Ir al contenido
_
_
_
_

La caída de Orbán deja huérfano a Abascal de su padrino político, ideológico y financiero

La derrota del primer ministro húngaro reabre el debate interno por el plantón de Vox a la italiana Meloni

Santiago Abascal con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, el pasado 21 de marzo en Budapest. VOX (VOX)

Aunque ha reconocido que “no es una buena noticia”, el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, se ha esforzado este lunes por minimizar los efectos para su partido de la debacle del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, en las elecciones del domingo. Garriga ha asegurado que las alianzas internacionales de su partido “no dependen de resultados” electorales, sino que se basan en convicciones, y ha añadido que siguen siendo igual de sólidos y fuertes los lazos con la italiana Giorgia Meloni, la francesa Marine Le Pen o el húngaro Orbán.

Sin embargo, aunque comparten afinidades ideológicas e incluso amistad, la relación de Santiago Abascal con la primera ministra italiana no es comparable a su alineamiento con el líder de Fidesz, al que dio su apoyo en un mitin preelectoral en Budapest el pasado 23 de marzo. Los eurodiputados de Vox dejaron plantada a Meloni al inicio de la actual legislatura para marcharse al nuevo grupo político promovido por Orbán en el Parlamento Europeo, los llamados Patriotas, del que forman parte Le Pen y el italiano Matteo Salvini, socio de gobierno pero también rival de la mandataria italiana.

Para los disidentes de Vox, la caída de Orbán reabre el debate sobre por qué Abascal abandonó el Grupo de los Conservadores y Reformistas (ECR), del que formó parte durante su primera legislatura europea (2019-24) junto a los ultracatólicos polacos de Ley y Justicia o los Hermanos de Italia de Meloni, para pasarse a un grupo en el que conviven defensores franceses del aborto con secesionistas flamencos y húngaros e italianos próximos a Putin. El exportavoz del partido ultra en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, recordaba este lunes que esa decisión nunca fue explicada ―Abascal adujo que se trataba de formar un gran grupo ultra en la Eurocámara, pero este jamás cuajó― y la esgrimió como uno de los motivos para reclamar la celebración de un congreso extraordinario de su formación.

Lo cierto es que, con la derrota de Orbán, Abascal no solo ha perdido un referente ideológico sino también un padrino político y financiero. Con su cierre de fronteras y su negativa de plano a aceptar el reparto de refugiados durante la gran crisis migratoria de 2015, Orbán se convirtió en el adelantado de los gobernantes populistas que, como Donald Trump, han enarbolado el rechazo a los inmigrantes como bandera política. Además, dirigentes de Vox han acudido a Budapest a centros como el Mathias Corvinus Collegium (MCC), donde se forma la intelligentsia del Fidesz, cuyo think tank, el Centro de Derechos Fundamentales (CFR), ha instalado en Madrid su primera sede internacional después de la de Bruselas.

Más importante es su respaldo económico. Vox recurrió a un banco vinculado al todavía primer ministro húngaro, el Magiar Bankholding (MBH), para financiar con 6,7 y 7 millones de euros sus campañas a las elecciones generales de 2023 y europeas de 2024, respectivamente. No era la primera vez que esta entidad financia una campaña electoral en el extranjero: en 2022 prestó 10,6 millones a Marine Le Pen para su campaña al Elíseo

A pesar de que Hungría es solo un poco más grande que Andalucía (93.000 kilómetros cuadrados y 9,5 millones de habitantes), Orbán era el único jefe de Gobierno de Patriots hasta que en diciembre pasado se convirtió en primer ministro el checo Andrej Babis. El uso de los recursos del Estado y su estrecha relación con el presidente Donald Trump convertían al mandatario húngaro en el hombre fuerte del principal grupo de ultraderecha de la Eurocámara, aunque los jefes formales del mismo fueran el francés Jordan Bardella, de la bancada parlamentaria, y el español Santiago Abascal, del partido europeo.

Aunque las encuestas ya vaticinaban la victoria del opositor Péter Magyar, la dimensión de la derrota de Orbán ―15 puntos de diferencia, agigantados por el sistema electoral instaurado por el Fidesz para precisamente dificultar su desalojo del poder― han caído como un mazado entre sus socios. Patriots difundió el pasado sábado, víspera de las elecciones, un comunicado en el que alertaba de la supuesta “presión externa sobre el proceso electoral en Hungría” y denunciaba un presunto “chantaje” al electorado. Todavía este lunes hablaba de las “preocupantes interferencias políticas de la Comisión Europea”, pero el rápido reconocimiento de su derrota por parte de Orbán despejó cualquier tentación de cuestionar la legitimidad de los resultados.

Tras asegurar que la “brutal campaña” de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y las “amenazas veladas de expulsión de Hungría de la UE han tenido consecuencias” en las urnas, Garriga subrayaba que su partido no ha cuestionado “en ningún momento el resultado electoral en Hungría”. Al revés, añadía, la victoria de un opositor, aunque fuera salido de las filas del partido de Orbán, demuestra a su juicio la fortaleza del Estado de Derecho húngaro, “frente a aquellos que lo han querido cuestionar”. Es el mismo argumento esgrimido en las redes sociales por la líder de la ultraderecha francesa, Marine Le Pen.

La caída de Orbán deja huérfano a Vox, que podría buscar un acercamiento a Meloni ―que apuesta por el atlantismo frente a la posición prorrusa de Orbán y busca influir en las políticas europeas en vez de torpedearlas― o esperar a que Le Pen conquiste el poder en las presidenciales francesas de 2027. De momento, Vox reafirma sus alianzas fuera de Europa: entre otros, con el israelí Benjamín Netanyahu y con el estadounidense Donald Trump, aunque la presencia del vicepresidente J. D. Vance en Budapest en la recta final de la campaña no parezca haber beneficiado a Orbán. Al contrario que el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, quien ha salido en defensa del Papa, el secretario general de Vox ha evitado criticar los furibundos ataques de Trump contra León XIV, a pesar de que Garriga concluye habitualmente sus discursos políticos con invocaciones a Dios y muchos votantes de su partido esperan la visita a España del Pontífice en junio próximo. “De las declaraciones que pueda hacer un presidente sobre el Santo Padre o el secretario general de la ONU no voy a hacer ninguna valoración”, se ha excusado.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_