Entre la lealtad y la rebelión: la militancia de Vox debate el futuro del partido
Exdirigentes y cargos activos desafían a la dirección reuniendo en dos días 1.647 firmas para un congreso extraordinario


Vox consiguió ilusionar hace seis años a Manolo Redondo que, hasta entonces, solo había votado un par de veces porque la política le importaba más bien poco. A sus 63 años, este pintor que vive en Castellón conectó con el discurso del partido sobre el feminismo —“el que hay ahora no le gusta”— y también con sus posiciones sobre inmigración. Desde entonces, paga religiosamente sus 15 euros al mes para mantener su carnet de afiliado, aunque en el último año su fe ciega en la formación se ha tambaleado. Redondo asegura que la gota que colmó el vaso fue la purga de dirigentes del partido, como la expulsión de Javier Ortega Smith, aún portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid porque se niega a acatarla. El pintor asegura que va a firmar la petición que el miércoles lanzó un grupo de exdirigentes para pedir la celebración de un congreso extraordinario de Vox, sin embargo, otros afiliados siguen siendo leales a Abascal y rechazan esta vía. Enmanuel Ramírez, un estudiante de máster en Marketing Online Político, de 40 años, no está de acuerdo en que se celebre otro congreso “porque un dirigente tenga una pataleta”.
El rechazo absoluto de la dirección a la convocatoria ha exacerbado la crisis interna del partido ultra. Su militancia se debate entre cerrar filas con Abascal, las dudas de que un congreso extraordinario pueda acallar a los disidentes o apostar por un cambio de rumbo en Vox. El desafío lanzado por los disidentes, encabezados por el exportavoz de los ultras en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, una decena de exdiputados y algunos cargos aún en activo, como Javier Ortega Smith, no tiene precedentes.
Para que se celebre el primer congreso extraordinario de la historia de Vox, los estatutos dicen que tiene que haber una petición escrita de “al menos el 20% de los afiliados de pleno derecho”; que son aquellos con más de nueve meses de antigüedad y al corriente de sus cuotas. Las últimas cuentas de Vox, publicadas en 2024, cifraban el total de afiliados de Vox en 65.615, pero reconocían que menos de la mitad pagaba sus cuotas. Por ahora, la iniciativa ha recogido 1.647 firmas, según muestra su página web.

Redondo, el pintor de Castellón, apoya la petición, pero no ve solución a la guerra interna que se está librando: “Es como si Vox tuviera un único dueño. Los que mandan ahí y están destrozando el partido son Ignacio Garriga y Santiago Abascal”, sostiene en referencia al secretario general y al presidente del partido. El manifiesto de los exdirigentes menciona precisamente que “pensar, discrepar o evaluar se ha convertido en un problema”. Al leerlo, Ramírez, el estudiante de máster, pide que Espinosa de los Monteros sea expulsado del partido.
El hombre de 40 años, que lleva seis afiliado a Vox y respalda sin fisuras el liderazgo de Abascal, asegura que si sale adelante el congreso extraordinario “vamos a dar cabida a que cada vez que un diputado le dé la gana pueda convocar uno para ver si gana a Abascal”. Ramírez dirige una comunidad de afiliados de Vox en la red social X. Cada lunes, miércoles y viernes se reúnen en un vídeo en directo de la red social para debatir sobre temas de actualidad que afectan al partido. La propuesta de los disidentes ha sido ampliamente debatida y la conclusión de los afiliados que participan, según cuenta Ramírez, es que les parece “gracioso” que “Espinosa de los Monteros no tenga apoyos”.
“No es que haya un líder supremo en Vox y no se pueda tocar”, dice en referencia a Abascal, “por supuesto que se puede tocar”, pero no ve la necesidad de adelantar un congreso cuya celebración está prevista en dos años. Aún así admite que hay voces discordantes dentro del partido, pero él considera que no son la mayoría. Los afiliados tienen la vista puesta en las elecciones andaluzas que tendrán lugar entre mayo y junio de este año. Ramírez no cree que las disputas internas puedan ser un lastre para el partido en las urnas porque “el electorado andaluz es el más fiel de todos”.
Sin embargo, algunos afiliados sí admiten la preocupación de que la tensión y las purgas internas pasen factura en las urnas. Ortega Smith no ha sido el único dirigente del que Vox ha querido librarse en las últimas semanas. José Ángel Antelo, hasta ahora al frente de Vox en Murcia, no esperaba que la dirección nacional ordenara su relevo. Esa decisión también sorprendió a Abraham López que cursa el último curso de Derecho en Murcia y es afiliado de Vox desde hace un año. Optó por este partido porque es “el único que puede cambiar el rumbo de España” y para “quitar la leyenda negra que hay sobre él”.

El joven de 21 años piensa que la gente les vota por su ideología, independientemente de Abascal. “Si cambiara su discurso y fuera distinto, muchísimas personas se irían de Vox porque se sentirían traicionados”. Por eso cree que en la formación ultra “ninguna persona es indispensable”. López considera a Abascal una figura “muy potente” en estos momentos, aunque admite que “podría aparecer alguien que lo supere”, si bien, por ahora, no cree que eso haya ocurrido. La petición de un congreso extraordinario le genera dudas: si sirviese para terminar con las luchas internas sí le parecería una medida beneficiosa, pero tiene miedo de que “las personas que tienen una ideología distinta dentro del partido tomen fuerza y al final en cada lugar de España haya un discurso distinto”. Los posibles escenarios que abriría su celebración convierten la decisión, a su juicio, en algo muy difícil: “No podría darte ahora mismo una respuesta clara, es un asunto que se tiene que analizar en profundidad”.
Fuentes de Vox en el Congreso niegan que la situación se les esté “descontrolando” y restan importancia al manifiesto, al considerar que sus impulsores son las mismas voces críticas de siempre. Subrayan, además, que “a Santiago Abascal le ha votado afiliado a afiliado” y reivindican que Vox “es el único partido con el principio de un afiliado, un voto”. En cuanto a los disidentes, sostienen que su objetivo es “desestabilizar y meter follón” y señalan a Génova como origen de la estrategia, al considerar que “encaja perfectamente con sus intereses”.
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