Mayor Oreja resucita la conspiración del 11-M con sospechas sobre ETA y el “estado profundo” francés
El exministro del Interior presentará junto a Aznar este miércoles, aniversario de la matanza, un libro en el que afirma que “queda mucho por decir” sobre los atentados


Jaime Mayor Oreja, ex ministro del Interior con el PP, resucita la teoría de la conspiración sobre el 11-M en su libro Una verdad incómoda. Testimonio de una época: contra el silencio y la mentira (Espasa, 2026), que presentará este miércoles en Madrid junto a José María Aznar, coincidiendo con el vigésimo segundo aniversario de la matanza. En el libro, un repaso a su larga carrera política, el ex presidente del PP vasco afirma que ETA “al menos” conocía que se iban a cometer los atentados y sugiere la posible implicación del “estado profundo” de Francia, una “red paralela” —escribe— de servicios secretos no oficiales integrados en la masonería. Las sospechas —no acusaciones directas contra nadie— son difundidas sin pruebas en las que apoyarse.
A pesar de que la justicia culpó a una célula islamista, Mayor Oreja (San Sebastián, 74 años) cree que calificar el 11-M como atentado “islamista” es “insuficiente”. El que fue ministro del Interior de 1996 a 2001 afirma que aquel mismo día de los ataques pensó que había sido ETA por “sentido común”, “experiencia” e “historia”. Así se lo trasladó, expone, a la entonces ministra de Exteriores, Ana Palacio. “La banda llevaba varias semanas sin actuar, lo que cuando menos resultaba sospechoso”, señala Mayor Oreja, que afirma que el entonces titular de Interior, Ángel Acebes, “nunca mintió”.

El tiempo, pese a las sentencias en contra, ha reafirmado a Mayor Oreja en la tesis de que ETA tuvo algún papel. Uno de los motivos es que, “visto con perspectiva”, es “incomprensible” que la organización no actuara antes de las elecciones de 2004, cuando sí lo hizo para favorecer al PSOE —a su juicio— en las de 2008 y 2011. En las primeras, escribe, influyó a favor del PSOE en las urnas con el asesinato del concejal socialista en Mondragón (Gipuzkoa) Isaías Carrasco dos días antes de los comicios. El atentado “proporcionó 350.000 votos” a José Luis Rodríguez Zapatero, según le explicó el sociólogo Pedro Arriola, cuenta. También cree que ETA intentó favorecer al candidato del PSOE en 2011, Alfredo Pérez Rubalcaba, cuando anunció el cese de la violencia un mes antes de las urnas, si bien “la estratagema” fracasó porque ganó Mariano Rajoy con mayoría absoluta.
Mayor Oreja expone: “Me he preguntado siempre por el extraño —por inusual— silencio de ETA en 2004, fecha en la que Aznar abandonó el Gobierno, y en cuya segunda legislatura se ilegalizó HB. La lógica es aplastante: no necesitaba matar porque otros estaban preparando un trágico atentado que [...] rompió la historia de España”. Esa ruptura empieza con la derrota en 2004 de Rajoy en unas elecciones influidas por el atentado que deberían haberse suspendido, según Mayor Oreja. Para el que también fue jefe del PP en la Eurocámara, “a raíz del 11-M” la izquierda optó por ETA como “aliado real”, con lo que la banda terrorista se transformó en el “principal apoyo de José Luis Rodríguez Zapatero, primero, y de Pedro Sánchez, después”, impulsando junto al independentismo catalán un “proceso” que —afirma— ya nunca se ha detenido y que pone en riesgo la continuidad de la nación y la democracia españolas.
“Al menos, como digo, estoy convencido de que [ETA] conocía el proyecto del atentado, pero su grado de conocimiento y participación siguen siendo desconocidos. Lo cierto es que casi nadie se atreve a decir nada más”, escribe. En realidad, el que fue su partido —Mayor Oreja se dio de baja del PP en 2020— sí se ha atrevido a decir bastante sobre el tema, alentando durante años una teoría impulsada por medios como El Mundo según la cual ETA había tenido implicación. El propio Aznar, del que Mayor es amigo y compañero en el patronato de FAES, dio alas a esta teoría al afirmar en 2007 en la comisión sobre los atentados en el Congreso que sus “responsables” no están “ni en desiertos remotos ni en montañas lejanas”.

La presentación del libro de Mayor Oreja se produce con Aznar de nuevo bajo los focos por los 30 años desde su victoria electoral de marzo de 1996 y porque el “no a la guerra” de Sánchez sobre Irán es presentado por el Gobierno como un contraste con el apoyo del Ejecutivo del PP a la invasión de Irak por parte de EE UU en 2003, cuando George W. Bush justificó el ataque por unas armas de destrucción masiva que nunca aparecieron.
‘Deep state’ y masonería
Las sospechas de Mayor Oreja sobre elementos franceses se apoyan en una conversación mantenida en 2005 en un restaurante de Zahara de los Atunes (Cádiz) con Driss Basri, que había sido ministro del Interior de Marruecos. Según cuenta el presidente de la organización católica NEOS, Basri —fallecido en 2007— le dijo: “Supongo que no tendrás dudas de que el atentado del 11-M fue obra de un servicio secreto. La lógica es que fueran nuestros servicios secretos marroquíes, pero como los he reclutado y escogido yo, quiero decirte que son incapaces de organizar un atentado tan complejo y difícil [...]. Mirad hacia los servicios secretos de otro país vecino”.
Entonces, cuenta, se acordó de una reunión que mantuvo en Madrid en 1996, cuando era ministro del Interior, con su homólogo francés, Jean-Louis Debré, fallecido el año pasado. Este, cuenta Mayor Oreja, le dio el nombre de un asesor de Interior en la etapa socialista en España, información que lo puso sobre la pista de la existencia en Francia de “una red paralela, un servicio secreto no oficial, una especie de deep state, o ‘estado profundo’, dirigido por Charles Pasqua, antiguo ministro de los Gobiernos de Jacques Chirac y Édouard Ballador”. En dicha “red”, que según supo Mayor Oreja por otras “fuentes” era capaz de influir sobre el presidente Chirac en temas de terrorismo incluso contra el criterio de su ministro del Interior, había también policías y jueces, explica en el libro.
“Posteriormente, pude saber que aquella red paralela formaba parte de la francmasonería”, añade Mayor Oreja, que no llega a hacer acusaciones concretas contra nadie, ni en Francia ni en España. Eso sí, de su relato se desprende que tiene sospechas y deja claro que no cree que aún se sepa toda la verdad. De hecho, cuenta, tras el 11-M envió información sobre todo ello a un periodista de El Mundo. “Quizás, esa información podía ayudar a esclarecer aquel terrible atentado [...] que a día de hoy no ha sido suficientemente explicado. En mi opinión, todavía queda mucho por decir sobre ese asunto”, dice. En 2024, en una entrevista en un canal de YouTube, Mayor Oreja ya había afirmado que el 11-M era un atentado “mucho más propio de un servicio secreto” que del islamismo. “Me quedo ahí, no llego a más”, señaló. En el libro sí llega a más.
EL PAÍS intentó este martes a través de varias vías hablar con Mayor Oreja sobre sus sospechas en torno al 11-M, entre otros aspectos del libro, sin resultado.
Cooperación de PP y Vox
Mayor Oreja explica que su salida de la primera línea política se produjo en 2014 porque el Gobierno de su partido, liderado por Rajoy, no estaba “denunciando” el “proceso” que “Zapatero y ETA iniciaron en 2004”. El autor de Una verdad incómoda afirma que desde entonces ha declinado ofertas para regresar, como cuando en 2019 Pablo Casado, entonces presidente del PP, le propuso ser candidato a la alcaldía de Madrid, o cuando al año siguiente Santiago Abascal, líder de Vox, lo sondeó para encabezar su moción de censura contra Sánchez.
Aunque no prevé un regreso a cargos públicos, Mayor Oreja sí deja claro que tiene un fuerte interés en la política actual. Y se posiciona sobre múltiples asuntos. Crítico con Rajoy y con lo que llama “el PP vasco pop”, cita como referentes de su agrado en activo a la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, y a la portavoz adjunta del PP en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo.

El exministro pide cooperación entre el PP y Vox. La necesidad de ese entendimiento se justifica en su negro diagnóstico sobre España, país en el que muchos, dice, se han creído “la mentira de la derrota de ETA” y cuya democracia “no subsistiría” a otra legislatura completa del “frente popular”.
De la “placidez” a las “protestas”
El exministro se refiere también a las críticas de quienes le han reprochado su negativa a condenar la dictadura. “No he querido hablar del pasado como un arma arrojadiza”, se defiende Mayor Oreja, que incide en una visión acrítica del régimen de Franco en varios pasajes, como uno en el que dice que “el cura, el alcalde franquista y el guardia civil formaban parte del paisaje vasco”. “Vivían pacífica y tranquilamente con los demás vecinos [...]. No había ningún sentimiento de opresión”, añade.
“El ambiente de paz y de concordia” fue reemplazado a finales de los 60 por “los desórdenes y las protestas”, lamenta. Por ejemplo, dice, la Parte Vieja de San Sebastián, “antes plácida, familiar y jovial, se transformó en un lugar de disturbios”. La principal responsable de ello para Mayor Oreja es ETA, que su juicio es un producto “de la secularización, de la pérdida de fe”. Es uno de los motivos por los que ahora, como presidente de NEOS, se empeña en la defensa de los valores cristianos. “ETA existe, ETA no es el pasado, es el presente y el futuro”, afirmaba este lunes en una entrevista en un canal de YouTube, en plena promoción de su libro.
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