Ir al contenido
_
_
_
_

Marc Chesney (Universidad de Zúrich): “El sistema político suizo acepta ser rehén de un gran banco”

El profesor emérito del centro académico critica en un reciente libro las “finanzas casino” y el modo en que se gestó la compra y el rescate de Credit Suisse hace justo tres años

El profesor Marc Chesney, en el edificio de la Universidad de Zúrich donde trabajaba, en marzo de 2023.Álvaro Sánchez

“El 19 de marzo de 2023 las luces se apagaron y la fiesta llegó a su fin para Credit Suisse. Con la sobriedad recobrada de repente, los directivos abandonaron momentáneamente el tapiz verde de las finanzas casino con la expresión seria, los bolsillos llenos y el corazón ligero”. Así comienza el francosuizo Marc Chesney (París, 66 años), profesor emérito de Matemáticas Financieras en la Universidad de Zúrich, el capítulo sobre la caída del banco en su libro Stop: Alarma contra la mercantilización y destrucción de lo vivo (Carena Editores, 2025).

Tres años después de ese suceso, traumático para el sistema financiero helvético, que perdía uno de sus símbolos, las aguas parecen haber vuelto a su cauce. “La actualidad se mueve tan rápidamente que se olvida. Business as usual. Pero para el contribuyente que avaló las garantías públicas y para los que perdieron el trabajo no ha sido tan sencillo”, afirma Chesney. UBS, la nueva dueña de Credit Suisse desde su colapso, ha recortado unos 15.000 puestos, y según Bloomberg prepara una nueva ronda de despidos de forma inminente.

La reducción de plantilla no es consecuencia de una crisis: las acciones de UBS han más que duplicado su valor desde la absorción de Credit Suisse. Y los beneficios se han disparado: en 2025 ganó más de 6.500 millones de euros, un 53% más. “Es casi un monopolio, el segundo mayor banco es el Banco Cantonal de Zúrich a mucha distancia, una situación que contradice los principios de libre mercado que dice defender el sector financiero. La competencia entre los bancos ha bajado mucho, UBS aprovecha para dar créditos con intereses más altos y los particulares y las pequeñas empresas se quejan de eso”, advierte Chesney.

En su opinión, al aceptar esa concentración del poder financiero en UBS, el poder político se colocó en una posición de debilidad. “El sistema político del país es rehén de un gran banco que obliga a los responsables políticos a hacer lo que quiere, bajo la amenaza de que pueden cambiar la sede e irse a EE UU con Trump”.

Esa posibilidad, la de que la gran entidad financiera del país, UBS, siglas de Unión de Bancos Suizos, se marche a Nueva York, no es tan remota como pudiera parecer: según informó el Financial Times el pasado noviembre, el presidente de UBS, Colm Kelleher, y el secretario del Tesoro de EE UU, Scott Bessent, discutieron en privado una posible mudanza. Esa reunión se precipitó ante el descontento del banco por los nuevos requisitos de capital que le reclama el Gobierno suizo, tildados por la entidad de “extremos” y desproporcionados, aunque muchos creen que fue solo un movimiento teatral para presionar al Ejecutivo e instarle a relajar sus exigencias. O dicho de un modo menos amable: algo parecido a un chantaje.

En un momento de beneficios récord para la banca y cotizaciones al alza, no se atisban crisis a corto plazo, pero una de las lecciones que Chesney extrae de lo ocurrido con Credit Suisse es la velocidad a la que todo puede despeñarse. “Un gran banco es como un autobús que acelera entre la niebla. Hay muy poca visibilidad y productos tóxicos en el maletero. Cuando se sabe que algo va mal ya es demasiado tarde y el contribuyente lo acaba pagando”.

Es cierto que en el rescate de Credit Suisse, el dinero público no fluyó de forma directa, pero sí indirecta, por medio de avales públicos garantizados por el Estado que disminuían el riesgo asumido por el comprador, UBS, que solo desembolsó 3.000 millones de euros. “Fue un precio de amigo, un regalo, porque las autoridades querían cerrar el acuerdo con urgencia. Bajo presión de EE UU, no querían usar la palabra quiebra ni ligarla al segundo banco suizo por su posible efecto dominó. Mucho mejor calificarlo de fusión entre dos empresas. Pero si se hubiera tratado de una operación de compra estándar entre dos compañías, a la conferencia de prensa no hubieran acudido representantes del Estado ni de la Finma, el supervisor del mercado”, apunta.

En su obra, Chesney sobrevuela diversos temas, desde las cantidades ingentes de dinero que mueven los derivados financieros y la banca en la sombra, el cambio climático, el negocio de la guerra o la complacencia y subordinación de muchas facultades de Economía con el sector financiero. “Durante el colapso de Credit Suisse, el silencio de muchos catedráticos fue ensordecedor, por no usar términos peores. Como muchos de ellos o reciben dinero de bancos importantes o aspiran a recibirlo en el futuro, no hablan. Muchos son parte del Swiss Finance Institute, y cuando los periodistas les preguntaban sobre lo ocurrido con Credit Suisse la mayoría no quería hablar“, critica.

También percibe una mercantilización de la vida pública que deteriora la cohesión de la sociedad bajo la lógica de la omnipotencia de los mercados, donde se puede vender y comprar casi de todo, desde trozos de deuda y empresas, apuestas sobre quiebras, derechos de emisiones de dióxido de carbono o destrucción de la biodiversidad. “Se permite a las empresas destruir ecosistemas si pretenden reconstruirlos luego en otros sitios, como si eso fuera posible o deseable”, denuncia.

Todo ello lo engloba en una expresión que recorre su obra: las finanzas de casino. Ahí, la volatilidad es un regalo. “Para los mercados financieros, la estabilidad no es interesante. El VIX, el índice del miedo que mide la volatilidad, tuvo fuertes repuntes con los aranceles de abril de Trump. Y los productos financieros han convertido esa volatilidad en un activo financiero, porque te permite apostar sobre la incertidumbre. Hay casinos en Suiza y España donde estas actividades tendrían más sentido, pero el mundo financiero se ha vuelto una gran mesa verde de apuestas gigantescas”.

Su visión de lo que está por venir no es muy halagüeña. “El sistema financiero ya estuvo al borde del colapso completo en 2008. Y lo pagó el contribuyente. Ahora tenemos todos los ingredientes para que algo similar se repita, por eso hablo de crisis permanente. En 2008 se produjo la fase más aguda, en 2023 se limitó a algunos bancos regionales estadounidenses y a Credit Suisse. Deutsche Bank también estuvo señalado, pero escapó. Estamos ante una crisis permanente, no solo financiera, sino social, económica y medioambiental“.

La euforia por la inteligencia artificial cree que redundará sobre todo en más beneficios para las empresas y más riqueza para los supermillonarios. “Tenemos todos los medios técnicos para vivir bien, para trabajar menos gracias a la IA, unas 15 o 20 horas semanales. Sin embargo, estas herramientas se transformarán en desempleo, y generarán pobreza y precariedad en lugar de más tiempo y felicidad, por culpa de este régimen de mercado generalizado en el que todos deben competir entre sí. Es un síntoma de una profunda disfunción del sistema actual, del capitalismo depredador“, concluye.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_