Cibeles
Estoy deseando que a la fuente de Cibeles, en una de las maravillosas celebraciones a las que nos tiene acostumbrados uno de los equipos de fútbol de nuestra capital, se le caigan los brazos a la diosa y las cabezas a sus leones, pero sobre todo la cara, la cara de vergüenza a nuestra maravillosa Cibeles, que año tras año tiene que soportar el gamberrismo de veintidós jugadores y de algún empresarillo que se cuela de rondón. Señor alcalde, todos sabemos que es así como aprendemos en España a cuidar de nuestro patrimonio. Sólo cuando podemos guardarnos sus piezas en los bolsillos tomamos medidas. Espero que algun día nuestra anciana Cibeles, con sus brazos rotos, se decida a darles un corte de mangas a los "flamantes campeones" y a los que como usted consienten su violación año tras año.- .


























































