gente me dice que no podemos estar siempre enfadados. Como nos preocupamos tanto por tantas cosas que pasan... Pero la gente está cansada. Debemos reivindicar la alegría como una herramienta política para llegar a la gente, que ya tiene problemas”. Vaya, “la alegría como herramienta política”, y añadió: “Alegría, buen humor y amor como valores para cambiar el mundo”, lo leo en la misma página de los Comuns. Y de pronto recordé a Íñigo Errejón pidiendo “construir el pueblo desde los afectos”, a Irene Montero reivindicando la política de las emociones, a Yolanda Díaz pidiendo a la gente que votara “con cabeza, pero también con corazón”, o a Ada Colau reivindicando que “lo que necesita Europa, urgentemente, es una llamada al afecto, una llamada a la empatía”.
Y de pronto recordé la crisis de vivienda que se está viviendo en Barcelona, la percepción de inseguridad que se tiene en muchos barrios, las más que evidentes desigualdades sociales entre barrios… y sacudí mi cabeza y pensé: “Quita, quita. Alegría, buen humor y amor”, y ya está.
Entre los que proponen resolver la salud mental de los jóvenes que no tienen trabajo ni vivienda con más psicólogos y estos con “alegría”, arreglados vamos. Como para hablar de la lucha de clases, ha quedado la izquierda.
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