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Cartas al director

Desempleo

Conozco a una familia cuyos miembros están todos apuntados en las oficinas del paro. Es una triste realidad. El desempleo no solo supone la falta de ingresos económicos, sino también la carencia de reconocimiento de derechos de protección social; impide el mantenimiento de la vivienda y de participar del ocio y de la sociedad de consumo. A ello se unen también la pérdida de autoestima y el deterioro de las relaciones sociales y familiares. Todo esto podría llevar al individuo a la exclusión social. Peor lo tienen los jóvenes que no han accedido a su primer empleo, pues se origina en ellos un sentimiento de frustración que les impide iniciar proyectos y acabar con la dependencia familiar. Ante este panorama desalentador, les recomendaría a todos que no dejen morir la esperanza ni se dejen llevar por la sensación de fracaso. La ilusión constante traerá el modo de poder encontrar la luz para un trabajo digno.— Alberto Álvarez Pérez. Sevilla.

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