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Cartas al director

La brecha digital

Más de 40 euros. Eso es lo que suele costar tener Internet en casa. Si alguien lo tiene mucho más barato, que avise. Llevo un año independizada, tengo veintitantos años y gano mil euros al mes. Necesito Internet al mismo nivel que el agua, la luz o la comida. Trabajo en la Red, me relaciono en la Red, me informo y busco recetas de hasta cómo coser un botón. Si no fuera por mi tortuoso pincho de 3G de 10 euros al mes estaría en la brecha digital. Una brecha en la que realmente sí que vivo porque muchas veces no tengo conexión o tardo en subir una foto media hora.

Mi pregunta es clara: ¿Cómo un país arruinado en sueldos puede tener unos precios tan desorbitados para poder conectarse o tener un teléfono móvil?

A nuestro alrededor, en países con precios más amables, el negocio existe. Está claro. Los beneficios para las empresas son obvios, pero el desangre económico mensual es mucho menor. ¿Estamos condenados a pagar más de un 5% de nuestro salario mensual para conectarnos o llamar en pleno siglo XXI? No es un problema de tacañería. Es un problema de desarrollo actual. La brecha digital se está agrandando por motivos económicos, no sociales, y una parada en el progreso es una mina en el futuro.— Patricia Gascón Vera.

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