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Begoña Gómez

De los asistentes para cuidar al padre de Rajoy a la boda de la hija de Aznar: Begoña Gómez defiende el papel de su asesora

La esposa del presidente Sánchez envía al juez un informe que compara la actividad de las anteriores mujeres de todos los líderes políticos en La Moncloa

Begoña Gómez (i), junto a Cristina Álvarez (d), en la tribuna de público en el Congreso de los Diputados.Emilio Naranjo (EFE)

La defensa de Begoña Gómez ha presentado un informe pericial, ante el juez Juan Carlos Peinado, en el que explica que no existe una regulación específica sobre qué actividad puede desplegar la esposa del presidente del Gobierno como tampoco está regulada la figura de la asesora y hace una comparación con todas las esposas de todos los presidentes anteriores desde Adolfo Suárez hasta el propio Pedro Sánchez. El documento refleja cómo el expresidente del PP Mariano Rajoy contrató a dos personas para el cuidado de su padre, o cómo una asesora de la esposa de José María Aznar ayudó a organizar la boda de su hija.

La pericial —que firma el catedrático en derecho administrativo de la Universidad Complutense de Madrid Julio Víctor González y a la que ha tenido acceso EL PAÍS— expone que “nuestro ordenamiento jurídico no regula en forma alguna la situación” de las parejas de los presidentes aunque todas ellas “en mayor o menor medida” han desarrollado un papel institucional. En el extranjero, señala, “se espera” que el presidente vaya acompañado de su cónyuge en determinados actos, pero no hay “ninguna norma escrita al respecto”. Y para este “peculiar papel” todas ellas (siempre han sido mujeres) han necesitado “un equipo propio” que las ayude a la organización y logística. Como no hay norma, hay que acudir a la costumbre, expresa el documento que desgrana una a una las asistentes gubernamentales.

En primer lugar, desde 1977 hasta 1982, cuenta el catedrático que no hay mucha información sobre una asistente especializada para la pareja de los presidentes Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo-Sotelo, pero añade, por ejemplo, cómo la esposa del primero, Amparo Illana, realizó actos de beneficencia con el pueblo gitano que incluyeron reuniones o ser madrina de un bautizo “que sin personal de apoyo no hubieran podido desarrollarse”.

A partir de 1982, con la llegada de Felipe González, su esposa, Carmen Romero López, compaginó su actividad institucional con la de profesora de un instituto, miembro de la Comisión Ejecutiva de la Federación de Enseñanza de la UGT durante una década y, posteriormente, diputada del PSOE por Cádiz. En ese tiempo tuvo un equipo de dos personas, además de tener a su disposición al personal de La Moncloa en la parte institucional. Romero “fue así la primera esposa de un presidente”, indica el documento, “que tuvo que compatibilizar su actividad profesional con las obligaciones derivadas del cargo público de su marido”. Lo mismo que le ocurre ahora a Begoña Gómez, procesada por cuatro delitos (tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida y malversación).

La llegada de José María Aznar al palacio presidencial en 1996 supuso un “impulso mayor a la figura del asistente de la esposa del presidente del Gobierno”. Ana Botella dejó de ser funcionaria del Estado y emprendió una “intensa” actividad en actos públicos y privados, creó una fundación (Fundación Integra) y en 2003 se presentó como concejala en las listas del PP en el Ayuntamiento de Madrid. Para ello disponía de personal de apoyo y tuvo, incluso, que contestar a una pregunta parlamentaria en la que reveló que tenía a su disposición a dos personas. La pericial cita una noticia de EL PAÍS en la que se añade que en el equipo, además de dos funcionarias, había una jefa de prensa. El catedrático se apoya en la prensa de la época que relataba “con absoluta naturalidad” las funciones de estas asistentes que estuvieron presentes en los preparativos de la boda de la hija de Ana Botella y Aznar, en un acto privado de un diseñador o en sus viajes.

La esposa de José Luis Rodríguez Zapatero, Sonsoles Espinosa, tuvo una presencia pública “muy reducida” y mantuvo su actividad profesional como cantante. Como ocurrió con Carmen Romero, dice el informe, había una “presión social y mediática para que priorizara su labor institucional no escrita como mujer del presidente”, pero no por ello dejó de desarrollar “su actividad profesional libremente”. Y, como ocurrió con Ana Botella, la hemeroteca devuelve actos privados en los que Espinosa estuvo acompañada de sus asesoras como una serie de conciertos en París en 2007.

Por último, la esposa de Mariano Rajoy a partir de 2012 sí renunció a su trabajo previo y mantuvo “perfil bajo”. No obstante, contó con tres asistentes para ella, además de dos asistentes más “para el cuidado personal del padre de Rajoy”. La contratación de esas dos personas “generó revuelo público”.

El informe relata, por tanto, que el personal de asistencia del cónyuge ha existido siempre desde 1977 y ha desarrollado papeles variados durante la democracia a pesar de que no ha contado nunca “con regulación propia”. No existe, de hecho, una denominación específica de “personal de apoyo” de la esposa del presidente o similar así que “la extensión e intensidad de estos cometidos [de la asistente] dependen esencialmente de la personalidad y los deseos del presidente del Gobierno y de su cónyuge”. De esta manera, la defensa de Begoña Gómez pretende demostrar que el delito de malversación que se le imputa no tiene razón de ser porque la actividad que su asistente realizó con correos y actos por su cátedra en la Universidad Complutense de Madrid no dista de lo que ya habían realizado otras antes.

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