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La historia detrás de la chirigota de los Stephen Hawking de Cádiz: humor negro y solidaridad con la ELA

La agrupación se hace viral con una caracterización arriesgada y promete donar sus sillas a enfermos con esclerosis: “Era una idea de todo o nada”

La chirigota 'Una chirigota en teoría' durante su actuación en Concurso Oficial de Agrupaciones del Carnaval de Cádiz este pasado miércoles por la noche Foto: REYNAFOTOGRAFO (EFE) | Vídeo: epv

Una docena de hombres encorvados sobre sillas motorizadas y caracterizados como el astrofísico Stephen Hawking están listos en ese micro universo surrealista y satírico que se concentra entre el forillo y el telón del Gran Teatro Falla de Cádiz. Se alza el cortinaje rojo del Falla y se desvela el misterio que se escondía tras el nombre Una chirigota en teoría. Silencio en el patio de butacas, todo puede pasar. “Esos 10 segundos fueron aterradores, era un tipo [disfraz] muy complejo”, reconoce el director Francisco Aragón. El Falla estalla a carcajadas. Alivio en las filas de la agrupación, que comienza a desgranar un repertorio que, en apenas un día, se ha hecho viral en toda España.

“Era una idea de todo o nada”, asegura su autor, el gaditano Miguel Ángel Llul. Y resultó que ha sido todo, tras su actuación este pasado miércoles en la fase de Preliminares del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas (COAC) de Cádiz. Tanto, que en la chirigota se reconocen extenuados y saturados, después de tanto mensaje y entrevista. “Estamos cansados pero felices”, asegura Llul, tras una turné de televisiones nacionales y varias llamadas en las que ya incluso han cerrado contrataciones para después del certamen de coplas en el que aspiran a ir superando los sucesivos cortes hasta llegar a la gran final del próximo 13 de febrero. Después, aseguran que donarán las 12 sillas a enfermos de ELA que la necesiten.

“Ha llegado el máquina a disfrutar del Carnaval”, canta la chirigota, nada más arrancar su repertorio de media hora sobre las tablas del Falla. En su apuesta por el arriesgado humor negro no solo copian la gestualidad de Hawking, también la voz robótica que usaba el astrofísico. Y, por su acaso, aclaran: “No te molestes que esto es para que te rías”. Le sigue un repertorio surrealista, lleno de golpes de humor —como el cuplé en que dicen que aunque el problema de las especies invasoras es grave “más peligro es curar con Julio Iglesias de limpiadora”— y de momentos hilarantes, como una sevillana bailada sobre silla de ruedas: “En la Feria de Sevilla pasé un mal rato porque yo en el albero siempre derrapo”.

Pero bajo la capa del humor, subyace otro mensaje reivindicativo. A lo largo de las cuartetas dedican letras de elogio al propio Hawking: “Con mis ganas de vivir y mi silla de ruedas yo he llegado a lo más alto, hasta las mismas estrellas”. También a la propia enfermedad de la Esclerosis Lateral Amiotrófica que sufría el propio científico: “La ELA me dejó como veis, logré soy independiente, solito yo triunfe”. Un día después de su pelotazo, es ahí donde Llul asegura que estaba la esencia de su agrupación: “Solemos tener compromiso con estos temas porque Paco [el director] trabaja con personas con discapacidad, la idea era darle voz y visibilidad”.

Justo por eso, la chirigota no se tiró a la piscina del complicado humor negro sin escuchar antes a los propios afectados. Una vez con el repertorio listo y justo antes de su estreno en el COAC, la agrupación decidió invitar al ensayo general a la asociación ELA Andalucía, que le dio sus bendiciones. No es el único aplauso que le ha llegado. El enfermo con ELA y activista Jordi Sabaté compartió un mensaje en su perfil en X este pasado jueves: “Esta chirigota me parece una genialidad”. “No me esperaba esta repercusión, ayer [por el miércoles] mi misión es que la gente se riese, pero esto es mucho más”, explica Aragón emocionado.

Hacía más de un año que la chirigota estaba barruntando una idea que les surgió de una reunión improvisada de sus componentes. No fue en el Carnaval de 2025 —en el que participaron bajo el nombre Quien guarda, halla—, así que estaba cantado para este COAC. “Sabíamos que iba a ser complicado y nos planteábamos la idea de a ver si la chirigota caía de pie”. Justo de ese temor nació el estribillo que también convierte ese temor en humor negro: “Si este año no cuaja por que es muy desagradable y el humor negro puede ofender, si no llegamos a cuartos no me voy a sorprender. Este año, evidentemente, no vamos a caer de pie”.

La chirigota de Llul —que ya lleva 13 años participando del Concurso— ha sido la encargada este año de traer a la palestra un debate habitual de cada COAC: los límites del humor. El Carnaval de Cádiz, de vocación gamberra, casi que no se plantea estas cortapisas cuando actúa en la calle bajo el paraguas de las agrupaciones callejeras, también llamadas ilegales. Pero la discusión renace con cada idea o letra arriesgada que se canta sobre las tablas del Falla, debido a la fama nacional que ha adquirido el concurso y que hace que los mensajes se amplifiquen y difundan en redes sociales. Una chirigota en teoría ha sido, por ahora, la primera en hacer renacer la controversia. Aunque por ahora, en su primer pase, con mayoritarias opiniones a favor de su arriesgada apuesta.

Está por ver qué pasa en los sucesivos cortes, hasta dónde consigue llegar la chirigota (hasta la gran final quedan otras tres cribas), y cómo va desarrollando las letras inéditas que aún le quedan por cantar. Por ahora, tras el descanso que los de Llul se tomaron ayer, ya este viernes tienen previsto volver a los ensayos. Lo que sí parece seguro es que el grupo ya tiene el favor del público y que su próximo pasacalles camino al Falla será multitudinario. “Esperamos que si pasamos, la gente se una”, invita Llul.

Cuando la agrupación terminen todos sus pases y actuaciones comprometidas ya tiene tarea: sus componentes piensan donar las doce sillas que compraron a la asociación ELA Andalucía. “Son sillas reales que nos costaron 400 euros cada una. Este año no hemos gastado mucho en el tipo y, en un primer momento, una marca nos iba a ceder gratuitamente las sillas”, avanza el autor. Sin embargo, el grupo al final se decantó por adquirirlas para poder hacer luego el gesto benéfico de regalarlas a alguien que las necesite. “Ya que damos carga, tenemos el detalle”, zanja entre risas.

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Sobre la firma

Jesús A. Cañas
Es corresponsal de EL PAÍS en Cádiz desde 2016. Antes trabajó para periódicos del grupo Vocento. Se licenció en Periodismo por la Universidad de Sevilla y es Máster de Arquitectura y Patrimonio Histórico por la US y el IAPH. En 2019, recibió el premio Cádiz de Periodismo por uno de sus trabajos sobre el narcotráfico en el Estrecho de Gibraltar.
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