Westbourne Grove, la arteria comercial de Notting Hill que esconde una ruta de tiendas, anticuarios y restaurantes
El barrio de Londres alberga esta refinada calle donde decrece la avalancha de turistas en beneficio de los lugareños, que buscan patearse sus infinitas propuestas de compras y ocio


A menudo, cuando uno pasea por un barrio colmado de casas históricas y señoriales, se pregunta quién vivirá ahí. Cómo serán sus rutinas, qué vida desempeñarán detrás de esos hermosos ventanales, qué sonido les despertará por las mañanas. En la serie Disclaimer, disponible en Apple TV, el cineasta Alfonso Cuarón convierte la distinguida vivienda por la que transita su protagonista Catherine, interpretada por Cate Blanchett, en un personaje más de la ficción. A medida que avanza la trama, también se desvelan más detalles del asfalto que la rodea; de la coqueta librería en la que descubre el libro del escándalo a la hilera de fachadas de colores que decoran su agonía. Un día a día fuera de lo común que se rodó en las inmediaciones de Westbourne Grove, la arteria comercial que atraviesa Notting Hill, al oeste de Londres.
Este barrio, conocido por su carnaval que festeja la diversidad, el mercadillo de productores resguardado por tiendas de anticuarios y galerías de arte y la película de los noventa de Julia Roberts y Hugh Grant, alberga esta refinada calle donde decrece la avalancha de turistas en beneficio de los lugareños, que buscan patearse sus infinitas tiendas y cafés en una soleada mañana de domingo. Escoltada al oeste por Kensington Park Road y cruzando Portobello Road y Queensway al este, su calzada está atestada de restaurantes y firmas de moda.
Lugar de residencia para ilustres personajes de la vida británica, comenzó su próspero desarrollo en 1840, y tomó el nombre de Westbourne River, un afluente del Támesis que quedó mayoritariamente subterráneo en el siglo XIX y que ha dado lugar a una serie casi infinita de topónimos desde entonces.
Esa plácida estampa de casas victorianas que culminan en St Luke’s Mews, una de las calles adoquinadas más bonitas de la capital británica por sus casas de color sorbete y testigo de la declaración de amor a Keira Knightley en Love Actually, sedujo a personalidades de la cultura desde mucho antes. El autor de las novelas La ciudadela (1937) y Las llaves del reino (1937), el escocés A.J. Cronin, se mudó aquí en 1926 para ejercer la profesión de médico en su propia clínica. Otro literato, Thomas Hardy, dio sus primeros pasos en la escritura en Westbourne Park Villas, las casas y jardines que ocuparon la desaparecida Westbourne House, una elegante mansión georgiana reconstruida en 1775 por el arquitecto Isaac Ware que tuvo inquilinos tan variopintos como embajadores, baronets o el general del Ejército y vizconde Rowland Hill.

Tras su decadencia en los años cincuenta, que implicó la subdivisión de muchas de las viviendas, la explotación del terreno cayó en manos de Peter Rachman, promotor inmobiliario y arrendador conocido por captar con dudosas prácticas la llegada de inmigrantes a la ciudad. Transformado en un barrio popular entre la comunidad hippie, las siguientes décadas la zona atrajo a figuras conocidas del mundo de la moda y la música. Con la expansión del céntrico barrio de Paddington llegaron la gentrificación y el renacimiento de Portobello Road y Westbourne Grove, y el precio de la vivienda se disparó hasta ser apto para unos pocos bolsillos. Pero a su paso fue tejiendo un estimulante mapa de tiendas, restaurantes y lugares de ocio que recorrer en una visita a la ciudad.
En el competitivo mercado del retail que es en sí misma esta ciudad, Westbourne Grove ha sabido hacerse un hueco de buen shopping con acentos muy diversos. En apenas unos metros se alterna ese estilo informal, ese je ne sais quoi de las parisinas que defienden firmas como Sandro o Ba&sh, con templos de la moda urbana como la danesa Ganni o Reformation, procedente de Los Ángeles, además del lúdico mundo de Mini Rodini para los más pequeños. La artesanía textil también ocupa su lugar, como el espacio multidisciplinar de TOAST o las manoletinas venecianas de la firma española Flabelus, que han dado la vuelta al mundo entero.
Si algo prolifera en esa arteria comercial son las colas, como la casi perenne a la entrada de Sézane L’Appartement, a menudo más llevadera por los brownies y el chocolate caliente que ofrecen sus dependientes en las frías jornadas de invierno. A escasos metros, en Kensington Park Road, uno se topará con Couverture & the Garbstore, la concept store creada por la diseñadora Emily Dyson y su marido Ian Paley en 2008. Esta townhouse de tres pisos plagada de buenas ideas y marcas independientes para regalar —o darse un capricho— cuenta entre su clientela con los músicos Nick Cave y Damon Albarn. En su macizo mostrador de metal se alternan desde las joyas de la neoyorquina Rachel Comey a las piedras semipreciosas de Pascale Monvoisin, una selección impecable de moda para hombre y mujer, calzado de autor y piezas para la casa como las velas de Wax Atelier, la cristalería con motivos botánicos de Ichendorf Milano o los textiles rústicos de Charvet Éditions. En frente, bajo una fachada inmaculada con un toldo a rayas, una de las librerías independientes de la cadena Daunt Books y el lugar favorito de Cate Blanchett en la serie.
Un día redondo en la piel de un rico londinense
Westbourne Grove es un reflejo de lo que puede ser una jornada en la vida de cualquier británico acomodado con mucho tiempo libre. Imaginemos una mañana con la agenda despejada que comienza mimándose a uno mismo, bien disfrutando de una sesión en la peluquería Hari’s, un tratamiento de ayurveda (Kama Ayurveda) o una sesión de workout para el rostro en Face Gym. A continuación, se nos antojará un paseo por el laberinto de terrazas y caballerizas de colores pastel que engrosa el barrio. Si estamos en fin de semana, no está de más acercarnos hasta el vibrante mercadillo de Golborne Road. Ya en caliente, es hora de sortear sus infinitas tiendas de moda y accesorios, o bien encontrar un tesoro en las boutiques de moda vintage que acompañan a Notting Hill desde siempre (M2 Collective, Vault Vintage, Oxfam Boutique).
Porque soñar es gratis, nada como reservar la última hora de la mañana para visitar los anticuarios de la cercana Golborne Road (Muirshin Durkin y Arbon Interiors) o la tienda familiar Robin Martin Antiques, que desde 1970 abastece de mobiliario británico y continental de múltiples épocas al vecindario. También se puede fantasear con llevarse alguna de las rarezas entre objetos y muebles del pasado que la interiorista Anna Unwin selecciona para Soho Home Studio —en el 230 y el 236 de Westbourne Grove—, o descubrir la obra de algún pintor local (y llevársela con un marco artesanal) en Lacy Gallery.

A esas horas el hambre ya dominará los pensamientos, bien en forma de brunch o de desayuno tardío si nos animamos a hacer la cola en los sitios de moda Granger & Co o Beam; o apurando hasta la comida con solo un café de especialidad de The Tin Shed para ahorrarnos así las esperas (comer en el horario español a veces es una ventaja). Esta calle está hecha para calmar todo tipo de antojos: del sushi de Sumi a la cocina panasiática con zumos orgánicos de Jusu Brothers. Y siempre hay que dejar un hueco para los rollos de croissant y canela de Buns from Home, la receta original que Barney Goff creó durante el confinamiento en la cocina de su madre y que embriaga ahora con su aroma especiado las calles de Notting Hill.
Retomar el paseo nos llevará hasta edificios emblemáticos de estilos tan diversos como la iglesia de Westbourne Grove, con una planta historicista de 1823; Trellick Tower, el rascacielos brutalista diseñado por Ernő Goldfinger; o la fachada celeste de Electric Cinema que corona Portobello Road, uno de los cines más antiguos del país de factura eduardina que sigue en funcionamiento.

Esa misma paleta azulona es la seña de identidad de Turquoise Island, todo un símbolo del barrio diseñado en 1993 por Piers Gough, autor de las nuevas salas de la London’s National Portrait Gallery, y en el que estimular el olfato en el puesto de la famosa florista británica Nikki Tibbles, Wild at Heart.

El día debe finalizar practicando el deporte que mejor se les da a los británicos: la cultura de pub. James Gummer y Phil Winser, los antiguos dueños de 7 Shits —otro spot gastronómico que marcó un hito en la zona— son los artífices de The Pelican, ese acogedor lugar con chimenea, velas y magnífica cerveza —así como cócteles o una carta para acompañar— que siempre busca uno para despedirse de la ciudad.
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