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Cartas al director

La inercia que nos lleva

Es fácil imaginar que ningún yugoslavo estaba dispuesto a ceder Kosovo. Consecuencia de ello es que han permitido que una cúpula fascista se erija en su representante (y brazo ejecutor), llevando a cabo acciones brutales ante las que se mantuvieron indiferentes. Finalmente, su autismo se ha vuelto contra ellos.Ningún occidental podía permitir que se produjeran las atrocidades en Kosovo. Como resultado, consentimos que la OTAN ataque Yugoslavia, porque pensamos que hay que actuar ante la barbarie. Pero esto ha provocado varias víctimas. Primera y más importante: los kosovares, excusa para la acción militar, que han quedado a merced de la venganza de Milosevic. Segunda: la supuesta bondad de la OTAN. Su valía como garante de la estabilidad en Europa y participante en misiones de paz (¡bajo mandato de la ONU!) queda en entredicho. Parece defender más bien los intereses económicos y estratégicos de sus miembros más poderosos.Tercera: la ONU. Los miembros de la OTAN se han saltado los principios básicos que rigen este organismo, cuya creación ha costado dos guerras mundiales, invadiendo un país soberano sin mandato previo. Cuarta: la población civil yugoslava, que está sufriendo las consecuencias de intereses enfrentados.

Esperemos que la última víctima no seamos nosotros, porque, convencidos de que somos el adalid de la causa kosovar, nos hemos saltado todas las reglas. Siempre tendremos la excusa de que nos dejamos llevar por nuestros dirigentes, como lo hicieron en su día los yugoslavos.- .

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