Quim Torra: Puigdemont 2.0
Siguiendo con la línea más dura del procés independentista, el recién elegido por Puigdemont como candidato “interino” a la presidencia de la Generalitat, Quim Torra, en su discurso de investidura de este sábado en el Parlament ha remarcado que su (breve) gobernabilidad se basará en el continuista itinerario de unilateralidad y de confrontación con el Estado, más radical si cabe, que ya emprendió su antecesor. El cometido que Torra desempeñará al frente del Govern como marioneta del núcleo cesarista más irreductible nos sigue demostrando los derroteros por los que camina la política catalana —si es que a esto se le puede llamar política— con la imposición (desde Berlín) de un Ejecutivo que pretende gobernar (o más bien timonear) a una sola parte de los catalanes, anteponiendo el narcisismo personal a los intereses generales. El cariz sectario, hispanófobo, supremacista y de radicalidad manifiesta que encarna la figura de Quim Torra no solo representa un (enésimo) desafío para el Estado sino también para la ciudadanía catalana, incluidos los convencidos independentistas. En definitiva, más de lo mismo; o probablemente, peor. Habrá que esperar pues a los siguientes movimientos para conocer el destino más inmediato de la otrora próspera y unida nación. Pero parece que se avecina, de nuevo, un sonoro fracaso.— José Manuel Fernández-Arroyo Castellano. Barcelona.
Dadas las circunstancias probablemente sea la factibilidad que encarna la figura de Joaquim Torra para con el cargo lo único positivo que finalmente pueda ser compartido de forma mayoritaria por el conjunto del arco político catalán. Pero ahora lo que toca es avanzar, y el futuro nuevo presidente sabe que tan solo podrá hacerlo actuando de forma pragmática y, sobre todo, contando con amplias mayorías parlamentarias.— Martí Mancilla Muntada. Granollers (Barcelona).


























































