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La España vacía que se abrió paso a codazos hasta llegar al Papa

El alcalde de Jabaloyas, un pequeño pueblo de Teruel, viajó al Vaticano para pedir el rescate de su iglesia que amenaza con caerse

Óscar Castillo, alcalde de Jabaloyas, en el interior dela iglesia del s xv.Álvaro García

Un día el alcalde se cansó. Se cansó de llamar al Gobierno de Aragón, de escribir al Ministerio, de insistir ante el obispado y de organizar colectas entre los 55 vecinos de Jabaloyas para tratar de salvar su iglesia. Había reparado el reloj y hasta había comprado de su bolsillo unas las luces para que el maltrecho campanario se viera bonito desde cualquier punto pero no había respuesta para los pilares fracturados y las grietas en la piedra. Así que un día de enero se cansó de tocar puertas, metió sus cosas en una bolsa y se plantó en el Vaticano para ver al Papa.

Aquel día en el Vaticano se celebraba una audiencia pública y delante de él había un mar de fieles: curas de medio mundo, familias numerosas, beatas entusiasmadas, jóvenes recién ordenados y devotos turistas debidamente acreditados. Entonces el alcalde, de boina y corbata, se fue abriendo paso a codazos hasta que llegó frente a él.

—Santidad, soy el alcalde de Jabaloyas, en Teruel.

—Ah, de Teruel —respondió el Papa León XIV.

Hasta ese día, solo los Reyes, los ministros Félix Bolaños y María Jesús Montero, Alberto Núñez Feijóo y Salvador Illa eran las únicas autoridades españolas que habían interactuado con el nuevo Pontífice. Desde aquel miércoles, en ese grupo también está Óscar Castillo, el alcalde de Jabaloyas. Poco después, unos técnicos del obispado de Teruel, que hasta entonces había guardado silencio, se presentaron en el pueblo para analizar el estado de la iglesia. Después lo hicieron dos veces más: una para precintar la zona de los bancos y otra para apuntalar el coro.

Incrustado en Sierra de Albarracín, Jabaloyas es un pequeño pueblo con solo 18 vecinos viviendo de forma habitual. De calles empedradas, silenciosas y cuidadas, cuenta con un casco urbano catalogado como Bien de Interés Cultural en el que se levanta una de las pocas iglesias amuralladas que se conservan en Teruel.

La iglesia de la Asunción, construida entre los siglos XV y XVI, es el orgullo del municipio y de su alcalde, que ha hecho de la tradicional perseverancia local un programa político: “¿Y no podemos dedicar el suplemento dominical de El País a Jabaloyas? Esta iglesia lo merece”, insiste una y otra vez.

El orgullo del alcalde, sin embargo, se cae a pedazos: grietas en las columnas, suelos apolillados, un coro desgajado y aberturas en la nave central compuesta de bóvedas de crucería y nervio longitudinal. La humedad sube por los muros de las capillas laterales y el inquietante fisurómetro (testigo) junto a la puerta cada año se abre un poco más. La torre del campanario, de cuatro cuerpos y rematada por una torrecilla circular, tiene anclados listones metálicos en cada esquina que refuerzan la estructura como una muela con caries que puede caerse en cualquier momento.

La Asunción es iglesia y es castillo. Es uno de los pocos ejemplos en Aragón de un templo concebido también como fortaleza que todavía conserva su configuración defensiva original, con un recinto de almenas y troneras para armas de fuego. Una muralla de planta hexagonal con adarve interior para la vigilancia y troneras a media altura que corren el riesgo de derrumbarse con las intensas lluvias de los últimos días. “La iglesia requiere una actuación urgente”, confirma por vía telefónica el historiador Rubén Sáez, director del Centro de Estudios Arcatur.

La estructura de la iglesia es la resultante de una disputada comarca que fue íbera, árabe y finalmente cristiana cuando el floreciente Señorío de Albarracín quedó incorporado a la Corona de Aragón. Varios siglos después, para defender su iglesia, quedan el alcalde y los cuatro jubilados que a media tarde juegan a las cartas junto a la estufa del único bar del pueblo.

Según el alcalde, ni el Ministerio de Cultura, ni Patrimonio de Aragón, ni el obispado aceptan reparar la iglesia. Entre otras razones, por la titularidad de la misma. “Como no puedo pedir ninguna subvención para repararla porque la iglesia está excluida de las ayudas, le propuse al obispado: ustedes me ceden la titularidad, la arreglo y luego se la devuelvo”, recuerda el alcalde. Los abogados del obispo lo miraron con la boca abierta. Fue entonces cuando decidió que viajaría a ver al Papa.

El alcalde admite que recurrió a un obispo amigo del pueblo que le asesoró sobre la forma de acercarse a él. Sería en la audiencia pública del 14 de enero. “Hay tres tipos de entradas diferenciadas por colores: una marrón, alejada; otra blanca, más cerca; y otra amarilla, que permite estar frente a él. A mí me habían dado en el gallinero, pero fui acercándome, abriéndome un hueco entre la gente y, cuando llegué junto al Papa, le di la tabla de madera con el grabado del pueblo y una carpeta con los documentos sobre el estado de la iglesia”, recuerda. “Luego me dieron la foto que hizo el fotógrafo oficial y me cobraron ocho euros”, añade sorprendido.

Ubicado en la Reserva de la Biosfera del Valle del Cabriel, para llegar a Jabaloyas en transporte público solo se puede hacer los jueves gracias al autobús que lo une con Albarracín. Para ver al médico hay que esperar a los miércoles y si se trata del cura hay que mandarle antes un WhatsApp.

Dentro de la España vaciada existe también la España desolada, y ahí es donde entran lugares como la sierra de Albarracín, los Ancares de Lugo o las montañas de Zamora. España tiene una densidad de población de 96 habitantes por km² y en Europa la media es de 109, pero esta espectacular comarca de pinos, sabinas, chopos, ríos y hoces es el vacío enla vacuidad. Con unos 135.000 habitantes, la provincia de Teruel tiene nueve habitantes por km² pero enAlbarracín, no llega a cuatro. En Europa, solo Laponia, con dos personas por km², se acerca a estas cifras.

Presentarse delante del Papa fue la última ocurrencia de un alcalde peculiar como tantos otros de la España vacía que recurren al ingenio impulsando cualquier idea que los saque del abandono sin recurrir ni a los molinos ni a las placas solares. En su caso, Óscar Castillo ha dejado el pueblo como la patena y se ha puesto duro con una estricta normativa sobre remodelaciones y fachadas. Ha incorporado a Jabaloyas a la Red de Pueblos Mágicos, promociona rutas en bicicleta, escalada y ala delta y ha organizado un concurso de canciones sobre el pueblo que llama ‘Jabaloya Talent’. Ha triturado a cada jefe de Telefónica hasta que trajeron la fibra óptica y ha puesto en marcha un coworking, (oficinas compartidas) que por supuesto está vacio, para retener a nuevos vecinos. “Apostamos por lo que tenemos: patrimonio, historia y paisaje”, resume el alcalde.

“El sistema de ayudas penaliza a los pueblos pequeños al exigirnos requisitos imposibles: adelantar dinero que no tenemos, plazos muy cortos para la ejecución, burocracia excesiva...”, protesta. Indignado por el maltrato, el alcalde envió una queja a las Cortes de Aragón exigiendo cambios en el modelo de subvenciones que ha sido admitida a trámite.

Para el historiador, la iglesia de Jabaloyas puede ser una fuente de ingresos de primer nivel y recuerda que 140.000 personas visitaron los nueve castillos de la provincia el año pasado. “El patrimonio puesto en valor puede hacer cambiar las tendencias y asienta población: Donde llega la gente aparecen hoteles, restaurantes, rutas de montaña”.

-Ah, Teruel..

León XIV se dio la vuelta y siguió saludando. La semana pasada el obispado respondió al alcalde con una carta en el que le anunciaba la contratación de dos arquitectos para elaborar un proyecto de ejecución pero se defendía diciendo que en cuatro años y medio el testigo se ha movido 1,25 mm en horizontal y “solo en base a eso solicita una obra de ejecución sobre la estabilidad completa del edificio en 15 días”. Así se las gasta el alcalde.

Mientras se resuelve lo de su iglesia, Óscar Castillo sigue de reojo el avance de su proyecto ante las Cortes paralizado por las elecciones del 8 de febrero. Unas elecciones que han dejado en el alcalde un sabor agridulce: su partido, el PAR, prácticamente ha desaparecido y ha comprobado que problemas como los de su pueblo “no han existido en la campaña”. “Así que solo nos queda seguir peleando”, dice. La frase, pronunciada por un alcalde conocido por su insistencia en la tierra de la insistencia, más que un futurible es una advertencia. En el Vaticano ya se han enterado.

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