Ir al contenido
_
_
_
_

El FMI avisa de que el golpe económico de las guerras es “profundo y duradero”, mayor que el de una crisis financiera o desastres naturales

Georgieva advierte, antes de conocerse el alto el fuego, sobre las consecuencias del Conflicto en Oriente Próximo: “Prepárense para lo peor”

Un avión estadounidense despega del 'USS Gerald R. Ford' durante la operación 'Furia Épica' contra Irán.CONTACTO vía Europa Press (CONTACTO vía Europa Press)

Donald Trump se comporta como un agente del caos. La guerra desatada contra Irán a finales de febrero sin motivo explícito ha sacudido los cimientos de la economía global. Las políticas arbitrarias del presidente de Estados Unidos están afectando al orden mundial. Por eso, el Fondo Monetario Internacional publicará el próximo lunes unas perspectivas de crecimiento a la baja, según confirmó ayer la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, en una entrevista con Bloomberg. Antes del ataque de Washington e Israel contra Teherán “estábamos en proceso de mejorar nuestras proyecciones de crecimiento para 2026”, aseguró la búlgara. “Dado el impacto de la guerra, vamos a revisarlas a la baja”.

Las declaraciones de la economista búlgara se produjeron unas horas antes de que venciera el plazo impuesto por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a Irán para acordar sus condiciones para poner fin al conflicto bajo la amenaza de “acabar con toda una civilización”. El ultimátum provocó que los líderes mundiales contuvieran la respiración ante las consecuencias imprevistas de una escalada bélica en la región. Una hora antes de vencer el plazo, Trump anunció un alto el fuego de dos semanas a cambio de que Teherán reabriera el estrecho de Ormuz, una vía estratégica por donde transita una quinta parte del petróleo mundial.

La responsable del organismo multilateral se mostró pesimista sobre el desorden creado por la guerra en Oriente Próximo. “Prepárense para lo peor”, dijo antes de conocerse el acuerdo entre Estados Unidos e Irán. Al tiempo que advirtió que habrá que estar pendiente de la evolución de los precios. “Prestar atención a la inflación debería ser una prioridad”.

La institución creada tras la Segunda Guerra Mundial en el marco de las conferencias de Bretton Woods recuerda que el mundo se enfrenta a una nueva guerra de consecuencias impredecibles después de haber sufrido una pandemia y las secuelas de la guerra de Ucrania. Ambas crisis obligaron a los gobiernos a adoptar medidas extraordinarias a costa de la deuda pública. Así que ahora el margen de maniobra es muy reducido.

Los costes elevados y persistentes de la guerra

El Fondo está preocupado por la escalada bélica en Oriente Próximo. Se suma a las tensiones en el este de Europa tras la invasión rusa de Ucrania. “Tras un periodo de relativa calma posterior al fin de la Guerra Fría, el número de conflictos en todo el mundo ha aumentado en los últimos años, alcanzando niveles no vistos desde la Segunda Guerra Mundial”, advierte.

Los funcionarios del organismo recuerdan que “más allá de su devastador coste humano, las guerras imponen costes económicos elevados y persistentes. Las pérdidas de producción en las economías afectadas por conflictos son profundas y duraderas, superando a las que suelen asociarse con las crisis financieras o los desastres naturales graves”.

Las guerras también generan dilemas económicos por las tensiones presupuestarias, los desequilibrios externos y las presiones inflacionarias. “Dejan cicatrices perdurables tanto en la macroeconomía de un país como en sus ciudadanos”, subraya. En una economía globalizada, los conflictos tienen un impacto internacional. Las consecuencias económicas no se limitan a las fronteras nacionales. Los países vecinos y los socios comerciales también sufren efectos de contagio considerables.

El Fondo, además, expone que es posible una recuperación económica cuando terminan las guerras, “aunque no es ni automática ni rápida”. Y señala: “El ritmo de recuperación es modesto en relación con las pérdidas sufridas durante la guerra y varía considerablemente entre países”.

Tras los conflictos bélicos se mantiene una situación de incertidumbre que retrasa la recuperación del capital y la mejora de la productividad; las economías, sin embargo, mejoran por la incorporación de los trabajadores a sus puestos y el regreso de los refugiados que huyeron. “Cuando la paz resulta frágil y el conflicto resurge, la actividad económica por lo general no logra recuperarse, lo que pone de relieve el papel fundamental de una paz sostenida para restablecer el crecimiento”.

El Fondo incide en que las recuperaciones exitosas han ido acompañadas de un dividendo de la paz, en el que la reducción del gasto militar permitió aumentar el gasto social para ampliar el estado de bienestar.

Guerras más frecuentes

El Fondo ha adelantado, además, este miércoles dos capítulos de su informe de Perspectiva Económica Mundial (WEO, en sus siglas en inglés), que supone un anticipo de su asamblea anual de primavera que celebrará la próxima semana. En el primer documento, analiza el aumento del gasto en defensa detectado desde la crisis financiera de 2008. Los economistas del Fondo recopilan datos de 164 países desde 1946 para concluir que los grandes repuntes del gasto en defensa se han vuelto más frecuentes, especialmente en las economías emergentes y en desarrollo. “En un repunte típico, que dura más de dos años y medio, los desembolsos en defensa aumentan en unos 2,7 puntos porcentuales del PIB, financiándose aproximadamente dos tercios de dicho aumento mediante mayores déficits fiscales”, asegura.

En la actual década se han multiplicado los conflictos bélicos. Hay más y de más envergadura, como la guerra de Ucrania o los ataques en Oriente Próximo. El FMI admite que los incrementos en la capacidad de defensa pueden impulsar la actividad económica a corto plazo, porque suponen un estímulo del consumo y la inversión, también elevan la inflación y provocan otros desequilibrios.

Entre 2020 y 2024, subraya el organismo, el 50% de los países del mundo aumentaron sus presupuestos de defensa. En 2024, casi el 40% de los estados destinó más del 2% de su PIB al gasto en defensa, en comparación con el 27% registrado en 2018. Ese gasto va a seguir aumentando tras el acuerdo durante el pasado verano de los miembros de la OTAN de elevar el gasto en defensa del 2% al 5% hasta 2035. Estos incrementos suponen un gran desafío presupuestario para los países miembros. “Especialmente en un entorno caracterizado por una deuda pública elevada y creciente, así como por presiones de gasto cada vez mayores”, sostiene el Fondo, que recuerda que los gobiernos se enfrentan a esta situación con una creciente presión por renovar infraestructuras, servicios públicos, y afrontan desafíos por la transición energética, y el mayor gasto asociado al envejecimiento como la sanidad y las pensiones.

El organismo multilateral sostiene que “los repuntes del gasto en defensa suelen deteriorar los saldos fiscales y externos. Aquellos episodios que tienen lugar en tiempos de guerra suelen ir seguidos de fuertes incrementos de la deuda pública y de importantes recortes en el gasto social, lo que constituye el clásico dilema entre cañones y mantequilla. Por el contrario, los auges en tiempos de paz tienden a aumentar la producción sin agravar la deuda ni desplazar el gasto social". “En promedio, los déficits fiscales se deterioran en unos 2,6 puntos porcentuales del PIB, y la deuda pública aumenta en unos siete puntos porcentuales en un plazo de tres años desde el inicio del incremento de la capacidad de defensa”, advierten los técnicos del Fondo. “Al mismo tiempo, los saldos externos se deterioran a medida que la demanda se orienta hacia la adquisición de equipos importados”.

El estudio diferencia si el repunte del gasto en defensa se produce en tiempos de guerra o antes de que surja el conflicto. “Los repuntes en tiempos de guerra resultan especialmente costosos, ya que la deuda pública se dispara en unos 14 puntos porcentuales del PIB y el gasto social disminuye en términos reales”.

El Fondo aconseja a los países que integren el gasto en defensa en sus planes plurianuales a medio plazo, los documentos donde plasman la senda fiscal para contener el déficit y la deuda.

Las ventas de las 100 mayores compañías armamentísticas del mundo se han duplicado en los últimos 20 años, según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI). Curiosamente, casi la mitad de los ingresos totales por armas de las 100 principales empresas productoras de armas del mundo se generan en Estados Unidos, mientras que Europa representa alrededor del 14% y China el 12%. “Como resultado, la mayoría de los países importan una gran parte de su equipo militar, llegando esta proporción a un 80% en el caso de los países miembros de la Unión Europea”, destaca.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_