El fetichismo destructor
El expolio arqueológico es una tradición difícil de erradicar que ancla sus raíces en el fetichismo -pocos son los que se sustraen a recoger aunque sea un trocito de piedra, ¡que quién sabe si la pisó Atila!, cuando visitan un yacimiento, por decir algo- y el desprecio por la arqueología y la historia como ciencia basada en el estudio y la investigación. El síndrome de Indiana Jones aún permanece en el imaginario de muchos coleccionistas o aficionados con posibles ajenos por completos a la evolución real de la disciplina arqueológica.
Los expoliadores y los coleccionistas buscan la pieza, el objeto único que pueden mostrar como trofeo o con el que pueden mercadear. La Ley del Patrimonio Histórico Español es clara en este aspecto y establece sanciones cuando no se declaran los objetos encontrados, incluso de manera accidental, en un yacimiento. Pero si puede ser grave y considerarse un robo al patrimonio común la sustracción de monedas y otros objetos arqueológicos, en estos momentos para muchos arqueólogos el problema no es tanto la pieza en sí -en muchos casos, los hallazgos realizados en excavaciones oficiales permanecen años en depósitos sin que haya personal ni presupuesto para clasificarlo-, sino el hecho de que sacar estas piezas fuera de su contexto elimina para siempre la posibilidad de que sea útil para el estudio de una época o una cultura. Los detectores de metales son especialmente peligrosos ya que el expoliador está tan preocupado por sacar la moneda, muchas veces sin valor, que destruye todo lo que encuentra a su paso. Estos expolios no son sólo materiales sino, sobre todo, culturales.
El problema es global, aunque suele cebarse en los países pobres o con conflictos armados (basta recordar los robos masivos que se han producido en Irak), y en España, según fuentes de la Brigada de Patrimonio de la Guardia Civil, la comunidad más afectada es desde hace años Andalucía. Las razones, según el informe que hace cinco años realizó este mismo cuerpo (www.guardiacivil.org/patrimonio), hay que buscarlas en que es la segunda comunidad con mayor extensión territorial; dispone de una gran cantidad de yacimientos y desde hace años parecen haberse enclavado allí grupos organizados. También es relevante, según el informe, el interés de la Administración autonómica por detener y controlar estos expolios lo que hace aumentar las detenciones.
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