Los Pujol en el banquillo
El juicio a la familia del expresidente de la Generalitat representa un fin de época para quienes estaban arriba del escalafón


La fotografía, o la imagen de televisión, que muestra a los hijos de la familia Pujol Ferrusola en el banquillo de los acusados en un juicio por corrupción en la Audiencia Nacional en Madrid es de las que definen un final de época. Los que durante tantos años estuvieron por encima de todo y escapaban a todo control, ya no están ahí arriba.
El pedestal cayó hace bastantes años. Ha pasado ya mucho tiempo desde que Jordi Pujol dejó de ser el político que dominaba la escena catalana. Hubo un momento en el que parecía que aquel fuerte liderazgo podía dar paso a un pujolismo sin Pujol en el que entorno inmediato mantuviera viva la fórmula que le había llevado al poder en 1980. Pero no ha funcionado. El intento ha fracasado por la misma razón por la que ahora la familia Pujol se sienta en el banquillo, la utilización del poder político para hacer negocios particulares.
El gran instrumento político de Pujol, Convergència Democràtica, tuvo que ser disuelto en 2016 a causa de las condenas judiciales recaídas en asuntos de financiación ilegal, singularmente el caso Palau, en el que se mezclaba la financiación irregular del partido con beneficios económicos para los directamente implicados. El protagonista de otro de los escándalos, el caso ITV, fue precisamente uno de los hijos de Pujol, Oriol, que apuntaba como continuador de la obra del padre y en 2012 había sido nombrado secretario general de Convergència. Duró poco en el empeño, del que dimitió en 2014. Fue condenado a dos años y medio de prisión por tráfico de influencias.
La disolución de Convergència dejó un gran vacío de representación en lo que el propio Pujol había definido ya en la década de 1960 como ese “gran espacio central” de la sociedad catalana de carácter socioeconómico, pero también cultural y político. Fue un reconocimiento de culpa política por parte de un partido que ya estaba en shock por la confesión de Pujol de un asunto que afectaba de lleno al contenido moral de su liderazgo: la existencia en el extranjero de una fortuna oculta al fisco. Lo que ahora llega a juicio.
Una similar asunción culpa no se dio en el otro gran escándalo de escándalos de las últimas décadas, que ha sido el del PP del caso Gurtel y las decenas de asuntos por los que han ido a la cárcel numerosos dirigentes que fueron ministros del Gobierno, presidentes de Comunidad, alcaldes y diputados del gran partido de la derecha española. La pregunta se hace inevitable. Si el PP aguantó una tormenta de una magnitud tan manifiestamente superior ¿por qué no lo hizo Convergència en lo que en comparación no son más que unos chaparrones?
En el juicio que acaba de empezar en la Audiencia Nacional aparece ya desde el principio en la defensa de los Pujol la idea de que, a diferencia de lo que ocurrió en Convergència, ahora les será posible aguantar. Incluso si hubiera condena. El argumento es que las acusaciones por hacer negocios a la sombra del poder no son lo importante, en comparación con la gravedad de las tramas ilegales político-policiales creadas en la década pasada por los gobiernos de España dirigidos por el PP para atacar a la familia del político cuyo nombre el nacionalismo identifica con el de Cataluña. Una vieja idea, sí.
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