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Cuarenta años sin Tierno Galván, la “cercanía ilustrada”

El alcalde más carismático y culto de Madrid falleció el 19 de enero de 1986 convertido en una figura de consenso a izquierda y derecha

Al día siguiente de la muerte de Enrique Tierno Galván a los 67 años, el lunes 20 de enero de 1986, el diario ABC le dedicaba íntegras la foto- del que fue alcalde de Madrid y el dibujante y escritor Antonio Mingote- y el titular de portada: “Un socialista honrado”. Dentro, además de una galería de fotos, una doble página titulada: “Enrique Tierno, una vida en favor de la libertad”. Se despedía entonces a una figura de consenso, como consenso parece haber cuarenta años después a la hora de homenajearlo. “El alcalde Martínez Almeida se ha portado de maravilla. Me dijo que lo que necesitáramos, y he conseguido que vengan todos”, cuenta satisfecho Juan Barranco, que fue también regidor de Madrid, primer teniente de alcalde con Tierno y una de las tres personas que acompañaron al viejo profesor en la habitación 517 de la Clínica Ruber que lo vio morir.

Las crónicas contaron entonces que más de un millón de personas salieron a la calle para despedirle y que más de 100.000 personas visitaron la capilla ardiente instalada en la Casa de la Villa. La comisión que preparó el entierro tuvo que cambiar de estrategia porque se se triplicó el tiempo que habían calculado que duraría el traslado del féretro por el centro de la ciudad. El funeral, celebrado en San Francisco El Grande, fue retransmitido por TVE y su realización corrió a cargo de Pilar Miró, que hizo traer desde un museo de Barcelona una carroza de la que tiraban seis caballos de color negro. Transcurrió de manera pacífica y sin altercados.

“Es la mayor manifestación de duelo que ha vivido Madrid”, cuenta Barranco. “Cuando subí al escenario a decir unas palabras, que pronuncié a duras penas, pude ver a unas monjas y al lado un punki con la cresta morada. Porque no solo ganaba elecciones, también se ganaba a la gente”, añade. Lo define con dos palabras: “Cercanía ilustrada”.

Pilar Fernández trabajaba como abogada y a los 34 años dejó de ejercer para incorporarse “en las listas de Don Enrique” para aspirar al Ayuntamiento de la capital. Porque siempre lo llamó de usted y viceversa. Otros tiempos, otras maneras, otro Madrid. A Fernández le encargaron crear la concejalía de servicios sociales, porque lo que había habido hasta entonces “era beneficencia”. Habla de objetivos como un Madrid más justo, más participativo, “de ciudadanos, no de súbditos”, al que ayudó la Movida, porque fue “lo que acabó de implicar a los ciudadanos”. Y dibuja a un hombre repleto de carisma, de memoria prodigiosa. “Recuerdo que me decía: ‘Me gustaría que esto se resolviera’ o ‘Es interesante que hagamos esto’. Era su manera educada de darnos órdenes. Porque más vale que lo hiciéramos, ya se encargaba de recordárnoslo”, bromea.

“Tierno era tanto de villa como de corte. Tenía el pedigrí del catedrático y al mismo tiempo era muy cercano a la gente. Mezclaba esos modales ecuménicos y los bandos municipales de prosa barroca con las palabras que pronunció delante de tanta gente joven en el concierto del Palacio de los Deportes. Fue el alcalde por antonomasia que ha tenido esta ciudad”, narra Agapito Pageo, miembro de la Junta de Gobierno del Ateneo de Madrid. “Alguien capaz de traducir el ‘Tractatus’ de Wittgenstein y apoyar la Movida madrileña solo puede tener una cabeza de lo más solvente”, afirma el editor literario Joaquín Palau. Al Papa Juan Pablo II, durante su visita a España en 1982, lo recibió y lo despidió en latín.

“Nos encontramos con un Madrid asfixiado por la dictadura y la burocracia. Muy desigual, muy por hacer, lleno de chabolas”, explica Barranco. Y se encontraron también con una juventud con una gran vitalidad cultural. “El Ayuntamiento de hizo cómplice de aquello y a eso la gente le llamó La Movida. Sin más”. Parte de las infraestructuras de la ciudad que hoy ven vecinos y vecinas se construyó entonces y se mantiene décadas después. Ifema, el Planetario, Mercamadrid y hasta los patos del Manzanares.

Quedarse solo con el Tierno de aquellas palabras animando a colocarse del concierto del Palacio de los Deportes y la imagen que captó Marisa Flórez del alcalde entregándole un premio a Susana Estrada es reduccionista, aunque salgan en cualquier conversación que hable de él. “El alcalde tenía más miga que las frases mediáticas y el don de la oportunidad para recibir un flashazo en el momento más oportuno”, escribe el periodista Arturo Lezcano en su libro ‘Madrid, 1983’, editado por Libros del KO.

Algunos de los que lo conocieron coinciden al recordar la adoración que le profesaban las monjas. Esas que un día que lo vieron le dijeron: “Don Enrique, sepa que rezamos por usted”. Frase a la que él, agnóstico perdido, respondió con un “hacen bien, que todo cuenta”. Otros recuerdan detalles a lo mejor no tan conocidos, como lo que ocurrió durante la visita de Ronald Reagan en 1985. “No quiso venir al Ayuntamiento a recibir las llaves de oro de la ciudad, como entregábamos a todos los mandatarios, porque decía que Tierno era un marxista. Nos sugirieron que se la lleváramos a la embajada de Estados Unidos, pero Tierno no quiso. “No creo que a los madrileños les produzca congoja”, dijo”, narra Juan Barranco. Tan ácido como barroco.

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Sobre la firma

Ángeles Caballero
Nació en Madrid porque en Getafe, de donde se considera, no había hospital en 1976. Estudió Periodismo por vocación y ahí sigue, a pesar de todo. Ha pasado por ABC, Actualidad Económica, Qué!, El Economista, Onda Cero, Vanity Fair y El Confidencial. Fundó Ctxt. Ahora colabora en la SER, La Sexta y en EL PAÍS hace entrevistas, crónicas y columnas.
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