Una imagen que los define


Si la extinta reina de Inglaterra mostraba sus perritos a los invitados de honor, Milei presume de ese artefacto que no ladra, pero enseña los dientes. La motosierra como mascota del hogar. Milei y Kast la acarician con la actitud de quien posa junto a un caniche o a un sabueso de raza. La brutalidad, claro, no reside en la máquina, que carece de inteligencia y alma, sino en los dos bípedos, que deberían gozar de ambas. La motosierra convertida en emblema, en programa político, en pensamiento aspiracional. Pero la motosierra no corta con la precisión o el talento del bisturí. Arrasa porque no distingue entre la rama seca y la viva, entre lo superfluo y lo imprescindible. Que dos dirigentes políticos se representen a sí mismos mediante ese objeto revela una concepción del mundo en la que gobernar se parece a la tala. Han reducido, en fin, la complejidad económico-social a mero estorbo que impide el paso del mercado o de las ideas (lo de las ideas es un decir).
Resulta inquietante la satisfacción con la que se exhiben junto a ella. No hay pudor ni conflicto moral. Hay sed de sangre y huesos astillados, como si el dolor ajeno fuera una variable de carácter técnico. Como si la cultura, la educación o la sanidad fueran obstáculos a los que conviene aplicar un tratamiento de acero y fuerza bruta. El Estado convertido en serrín. El humanismo, en cambio, implica duda, cuidado, escucha, quizá también un poco de silencio: lo contrario de lo que simboliza el animal de compañía de Milei. No es, como se deduce de la sonrisa de los retratados, una foto provocadora, sino una foto triste.
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