Famosa por sorpresa
Estamos acostumbrados a ver cómo personas anónimas se convierten de la noche a la mañana en personajes mediáticos. En España es un fenómeno habitual, sobre todo gracias a determinados programas televisivos.
Este no es el caso de Teresa Romero. Ella ha pasado del total anonimato a ser la protagonista de gran parte de los informativos del país en escasos días. Pero dudo que nadie le haya pedido permiso, y es más, dudo que esta situación le haga gracia alguna. Ella no ha pasado ningún casting, tampoco ha tenido una aventura con algún personaje famoso, solo ha tenido la mala suerte de contraer el ébola.
Teresa ya tiene suficiente con su problema como para que, además, el resto de españoles debamos conocer día a día cuál es su estado de salud y menos su vida privada. Conocemos su dirección, la identidad de su marido y la de su hermano y hemos vivido el sacrificio de su difunto perro, Excalibur.
Creo que los informativos deberían centrarse en hablar del propio virus: posibilidades de propagación, avances en la investigación hacia una cura y posibles sistemas de prevención. Pero sobre todo deberían dejar en paz a Teresa.— Andreu Dorda Fernández.


























































