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juicio mascarillas

Dos empresarias confirman que compraron un chalé como contraprestación a Ábalos: “El ministro quería una casa”

Carmen Pano reitera en la tercera sesión del juicio que llevó 90.000 euros a la sede del PSOE en la calle Ferraz de Madrid

03:05
Carmen Pano en la tercera jornada del juicio
Carmen Pano, a su llegada este jueves al Tribunal Supremo. Foto: Alejandro Martínez Vélez (Europa Press) | Vídeo: epv

El ecosistema del llamado caso Koldo podría tener gracia si no escondiera un drama. La realidad de que en la gestión pública, después de 50 años, decenas de condenados y una moción de censura contra la corrupción, sigue habiendo hueco para los corruptos de baja estofa. La tercera sesión del juicio por el amaño de contratos de mascarillas durante la etapa de José Luis Ábalos en el Ministerio de Transportes lo ha vuelto a poner de manifiesto. Por el Salón de Plenos del Tribunal Supremo han desfilado este jueves, entre otros, una empresaria que asegura que llevó 90.000 euros en efectivo a la sede del PSOE en Ferraz por orden de Víctor de Aldama; la hija de esta, también empresaria, que era la administradora de una empresa de la que admite que no sabía casi nada pero que compró una casa para que la disfrutara el exministro de Transportes; y una mujer a la que su jefe le pidió en dos ocasiones que entregara 10.000 dólares en efectivo a un hombre al que no conocía (el hermano de Koldo García) y obedeció sin preguntar ni preguntarse si aquello era normal.

Tras dos sesiones centradas en los enchufes en empresas públicas de dos mujeres vinculadas al exministro de Transportes, la jornada de este jueves ha girado en torno a otros de los puntales del caso: las contraprestaciones en metálico o en especie que, según la Fiscalía Anticorrupción, recibieron Ábalos y Koldo García por los favores que les hacían a las empresas de la trama. Las dos testigos estrellas para los iniciados en la trama corrupta y sus múltiples ramales eran desde el principio Carmen Pano y Leonor González Pano. Madre e hija. Dos de esos personajes secundarios que un día debutaron en el serial del caso Koldo y ahora son candidatos a protagonizar su propio spin off.

Las dos están acostumbradas a declarar en sede judicial porque están imputadas en el fraude en el IVA de los hidrocarburos que se investiga en la Audiencia Nacional y porque han acudido varias veces como testigos en las causas en torno a la corrupción en el Ministerio de Transportes. Al principio se ha percibido que les causaba respeto verse ante los siete magistrados del Supremo en el imponente Salón de Plenos, y miraban de reojo a sus abogados antes de contestar cualquier pregunta, incluso las preceptivas que formula el presidente, Andrés Martínez Arrieta, sobre si están imputados en otra causa. Pero a medida que avanzaba su declaración han ido soltándose, han dejado de pedir permiso a sus letrados y, en el caso de la madre, hasta ha mostrado cierta desesperación cuando el abogado de Koldo García, que se ha estrenado en el juicio con este interrogatorio, ha preguntado algunas cuestiones que ya se habían explicado previamente.

El episodio que dio a conocer a Pano, la supuesta entrega de 90.000 euros en la sede nacional del PSOE, no está en principio incluido entre los que se juzgan en este caso, por lo que el fiscal Anticorrupción, Alejandro Luzón, no le ha preguntado por eso y ha centrado su interrogatorio en los dos asuntos que sí recoge su escrito de acusación y que incumben a la empresaria y su hija: una reunión en el Ministerio de Industria sobre la licencia de operadora de hidrocarburos que perseguía Claudio Rivas, socio de Aldama; y la compra de un chalé en La Línea de la Concepción (Cádiz) para que lo disfrutaran Ábalos y su familia.

González Pano ha contado que fue ella quien presentó a Aldama y Rivas. El primero fue su pareja hace muchos años, pero después siguieron manteniendo una relación “casi de familia”, ha explicado la testigo al tribunal con tono y sonrisa ingenua, la que ha mantenido casi invariable durante toda la declaración mientras movía entre sus dedos un pequeño rosario de bolsillo. A Rivas lo conocía de otros negocios y cuando su madre les comentó un día que quería obtener una licencia de operador de hidrocarburos para su empresa Villafuel pero todos los contactos que tocaba le salían mal, ella le sugirió que hablara con Aldama. “Rivas se quejaba de que había gastado dinero en contactos que no habían hecho lo que él quería. Y Víctor tenía buenos contactos, siempre los ha tenido”, ha afirmado la mujer. Los dos empresarios se conocieron y, unos meses después, Aldama les anuncia que les ha conseguido una reunión en el Ministerio de Industria para hablar de la licencia de hidrocarburos.

La madre ha confirmado que ese encuentro se produjo el 28 de diciembre de 2020 y fueron ella, Rivas y dos técnicos llegados desde Córdoba. En el ministerio les recibió Koldo García, que les llevó a una sala donde se reunieron con Juan Ignacio Díaz Bidart, jefe de gabinete de la entonces ministra, Reyes Maroto. Rivas salió “encantado”, pero la licencia no llegaba. Y un día, Aldama les comentó: “El ministro quiere una casa”. Y aquí entra en juego el chalé de la costa de Cádiz.

La vivienda la compró Have Got Time, la empresa de la que González Pano era administradora, pero ella y su madre han coincidido en que quien controlaba realmente esa sociedad era Rivas. La hija ha admitido que el empresario le dijo que quería comprar esa casa como inversión, aunque luego se enteró de que se usó para contentar a Ábalos. González Pano, más comedida que su madre, ha asegurado que escuchó eso, pero que ella no sabía nada. Su progenitora, más elocuente, no lo ha dudado a preguntas del fiscal.

―La compra por parte de Have Got Time de la casa tenía como finalidad ser una contraprestación de Rivas a Ábalos?

―Sí

―¿Para conseguir la operadora?

―Si, así se nos trasladó.

La empresa y Ábalos firmaron en julio de 2021 un contrato de alquiler con opción a compra. Madre e hija han explicado que Ábalos pagó dos meses de fianza y la mensualidad de agosto. Pero dejó de ser ministro y dejó de pagar. Las empresarias han admitido que su jefe se llevó un disgusto cuando destituyeron al ministro y era Aldama quien llamaba a la calma. Pero pasaron los meses, la licencia de hidrocarburos seguía sin llegar y Rivas ordenó desahuciar a Ábalos de la vivienda y apartar a Aldama de las negociaciones para obtener la autorización para Villafuel, que finalmente se obtuvo más de un año después.

El abogado de Aldama ha pretendido vincular con la obtención de la licencia las entregas de dinero en efectivo del empresario que también han relatado Pano y su hija, aunque estas no lo han confirmado. La madre ha contado, como ya hecho en sus anteriores declaraciones, que llevó 90.000 euros en efectivo a Ferraz en dos entregas de 45.000, aunque, como hasta ahora, no ha sabido detallar a quién se las dio. A Alguien que le esperaba al salir del ascensor en la segunda planta, que fue a donde, según ha contado, le indicaron que se dirigiera tras identificarse en el control de entrada de Ferraz.

La operativa para entregar el dinero fue similar en las dos ocasiones: Rivas le pidió que le llevara a Aldama 45.000 euros; una vez lo sacó Pano de sus cuentas y la otra se los entregó en su casa un tal Lolo, amigo de Rivas; la empresaria llevó el dinero al despacho de Aldama, pero este le dijo que los entregara ella directamente en la sede del PSOE porque él no tenía tiempo. Y así asegura que lo hizo. La primera vez fue a Ferraz en taxi; la segunda, en el coche de Álvaro Gallego, un pensionista que también ha declarado este jueves y que asegura que vio fajos de billetes de 50 euros en una bolsa de plástico transparente metida dentro de otra marrón de cartón.

El PSOE ha insistido este jueves en que su dinero en efectivo sale de sus cuentas corrientes y que es un partido “limpio”. “No descubrimos nada nuevo”, ha comentado la portavoz de la Ejecutiva del PSOE, Montse Mínguez, en declaraciones a los medios en el Congreso, subrayando que de estas acusaciones se viene hablando desde “hace más de un año”.

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