Emigrantes
Es una tarde fría de otoño. Voy a ver a Mohammed, Ahmed, Boasin, Jasmine... Llevan guantes y abrigos; los lápices, los cuadernos, los libros..., los ponemos nosotros. La semana pasada se les repartieron sus cartillas de la Seguridad Social. Veo cómo su vocabulario va en aumento: Mohammed ya es capaz de escribir: "Yo tengo un amigo español que me enseña a leer". Tenemos proyectada una visita a una exposición, Los aromas de Al Ándalus. He logrado que algunos conozcan el alfabeto. Hay partes que se les resisten; por ejemplo, las letras BMW no saben lo que significan: ni falta que les hace. Tampoco saben muy bien qué es un chalet ni están muy seguros de qué es una piscina. El domingo, muchos de ellos van a ir a trabajar al mercado con sus padres, que se apañan con un Seat 131. El esfuerzo que los voluntarios realizamos para que se integren, ¿puede caer en saco roto? Me gustaría, señores diputados, que reflexionaran: ¿tienen ustedes hijos?, ¿van a la piscina? Seguro que tienen guantes y abrigos mejores que los de Mohammed y Bachir. No les pedimos la Luna; tan sólo, un mínimo de sensibilidad social.- . .


























































