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Pp- vox
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Euskadi: no abrir la caja de Pandora de un gobierno PP-Vox

Un Ejecutivo de ambos partidos, con su discurso actual, aumentaría el independentismo y rechazo a España

Cuando Jaime Mayor Oreja, en 1996, siendo líder del PP vasco y ministro del Interior del Gobierno de José María Aznar, predicaba un acuerdo compartido con el PNV y PSE para derrotar a ETA, solía acompañarlo de una invocación a que España debía mostrarse atractiva para aminorar la tensión identitaria entre Euskadi y el Estado. El Gobierno de Aznar (1996-2004), que llegó a implicarse en una fallida negociación con ETA en Suiza durante la tregua etarra de 1998 a 2000, no logró la aspiración de Mayor Oreja.

ETA, tras romper la tregua, protagonizó una campaña criminal mientras el PNV, con el lehendakari Ibarretxe, entró en una dinámica soberanista que culminó cuando en 2009 fue desalojado por el socialista Patxi López, elegido lehendakari con apoyo del PP vasco. Un apoyo cuestionado por los dirigentes más ultras del PP nacional como Aznar, Esperanza Aguirre y un reconvertido Mayor Oreja, entonces en la oposición.

Fueron el Gobierno de Patxi López, el del peneuvista Iñigo Urkullu que le sucedió y la reedición del ejecutivo de coalición PNV-PSE de 2016 hasta hoy, con el también peneuvista Imanol Pradales como lehendakari, quienes han logrado aliviar la sempiterna conflictividad entre nacionalistas y no nacionalistas. También han relajado espectacularmente la tensión identitaria con los ejecutivos centrales de modo que, incluso, el Gobierno conservador de Mariano Rajoy (2011-2018) se ahorró en Euskadi las tensiones que sufrió en Cataluña.

Pero el contexto político fue clave. En 2011, ETA cesaba definitivamente el terrorismo siendo presidente José Luis Rodríguez Zapatero y lehendakari Patxi López. Fue un proceso largo, al que contribuyeron decisivamente la acción policial, la judicial y la movilización social, con participación de los sucesivos gobiernos democráticos.

Pero cabe reseñar que el diálogo del Gobierno de Zapatero y los partidos vascos con Batasuna ―especialmente cuando su nueva marca, Sortu, rechazó el terrorismo, incluido el de ETA― contribuyó a la distensión que hoy disfruta Euskadi con su legalización por los tribunales sin concesiones políticas.

En los 16 años distantes entre el Gobierno de Patxi López y el de coalición PNV-PSE de Pradales, hoy, con el trasfondo del fin del terrorismo, ha habido un diálogo inédito por su fluidez con los ejecutivos centrales. La distensión entre los partidos vascos contrasta enormemente con el espectáculo que ofrecen las sesiones del Congreso y Senado. Los sondeos son unánimes en que los vascos priorizan las preocupaciones sociales sobre las viejas polémicas identitarias. La reivindicación independentista está bajo mínimos. El rechazo nacionalista a España, que había calado en amplias capas vascas, se ha disipado.

Los escándalos de corrupción del PSOE y PP apenas han alterado las tendencias electorales vascas desde las elecciones autonómicas de 2024. Sobre 75 escaños, PNV y Bildu empataron a 27, seguidos de 12 del PSE, 7 del PP, 1 de Sumar y 1 de Vox. Los últimos sondeos perciben una ligera mejora del PNV y un pequeño retroceso del PSE y PP.

El rechazo al PP y Vox en Euskadi ―suman solo 8 de los 75 escaños del Parlamento vasco― se explicaba por la oposición de la Ejecutiva nacional popular al diálogo que acompañó el final del terrorismo. Las movilizaciones, alentadas por la ruidosa derecha mediática, acusando al Gobierno socialista de traicionar a las víctimas de ETA originó que muchos vascos percibieran que el PP se oponía a la paz por electoralismo mientras Bildu, sobre todo desde que rechazó el terrorismo en sus nuevos estatutos, se le viera como factor favorable.

Hoy esta percepción se ha redoblado por la oposición destructiva, acaudillada por Núñez Feijoo, al Gobierno PSOE-Sumar, en competición con el discurso de odio y nacionalista excluyente de Vox. Si en el pasado el discurso del odio y excluyente nacionalista eran patrimonio de Batasuna, con acento vasco, hoy lo es de Vox, con acento español. Bildu, hoy, no representa un peligro para la convivencia, aunque debe una autocrítica por la pasada complicidad etarra de algunos de sus líderes, lo que implica el veto del PSE y PNV a su entrada en el Gobierno vasco.

Núñez Feijoo acaba de ratificar el veto a Bildu, pero lo ha levantado a Vox, lo que agrava más la percepción negativa en Euskadi hacia la derecha española al blanquear a un partido que rechaza el Estado autonómico, proclama la ilegalización de los partidos independentistas —que afecta a los dos principales partidos vascos—, además de la xenofobia hacia los inmigrantes, el rechazo al cambio climático, al colectivo LGTBI y a la memoria democrática.

Un hipotético Gobierno del PP de Nuñez Feijoo con influencia decisiva de Vox es un riesgo para Euskadi. No tanto porque pueda regresar el terrorismo —muy improbable—, como porque, con su actual discurso, se reabriría la confrontación política con el Estado, aumentaría el rechazo a España, crecería el independentismo y dañaría la distensión que en los últimos 16 años han protagonizado los gobiernos vasco y central. No abrir, por tanto, la caja de Pandora de un Gobierno PP-Vox.

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