Vivan los rockeros
Todos los días hay un atasco humano, de personas, en la Gran Vía: el teatro Lope de Vega, que debe tener un aforo de mil butacas aproximadamente, ve sus puertas abarrotadas. Supongo que con alguna puerta abierta más y con algo de adelanto se evitaría: pero se perdería esa sensación de éxito que tan grata es siempre a los teatros.El éxito de la obra es absoluto: si la expectación por Grease, la que fue gran creación para el cine de John Travolta, es enorme, el entusiasmo final es indescriptible, y hasta la timidez del español se vence en algunos bailoteos en el patio de butacas, que sólo se cortan para las ovaciones y los aulliditos característicos de los pieles rojas urbanos.
Qué lástima: qué pena no sentirse uno penetrado por esa pasión del rock. Pero, bueno, tengo algunas otras cosas. Ante este espectáculo, mi alegría por los otros y un poco de envidia. Y el juicio intacto como para ver que el espectáculo es excelente, que la orquesta y los cantantes lo mantienen, que la juventud domina en el escenario, que el ritmo está vivo y que no desmerece los espectáculos de Broadway.
Grease
De Jim Jacobs y Warren, versión de Nacho Artime. Intérpretes: Geraldine Larrosa, J.G., Carlos Marín, Marta Ribera, Pablo Puyol, Raquel Grijalba, Azucena Mochón, Luz Nicolás, Nacho Vidal, Víctor Ullate Roche, Gregor Acuña, Beatriz Argüello, Laura Inclán, Óscar Martínez Gil, Enrique Sequero, Lisardo, Sonia Dorado, Juan Solano, María Blanco, Chus Herranz, Manoli Nieto, Armando Pita, Toni García, Beatriz Álvarez Ros, Ariadna Corbellá, Mercedes Pedroche, Iturralde, Natalia Santiago Lozano, Isabel Vázquez, Frances Abos, Luis Alonso, Jesús Taguy Cochennec, Fernando Lázaro, Mauricio Villa. Coreografía: Ramón Oller. Dirección musical: Alberto Quintero. Escenografía: Gerardo Trotti, Juan Castro, Luis Ramírez. Vestuario: Jesús Ruiz. Iluminación: José Ramón de Aguirre. Dirección artística: Luis Ramírez. Dirección escénica: Luis Ramírez y Ramón Oller. Teatro Lope de Vega.
Pensar en eso mitiga mi aburrimiento: no soy roquero, ni roquista -aunque no dejo de sentir la música- y mi interés por el musical americano se va desvaneciendo poco a poco.
Lo digo por si entre los lectores hay alguno tan afligido como yo por estas cosas: no siendo así, busquen las localidades, corran, bailoteen, palmoteen y griten. Es una buena ocasión.


























































