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80 días para atrapar al ‘Pajarito’ y al ‘Moreno’, los autores del tiroteo contra policías de Isla Mayor

La Policía tiene grabaciones de los investigados llevando armas de guerra y pruebas que los sitúan en la nave en la que ocultaron un alijo de hachís

El Moreno y el Pajarito son actores secundarios del narcotráfico español. Dos veinteañeros nacidos en Algeciras y Ceuta, con antecedentes por agresiones y resistencia a la autoridad, que habían encontrado un nicho de mercado dando “servicios de seguridad” a traficantes de cocaína o hachís en el sur de España. Sin embargo, el martes 27 de enero eran los objetivos principales de un despliegue policial que movilizó 250 agentes de Policía Nacional en Málaga y Sevilla.

Abdelasid M. M. el Pajarito, español de 29 años, escuchó de madrugada cómo los agentes del Grupo Especial de Operaciones (GEO) de la Policía intentaban echar abajo la puerta de su casa en Marbella (Málaga). Intentó saltar por la ventana, pero otro grupo de policías le esperaba abajo. A la misma hora, en la vecina Mijas, Muhammad Yunes M. S. el Moreno, también español y de 22 años, fue sorprendido cuando dormía en un sofá del sótano de una vivienda que había okupado con sus familiares. Minutos después de la irrupción de los geos, la Brigada Central de Estupefacientes inspeccionaba la casa de Mijas: encontraron dos pistolas con el número de serie borrado y casi 70 kilos de cocaína repartidos en dos bolsas de rafia plástica y una de deporte.

A Abdelasid y Muhammad los buscaban como presuntos autores del tiroteo con armas de guerra de Isla Mayor (Sevilla), en el que el 8 de noviembre resultaron heridos tres policías, uno de ellos de gravedad. 80 días después, y tras recopilar numerosas evidencias, entre ellas restos de ADN e imágenes del Pajarito y el Moreno el mismo día de la agresión, encapuchados y con un fusil tipo AK-47, era el momento de llevarles ante la juez de Coria del Río que instruye el caso. Tres de los 11 detenidos, entre ellos el Moreno y el Pajarito, han ingresado en prisión provisional. Se les investiga por delitos contra la salud pública, tentativa de homicidio, atentado, tenencia ilícita de armas, daños, receptación, falsedad documental y organización criminal.

La investigación, bautizada Vaper, en un guiño al agente que resultó herido de gravedad, y que se recupera en su casa tras haber sufrido varias operaciones, tenía enfilados a los sospechosos horas después del tiroteo, pero esperaron a tenerlo todo “bien atado”, aseguran fuentes policiales.

El Moreno y el Pajarito son dos exponentes de una generación de delincuentes que no se amilana ante nada, que no entiende el principio de autoridad y que ha visto en la violencia desatada una forma de ganar dinero fácil, según coinciden policías expertos en crimen organizado. Vivían en la Costa del Sol, desde donde “cubrían varias zonas”, como Cádiz y Sevilla. Se dedicaban a vigilar los alijos y proteger los desplazamientos para que no les sorprendiera la policía.

Los detenidos también se dedicaban a proteger la mercancía de los vuelcos, los robos entre delincuentes. Esta modalidad delictiva ha hecho que los traficantes vayan cada vez más armados y vivan en constante tensión. Por esos servicios de seguridad se suelen pagar entre 25.000 o 50.000 euros, dependiendo de la carga, o en droga, relata un mando policial. Según las investigaciones, aquel 8 de noviembre, el Moreno y el Pajarito estaban a las órdenes de una organización liderada por el Lechuga, otro de los investigados que todavía no ha sido detenido.

“¡A por los perros!”

El tiroteo se produjo en la madrugada de un sábado, cuando todavía no había mucha luz. Los agentes seguían los pasos de un alijo que los narcos no habían podido descargar en los días anteriores en la costa gaditana y que decidieron subir en lanchas por el Guadalquivir hasta Isla Mayor (5.700 habitantes), muy cerca de Doñana. Los meandros y canales de la marisma dificultan la vigilancia policial y facilitan el paso de embarcaciones y la ocultación de alijos. Cinco personas transportaban la droga en dos vehículos: un todoterreno con un remolque y una furgoneta pick up. Mientras los traficantes circulaban por la carretera de los Toruños hacia un polígono de naves ilegales a orillas del río, conocido como Villa Polvo, descubrieron una presencia extraña: un grupo de policías les vigilaba junto al camino, resguardados detrás de una especie de caseta.

Una vez que dejaron la droga en un almacén en esa misma calle, los traficantes regresaron a por ellos. Aunque los agentes les gritaron “¡Policía, policía!”, los narcos abrieron fuego al grito de “Hay que matar a estos perros”, según relataron ese mismo día los agentes agredidos. Al menos uno de los narcos ahora detenidos ha reconocido que les escucharon identificarse como agentes de Policía, mantienen fuentes conocedoras de la causa. Durante el ataque, en condiciones desiguales —los narcos con armas de guerra, y los policías con su pistola reglamentaria—, los agentes intentaron ponerse a salvo. Dos de ellos saltaron a una acequia, pero no dispararon para no delatar su posición.

Los tres agentes heridos llevaban chaleco antibalas. A uno de ellos, la bala se le quedó atorada en el chaquetón de plumas, porque chocó con el chaleco. Le fracturó dos costillas. El segundo herido sufrió lesiones en un brazo. El agente más perjudicado, de 45 años, recibió dos balas de un arma larga, en el estómago y en la pelvis, y fue trasladado con urgencia al hospital Virgen del Rocío, de Sevilla.

En las horas siguientes al tiroteo, se dispuso un gran dispositivo policial. Los miembros de la organización sacaron el cargamento de la nave y lo llevaron a otra construcción del núcleo de Isla Mayor. La policía recuperó la droga y registró 20 naves ilegales, que se utilizan como guarderías de droga. En total intervinieron 4.500 kilos de hachís y ocho todoterrenos robados.

Desde aquella fecha, el Moreno y el Pajarito habían seguido haciendo vida en la Costa del Sol, con algunos viajes a Ceuta. El Moreno y varios familiares vivían de okupas en tres viviendas de una urbanización de lujo de Mijas. En el sótano en el que dormía, además de las armas y los casi 70 kilos de cocaína, que se sospecha que pueden ser parte de un pago, también tenía un visor nocturno, telefonía satelital y un dron. El resto de los registros se realizaron en diferentes localidades de Sevilla, como Coria del Río, Puebla del Río, Villamanrique y Gines. Los agentes encontraron otras dos armas cortas: fueron intervenidas en Sevilla, en la vivienda del Lechuga. No se intervinieron armas largas, aunque sí se conservan los casquillos de las armas del tiroteo.

La espectacularidad del dispositivo para detener al Pajarito y al Moreno no ha sido casual. “Se quiere lanzar un mensaje”, añaden fuentes policiales. En un contexto global en el que el crimen organizado está más armado y se detectan comportamientos más envalentonados con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, querían mostrar que este tipo de actos no quedan impunes. Los agentes especializados en crimen organizado no pierden de vista los antecedentes de otros países, como Bélgica o Países Bajos, donde el crimen organizado no duda en amenazar a estamentos del Estado, cargos políticos, judiciales o incluso a la heredera del trono neerlandés.

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