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En busca de un ecosistema perfecto para fortalecer el tejido empresarial

La comunidad debe buscar sinergias para retener el talento y el capital y que resistirse a la deslocalización no se convierta en una opción personal del emprendedor

Sede del PTC Cartuja en el pabellón de la UE de Sevilla. PACO PUENTES (EL PAÍS)

Si se lanzara la pregunta de qué evoca la imagen de Andalucía, pocos apostarían a que la respuesta inmediata estuviera ligada con el tejido empresarial. El sol y la playa, la cultura, el patrimonio o incluso la alegría de sus habitantes, serían, con toda probabilidad, las primeras asociaciones que se podrían realizar. Y, sin embargo, los datos revelan que la comunidad va consolidando su peso en el mapa corporativo español, donde algunas de sus compañías se han convertido en referentes en determinados sectores, tanto por su éxito como por el hecho de decidir mantener su sede en la comunidad, garantizando que la riqueza que generan redunda en el territorio. Andalucía es la región con más empresas activas, 529.087, solo por detrás de Cataluña (602.706), según los datos del Directorio Central de Empresas del INE, de 2024 (el más reciente). Pero el reto no está tanto en fomentar la creación de empresas -también fue el segundo territorio donde más sociedades se disolvieron (4.540), por detrás de Madrid-, sino en desarrollar un ecosistema que acompañe a los emprendedores en su consolidación y en la construcción de grandes compañías.

“Andalucía necesita empresas grandes porque traccionan el crecimiento, generando un universo de empresas proveedoras a su alrededor; porque son más fuertes ante vaivenes del mercado; porque están más diversificadas y porque pagan mejor al tener que competir con el talento de otras empresas grandes”, resume José Manuel González, presidente CESUR (Asociación de Empresarios del Sur de España), quien además de esas tres razones aporta otra esencial en clave andaluza: “Crean marca y hablan bien de su tierra”.

Con un 95% de pymes y micropymes, la escasa dimensión del tejido empresarial andaluz siempre ha sido considerada como su principal debilidad. “La asignatura pendiente de la economía española, y no digamos de la andaluza, es escalar, ganar en tamaño. Necesitamos campeones regionales”, sostiene José Ignacio Castillo, catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla (US), que reclama una política industrial enfocada en ese sentido, que pase por competir por atraer inversiones de fuera y por ayudar a los empresarios autóctonos a crecer.

Ese selecto club de las empresas milmillonarias va creciendo poco a poco en la comunidad. A las habituales como Bidafarma, Atlantic Cooper, Covirán, Cosentino o Migasa, Dcoop o Deloleo, se han sumado recientemente Cunext, Azvi, Covap o Persán. Aunque sigue predominando el sector primario, y en especial el relacionado con el aceite, se aprecia una diversificación esencial para impulsar el dinamismo empresarial e industrial de la comunidad. “Hay margen para que otro tipo de iniciativas se consoliden, pero para eso se necesita tiempo, más que un cambio de modelo productivo”, señala Antonio Pulido, presidente de la Fundación Cajasol.

Buena parte de las compañías andaluzas que facturan más de mil millones tienen un rasgo común diferenciador. Como Bidafarma, Dcoop o Covap, son cooperativas, una fórmula jurídica instalada en la economía social y en la que los socios intentan repartir de forma más equilibrada, reinvirtiendo los beneficios de la propia empresa. “Son entidades sin ánimo de lucro, pero sin ánimo de pérdidas”, advierte Francisco Rincón, director de la Cátedra de Emprendimiento e Innovación Empresarial en Economía Social de la Universidad Pablo de Olavide. Este modelo organizativo se ha demostrado un ejemplo de éxito empresarial dentro de la comunidad que, sin embargo, no está muy difundido entre quienes quieren empezar a emprender. “Quizás las administraciones deberían darles mayor visibilidad y desmitificar que las empresas de economía social están en ámbitos rurales o con el sector agroalimentario”, abunda Rincón, que cita el ejemplo de Bidafarma o cooperativas de abogados, de arquitectos o de transportes, que, en menor escala, también triunfan en la comunidad.

Otra ventaja del modelo cooperativo es la dificultad que opone a la tentación de la deslocalización para buscar la eficiencia económica. “Es una realidad incontestable que estas empresas priman a la persona, al socio sobre el beneficio económico y favorecen que la riqueza se quede en el territorio”, abunda Rincón. Porque los beneficios fiscales que ofrecen ciertas comunidades autónomas para atraer a otras empresas a su territorio, el dumping fiscal, es uno de los principales obstáculos para consolidar un tejido empresarial competitivo en Andalucía.

“Hay que crear un ecosistema amable que retenga el talento. Hay que conseguir que el capital y el talento estén a gusto, y si tu tierra tiene esos mimbres, pues estupendo y, si no, el capital y el talento se irán de tu tierra con todo el dolor de tu corazón”, señala González. Pero ese ecosistema, en determinados ámbitos, como el tecnológico, todavía no está del todo desarrollado en la comunidad, lo que provoca que, en el caso de muchas start-up andaluzas, mantener su sede en la región sea una decisión que se adopte por convicción personal de sus fundadores. “El reto no es apelar al compromiso emocional de los emprendedores, sino crear las condiciones para que quedarse en Andalucía sea una ventaja competitiva y no una renuncia”, advierte Sam Brocal, CEO de Media Interactiva, una multinacional con sede en Tomares (Sevilla), líder del sector de la tecnología educativa y la transformación digital aplicada a la educación.

Brocal también es uno de los impulsores de Founders Andalucía, el foro que sirve de palanca para empresas tecnológicas, mayoritariamente start-ups, pero no solo, y que ha permitido ensanchar la base social de jóvenes emprendedores andaluces dispuestos a crear empresas. Las 71 compañías que aglutina generan 694 millones de facturación anual, 4.900 empleos directos y ha captado 673 millones de inversión privada. “Andalucía todavía compite en desventaja frente a polos consolidados como Madrid o Barcelona en volumen de operaciones y capital disponible”, abunda Brocal para quien, ese ecosistema que ha de impulsarse para retener el talento debe pasar “no solo por formar emprendedores, sino por acompañarlos en la construcción de empresas grandes y sostenibles con centro de decisión en Andalucía”, una senda en la que la administración debe actuar como facilitador: “simplificando los trámites, acelerando la gestión de ayudas e incentivos y diseñando instrumentos específicos para las fases de crecimiento e internacionalización”.

Aprovechar las oportunidades

Andalucía cuenta con algunas ventajas a la hora de crear ese ambiente propicio para convertirse en polo tractor de empresas: una posición geográfica estratégica, entre Europa, África y Latinoamérica y, como recalca Pulido, haciendo alusión a las características que se asocian a esta comunidad: “una tierra alegre, donde hay buena calidad de vida, posiblemente se vive mejor que otros sitios del mundo”. Hay otras bazas que juegan a nuestro favor como es la dependencia casi estructural del cobre -que se ha convertido en un mineral fundamental para la economía moderna, la descarbonización y el avance de la inteligencia artificial-, lo que, como recalca González, “genera una oportunidad inmensa en todo lo relacionado con la minería”; o la apuesta de Europa en materia de defensa. “Andalucía tiene una ventaja estratégica: tenemos Navantia, Santa Bárbara, la base logística del Ejército en Córdoba (Colce), la Agencia Espacial de Sevilla, el centro de drones de Huelva…, por primera vez en décadas hay una jugada maestra, donde las cartas se muestran, y hay que aprovecharla”, advierte Castillo.

Pero en esa geopolítica industrial es necesario generar “círculos de excelencia”, explica el profesor de la US, “en los que el día a día del sector público funcione”. Lo que pasa por que los servicios públicos y el sistema educativo sean de calidad. Y en esta ecuación, las sinergias con las universidades para la captación del talento son fundamentales. “Si unes universidad, talento y capital es muy probable que puedan tener un desarrollo enorme”, advierte el presidente de CESUR, una afirmación que cualquier de las empresas que forman parte de Founders Andalucía cumple: andaluces formados en universidades públicas de la comunidad, con una idea e inversores que han confiado en ellos.

Sus ejemplos, como otros ya consolidados en el ámbito empresarial, pero también artesanal, del ámbito de la moda, la ciencia y la investigación o la música, son esenciales para convertirse en modelos para las futuras generaciones que les ayuden a constatar que emprender no es algo excepcional y que, sobre todo, es una palanca esencial de desarrollo. “A medida que los casos de éxito se multiplican y se conectan entre sí, el ecosistema gana en madurez y tracción”, constata Brocal.

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