Ucrania gana tiempo en el cuarto año de guerra
El préstamo de 90.000 millones de la UE da dos años de margen a su economía, pero necesita otros 675.000 millones para la reconstrucción


La voz, esa voz, llega entre la esperanza y la angustia. Ucrania sobrevive a su cuarto año de guerra contra Rusia. Es pleno invierno. Las temperaturas bajan hasta -20°. Un frío que cae también sobre todos los vivos y los muertos: 325.000 militares de las fuerzas de Moscú y entre 100.000 y 140.000 ucranios en este tiempo. Son los datos del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (Estados Unidos). Pero la voz, esa voz, procede de Natalia Kolesnichenko, economista sénior del Centro Estratégico Económico (CES), un espacio de pensamiento no gubernamental de Kiev. “El comienzo de 2026 fue un desafío para la economía ucrania. Rusia continúa destruyendo la infraestructura energética mediante bombardeos masivos, y la escasez de suministros obstaculiza la actividad económica. Es un genocidio contra los ucranios”, califica.
Pese a todo, queda la esperanza. Estados Unidos y Ucrania han puesto fecha al final de la guerra: junio. Cuando cesen las bombas, la economía ucrania crecerá el 5%. Este año, según Goldman Sachs, puede aumentar un 2% y podría llegar al 3% si se reducen las hostilidades. En la cifra inicial también coincide la agencia de rating Standard & Poor’s. “Los efectos positivos a largo plazo probablemente dependerán de la estabilidad del alto el fuego, la dirección de los flujos migratorios hacia y desde Ucrania, así como del esfuerzo internacional de reconstrucción”, desgrana Karen Vartapetov, analista principal de EMEA Sovereign Ratings, de S&P Global Ratings.
Contra las adversidades, las empresas están invirtiendo sobre todo en independencia energética, y esto aumenta la demanda de crédito. La banca —resalta Natalia Kolesnichenko— es muy rentable. “Tiene suficiente liquidez y capitalización, y el crecimiento salarial en el sector privado seguirá debido a la falta de mano de obra causada por la contienda, la emigración y los alistamientos”. Las rentas de las familias aumentan y tiran del consumo. Aunque Goldman Sachs reconoce que la política del Banco Nacional de Ucrania (BNU) conduce hacia una depreciación del grivna (su moneda) debido a la menor presión del IPC (el 6,3% durante este año) y una divisa sobrevalorada. Los tipos de interés del 15% buscan la estabilización económica y un grivna débil mejora la balanza comercial. “La resiliencia militar de Ucrania en su defensa contra Rusia se refleja en su fortaleza para mantener la economía de mercado abierta. Gracias al apoyo financiero y fiscal de sus aliados occidentales”, sintetiza Tilman Brück, profesor en la Universidad Humboldt de Berlín y representante de alto nivel del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial.
El préstamo de 90.000 millones de euros cerrado con la Unión Europea es “muy importante”, defiende Elina Ribakova, investigadora del think tank Bruegel (Bélgica). Parte va a “actividad civil y parte a Defensa”, y aleja cualquier incumplimiento en los pagos. Aunque solo cubre las necesidades mínimas. No asegura ni el statu quo actual. Únicamente garantiza a Ucrania dos años para seguir en el frente. Igual que un ajedrecista obligado a forzar tablas. Kiev ha presionado para utilizar —como compensación de guerra— los cerca de 270.000 millones de dólares (unos 227.000 millones de euros) en activos congelados rusos que guarda sobre todo Bélgica para respaldar el crédito. Pero el miedo a las represalias legales ha parado la estrategia más lógica. “La postura belga se basa solamente en el temor que Rusia provoca, con éxito, en las naciones que desean permanecer para siempre en su zona de confort. Algo imposible debido a los riesgos que el país supone para la seguridad europea”, advierte Hlib Vyshlinsky, director general del CES.
Esos casi 100.000 millones apenas alcanzan. BlackRock, la mayor empresa de gestión de activos del planeta, se ha situado al frente del llamado Plan de Prosperidad Ucraniano junto con el Gobierno del presidente Volodímir Zelenski. El propósito es conseguir en la próxima década 800.000 millones de dólares (675.000 millones de euros) de inversión pública y privada para reconstruir el país y aprovechar sus vastos recursos naturales. BlackRock ha abierto oficina en Kiev. Su propuesta revela dos situaciones: la enorme destrucción y la importancia estratégica de los recursos naturales del país. Ucrania tiene una de las mayores reservas de minerales críticos de Europa: valorados entre 8,3 y 10 billones de euros. Posee vastos yacimientos de litio, titanio, tierras raras, grafito, uranio. Y su localización resulta estratégica. Cerca del usuario final de las plantas de automóviles alemanas, la industria aeroespacial francesa y las instalaciones polacas de baterías eléctricas. Pero escocerá que una firma americana, cuyo objetivo es maximizar los beneficios antes que cualquier compromiso humanitario y social, reciba dinero de bancos públicos europeos.
BlackRock promueve dos narrativas. “Piénsalo bien. Si eres un fondo de pensiones, y eres el fiduciario frente a tus clientes, tus pensionistas. Resulta casi imposible invertir en una zona de guerra”, contó en el pasado Foro Económico Mundial de Davos, su vicepresidente, Philipp Hildebrand. El otro, en cambio, sitúa a su presidente, Larry Fink, sentado en la mesa de las conversaciones de paz con Moscú y Kiev al lado del yerno de Donald Trump, Jared Kushner, y su enviado especial, Steve Witkoff. Ucrania sueña con 800.000 millones. Supondría cambiar el modelo agroindustrial por otro basado en tecnologías avanzadas y recursos mineros. El riesgo es crear una “colonia económica”. Ganancias a cambio de soberanía.
Todos esperan el final de la guerra. “Pero representa dos cosas”, advierte Yanis Varoufakis, economista y antiguo ministro de Finanzas griego. “Primero, el término de la contienda que Bruselas necesita para presionar al electorado europeo con el fin de aceptar recortes en asistencia social y financiar la ‘agenda keynesiana militar’ de la Unión. Y, segundo, la posibilidad de que los EE UU de Trump acaben vendiendo gas y petróleo rusos a Europa a precios inflados”, alerta.
Rusia asimila las sanciones y el bloqueo del crudo
Los optimistas basan sus predicciones en el sentimiento, y esto suele ser un error. Después de cuatro años de guerra, la posición financiera de Rusia es cada vez más vulnerable por la caída del precio del crudo, que tiene unos efectos catastróficos para mantener el coste de la guerra contra Ucrania. Pero el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé un crecimiento del PIB del 0,5% en 2025 y del 1% durante 2026. Goldman Sachs sitúa estas ratios en el 0,5% y el 1,2%, respectivamente. Los tipos de interés están altos, casi al 20%, aunque el paro ronda el 2% por la falta de mano de obra joven, destinada al combate, y el éxodo de las clases medias a Occidente. El rublo se aprecia en términos relativos y la inflación camina al 6%. Estos mismos optimistas cuentan que los ingresos estatales por el crudo han descendido hasta el 25%. Sin embargo, Moscú completa ese vacío con impuestos más altos a empresas y familias y ha redirigido sus ventas de petróleo, por ejemplo, a China. El goteo de sanciones durante cuatro años le ha dado tiempo para adaptarse.
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