Ver belleza donde otros ven números: la cantera de jóvenes matemáticos del CSIC abre nuevas inscripciones
Los elegidos se forman en un programa de alto rendimiento gratuito bajo la supervisión de los mejores investigadores de España


Los matemáticos saben que la paciencia es parte del juego. Hay teoremas que llevan días, semanas o hasta décadas sin resolver. Y ese es el encanto. Con esta misma paciencia, el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) del CSIC apuesta por su programa de alto rendimiento para formar a futuros investigadores desde que comienzan su carrera de grado. “Yo tenía pensado Física, me parece preciosa; de repente vi lo bonita que era la lógica y dije: ‘No la puedo dejar”, sonríe Justo Juan Salcedo Otero. Lleva en los puños de su camisa gemelos plateados en forma de escuadra y transportador. Se los regaló una amiga. El madrileño de 19 años fue uno de los cuatro estudiantes elegidos para la primera edición del Mathematics Intensive Program (MIP) el año pasado. El plazo para postularse a la segunda edición está ahora abierto hasta el 6 de mayo.
“Preciosa”, “bonita”, “es una fiesta”, adjetivos que no cualquiera elegiría para describir las matemáticas, pero que repiten esos cuatro universitarios y los 50 investigadores permanentes del instituto, único en el país. El programa busca detectar temprano el talento para complementarlo con más temas y la mentoría semanal de un experto. “Es una atención a la diversidad; guiarlos durante sus estudios de grado y dejarlos correr libres para realizar su potencial”, explica el director del centro, Javier Aramayona.
El sistema está más habituado a reforzar a los que quedan rezagados, pero, para el también investigador del CSIC, “tienen que existir las dos cosas: las políticas públicas tienen que estar muy presentes para ayudar al que no puede y para que todo el mundo tenga las oportunidades para realizar su potencial”. El sueño es lograr tener becas para que lleguen talentos de otras partes del país. El MIP es gratuito y está financiado por la acreditación Severo Ochoa del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, que avala a los centros de excelencia.

Apuesta a ser una cantera para que sus tutelados vuelen hasta el reconocimiento internacional. Y en algunas décadas traigan a casa la medalla Fields —considerada el Nobel de matemáticas—. Francia tiene 13 de ellas; Italia, una y España, ninguna. Se entrega cada cuatro años en el Congreso Internacional de Matemáticos, que Filadelfia alojará este julio. El MIP está inspirado en canteras más antiguas, que existen hace cientos de años, como las escuelas normales superiores de París y de Pisa. “Es un orgullo que el sistema público en el que uno cree, por el cual pagamos nuestros impuestos, logre llegar a los máximos estándares internacionales. Y también crea referentes muy potentes”, argumenta Aramayona.
El ICMAT es vecino de otros institutos prestigiosos de ciencia en un polo de investigación en Cantoblanco, al noroeste de la capital. Su biblioteca atesora una primera edición de una obra de Galileo y una segunda edición de Newton. El edificio es moderno, con ventanales que iluminan los espacios con luz natural, columnas de hormigón y butacas de colores, pero los pizarrones todavía son los negros, los de tiza. Los hay en todas las salas de conferencias, despachos y hasta en el pasillo. No es por nostalgia, sino porque es lo que mejor funciona, defiende Diego Córdoba, ganador del premio nacional de investigación y uno de los máximos referentes mundiales en dinámica de fluidos.
También es el mentor de Sofía Paz Chacón, otra de los cuatro elegidos del programa. Tiene 18 años y llegó a Madrid desde su Caracas natal a los ocho. Cuenta que le gustaría investigar en neurociencia. Cursa Matemáticas en la Universidad Autónoma de Madrid, aunque, a la hora de elegir, muchos profesores le dijeron que le vendría mejor una ingeniería. Al final, los viernes de tutoría con un premio nacional no están mal. Comenta que, aunque es exigente, el mentorazgo es flexible. Ella se hace tiempo para todo: hace yoga acrobática y se anotó en rugby en la facultad.
Incrementar el número de mujeres en matemáticas es otro de los objetivos del proyecto. Hoy es un campo masculinizado. Paz Chacón calcula que en su curso son menos de un tercio. El ICMAT recibe además cada viernes 140 chicos de entre 12 y 18 años en su Pequeño Instituto de Matemáticas (PIM), para fomentar y estimular su interés y allí un 40% son niñas, pero el número se diluye de camino al doctorado. “Hay gente que dice que a los chicos les gustan unas cosas y a las chicas les gustan otras. Yo me niego a creer eso. Todo el mundo tiene la capacidad para disfrutar de las matemáticas”, afirma Aramayona e insiste: “Tienen un aura misteriosa, de que son muy difíciles, de que hay que tener una cualidad innata para enfrentarse a ellas; es un mensaje que como sociedad tenemos que ser capaces de vencer”.

Otro estudiante, Iván López Navarro, admite que en ocasiones es frustrante; sin embargo, matiza: “Cuanto más te ha costado, mejor sienta entenderlo al final”. Algo así como que lo mejor de ir al gimnasio es ya haber ido. Tiene 19 años y cursa Matemáticas en la UAM. También es de Madrid, disfruta de montar bici con amigos y está considerando federarse en ajedrez. Su padre, Agustín, es físico y lo ha motivado desde pequeño: “Cuando estaba en primaria, me enseñaba alguna cosilla que todavía no había visto en clase”. Su tutor es algebrista y lo está formando en ello: “Es un experto en su campo, te puede explicar lo que tú quieras, pero en ocasiones tengo que pedirle que vaya un poco más despacio”, se ríe.
“La ventaja de hoy es que con la inteligencia artificial es más difícil quedarse atascado”, explica López Navarro. Comenta que es útil estar pensando un buen rato, pero si está perdido, le pregunta a Gemini: “Toma este problema, no me digas la solución, dame una pista”. Como en muchas otras profesiones, los chicos aprovechan las bondades de esta herramienta potente, mientras temen qué significará para el futuro de su oficio.
Por ahora, los cálculos están de moda. Ya no se proyecta solo ser profesor de instituto o investigador, sino que es una profesión demandada desde el sector privado. El Doble Grado en Física y Matemáticas es la carrera con la nota de corte más alta, que muchos jóvenes están considerando a semanas de la PAU. Es lo que cursa en la Universidad Complutense Gonzalo San Vicente, el cuarto de los elegidos. Él venía ya de un instituto de excelencia y de familia de ingenieros. Está viendo con su tutor temas de mecánica. Coincide con Salcedo Otero: “Las matemáticas son complejas, pero yo creo que precisamente como son perfectas, o aspiran a ser perfectas, son bonitas”.

Para seleccionar a los participantes, se evalúa su expediente académico junto con una carta de motivación. Los aspirantes deben ser alumnos que vayan a inscribirse el próximo curso en primer año de Matemáticas en las universidades públicas de Madrid: Complutense, Autónoma y Carlos III. Los elegidos terminarán la carrera con un título expedido por el CSIC por participar del MIP. “A esta primera hornada les irá fenomenal, son muy buenos. No sabremos el fruto hasta dentro de 10 años. Estamos poniendo nuestro granito de arena en esa dirección”, apuesta Córdoba.
A principios de este siglo, el Instituto Clay, fundación estadounidense que busca difundir el conocimiento matemático, identificó los siete desafíos más acuciantes sin resolver y los llamó Problemas del milenio. Ofrece un premio de 1 millón de dólares a quien descifre cada uno y, hasta el momento, solo se ha resuelto uno. Quizá en las próximas décadas el próximo se resuelva en España, con tiza, desde un pizarrón del ICMAT.


























































