La Guerra Civil son los padres
Aznar evita condenar el franquismo alegando que su progenitor formó parte del bando nacional


Federico Jiménez Losantos no suele hacer preguntas; da su opinión y, a continuación, pide al entrevistado que le dé la razón. Lo hace, y en eso es absolutamente democratizador, con todos los invitados, sin reparar en galones. Esta semana tenía en el estudio de esRadio al expresidente José María Aznar:
―¿No piensa que hemos vuelto a la bolchevización del PSOE? Estamos otra vez en el 36 [por 1936, el año del golpe militar que da origen a la Guerra Civil].
―Esta parte de la izquierda radical e ignorante que no tiene en cuenta la historia nada más que para intentar reescribirla está cometiendo los mismos errores que se cometieron en esa época y el error fundamental fue la exclusión de la mitad de España.
Losantos también tiene una minirreprimenda para Aznar:
―Dice usted, y es verdad, que hay una izquierda que se ha empeñado en revivir el franquismo. ¿No lo hizo usted cuando condenó al franquismo y con eso al bando nacional de la Guerra Civil?
―Yo lo que creo es que todo esto de la memoria democrática es una cosa que hay que derogar. Llevar a los españoles otra vez a la confrontación es un disparate. Yo no voy a condenar algo en lo cual mi padre participó. Mi padre hizo tres años de guerra.
―Pero lo condenó en el Parlamento [se refiere a la resolución aprobada un 20-N de 2002 en el Congreso, con el voto a favor del PP, para condenar el golpe de Estado de Franco y reconocer a sus víctimas].
―No, condené el sistema.
―Claro, solo faltaría.
―Otra cosa distinta son los orígenes históricos que puedan tener las cosas, que eso daría para varios libros.
La resolución que el PP de Aznar apoyó en 2002 decía expresamente: “Nadie puede sentirse legitimado, como ocurrió en el pasado, para utilizar la violencia con la finalidad de imponer sus convicciones políticas y establecer regímenes totalitarios contrarios a la libertad y a la dignidad de todos los ciudadanos, lo que merece la condena y repulsa de nuestra sociedad”. Pero 23 años después, el expresidente del Gobierno afirma en la radio que no va a condenar algo en lo que su padre participó, la Guerra Civil. Manuel Aznar fue oficial del ejército franquista y se encargó de tareas de radiodifusión y propaganda como jefe de Falange.
Entre los catedráticos de historia ya escoció que, en su día, José María Aznar promocionase la obra revisionista de Pío Moa, quien sostiene que “no hubo un solo demócrata en las cárceles de Franco” y resume así el origen de la contienda: “Unos señores pedían disgregar España; otros querían una revolución, todos querían destruir la cultura cristiana. Y eso fue por lo que se luchó en la guerra [civil española]. Unos a favor y otros para impedirlo y ganaron los que lo impidieron. Eso fue lo que permitió que España volviera a ser un país unido y próspero”.
Unos días antes de que Aznar fuera a esRadio, la alcaldesa de Valencia, María José Catalá, del PP, fue entrevistada en Onda Cero por Carlos Alsina.
―¿Usted cree que Franco aportó algo positivo a España?
―Creo que es una etapa de la historia que tiene sus lados positivos y negativos.
―Pero usted habría preferido que el régimen franquista no existiera, supongo.
―No, yo respeto todas las etapas de nuestro país. Soy doctora en derecho constitucional y me creo muchísimo nuestro proceso democrático, y soy muy respetuosa con la historia de nuestro país. No me gusta ni el revanchismo ni tampoco una reivindicación de que tiempos pasados fueron mejores.
―Pero estamos de acuerdo en este caso en que esos tiempos pasados fueron bastante peores, ¿no?
―Bueno, evidentemente tuvo aspectos muy negativos, y por eso nuestra Constitución es tan sana. Avanzamos los españoles hacia la democracia y después de Franco vino algo mejor.
―¿Pero le encuentra algún elemento positivo al régimen anterior?
―Bueno, sobre todo infraestructuras que se hicieron y eran necesarias para nuestro país, de carácter hidráulico, por ejemplo, que venimos reivindicando en Valencia desde hace un año. Evidentemente, no tener un proceso democrático no me parece lo más interesante de esa etapa.
Las obras hidráulicas corresponden a un plan previo, de la II República, que Franco continuó desarrollando y en cuyas obras recurrió, en muchos casos como mano de obra a presos políticos.
Ante el revuelo que provocaron sus palabras, la alcaldesa intentó matizar posteriormente: “[Fue] una etapa negra de nuestro país, que merece superarse y mirar hacia adelante, teniendo muy claro lo que fue, condenando lo que fue”, declaró, refiriéndose a la dictadura.
Cincuenta años después de la muerte de Franco hay un sector del PP al que le cuesta condenar el golpe de 1936 y la dictadura, pese a la ingente cantidad de libros y biografías donde los historiadores recogen lo que supuso para España en todos los frentes: hambruna, aislamiento y una feroz represión que mantiene a miles de hombres y mujeres en fosas y cunetas. Pero curiosamente, les cuesta mucho menos condenar la legislación de memoria, que no solo España, sino otros países con pasados traumáticos han desarrollado para cumplir, entre otras cosas, con los tratados internacionales en materia de Derechos Humanos. Argumentan, como reiteró Aznar en la entrevista, que es “el mayor atentado contra la convivencia pacífica entre españoles en los últimos años”; que se trata de una ley “revanchista”, “totalitaria”; una “voladura de la Transición” y una ruptura con el pacto constitucional de 1978. Lo cierto es que esas normas llevan aplicándose desde 2007 y no constan más enfrentamientos que los que están en sus cabezas: las fosas se abren, los familiares recuperan los restos de sus seres queridos para darles un entierro digno y, como recuerda el forense Francisco Etxeberria, “lloran de felicidad” en las exhumaciones, no buscan a los descendientes de los asesinos, a los que, en muchos casos, conocen, para vengarse. Lo cierto es que los primeros párrafos de las dos leyes de memoria, la de 2007 y la de 2022, son loas a la Transición, y que el PP, al que ahora Aznar presenta como “el único partido constitucional”, se dividió en la votación para aprobar la Constitución, entonces como AP: ocho síes, cinco noes y tres abstenciones.
Responsabiliza Aznar al intento “necio de la izquierda de volver atrás para querer ganar la Guerra Civil” y de que haya jóvenes que “hace muy poco tiempo no se preocupaban mucho por el régimen anterior y el general Franco y ahora sí”. Pero lo que muestran las encuestas, como el reciente monográfico del instituto 40dB. para EL PAÍS y Cadena SER, es una relación directa entre desconocimiento y pulsiones autoritarias. Una cuarta parte de los jóvenes ve preferible en determinadas circunstancias un régimen no democrático; Casi la mitad de los encuestados de la generación Z y de los millennial no saben situar el régimen franquista en el tiempo y desconocen cómo murió el poeta Federico García Lorca: asesinado por los franquistas. Y cuando se intenta combatir el desconocimiento sobre la propia historia en los institutos, ese sector del PP habla de “adoctrinamiento”.
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