Los tejidos de alta tecnología y las pieles invaden la pasarela de Milán
El gris y los largos bajo la rodilla, en todas las colecciones
Durante los últimos nueve días, Milán se ha convertido en el escaparate de la moda italiana. Las pasarelas del prét-á-porter de Milano Collezzione Donna, con más de 100 desfiles y otras 70 presentaciones con vistas al otoño-invierno 1998-1999, han compartido espectáculo con la zona conocida como el triángulo de oro (calle de Montenapoleone, Via de la Spiga y Via San Andrea), donde se ubican las tiendas más lujosas, que han aprovechado la afluencia de prensa y compradores de todo el mundo para inaugurar nuevos emporios. A falta del desfile de Giorgio Armani, la tendencia general es el largo bajo la rodilla, los grises y la piel por dentro.
El lujo volvió el jueves a la pasarela de la mano de la casa Fendi, que puso piel en casi todo lo ponible, desde las faldas hasta los vestidos sin hombros y superceñidos, denominados spaguetti. El diseñador Karl Lagerfeld volvió la vista al pasado en lo que a diseño se refiere pero el tratamiento tecnológico que hizo de las pieles fue todo un éxito. Jil Sender recurrió a los tonos naturales o beiges en un look confortable y veraniego. La propia diseñadora definió su colección como "tranquila".Entre las colecciones estrella más que de formas o siluetas revolucionarias la novedad gira en torno a los propios tejidos en sí. Es el juego entre dos contrastes como polos opuestos que se atraen: por un lado, los materiales de lujo, como ligerísimas alpacas, muarés, cachemires, lanas cosidas (al estilo austriaco), que se combinan con sedas, rasos, satenes y chifones, destacando los bordados de pedrería y lentejuelas y, por otro lado, los nuevos y futuristas tejidos de alta tecnología: las mezclas de acrílico y acero, el cuero encerado, plásticos con efecto de espejos, nailon metalizado, las fibras de cobre y seda y hasta fluorescentes que brillan en la oscuridad.
La tendencia general apuesta por una silueta femenina y refinada que respira un glamour relajado donde el vestido o falda con largo casi siempre a la rodilla, media pierna e incluso al tobillo, se perfilan como grandes protagonistas. El color gris invade las colecciones en todos sus matices, desde gris perla, carbón, antracita, hasta el plata metalizado, y en algunos casos el color único, como en los desfiles de Cividini o Philosophy por Alberta Ferreti. Los tonos neutros, como negro, blanco, camel y algún que otro rojo vino o granate, y los pasteles malva, rosa y aguamarina hacen una tímida incursión en la marea grisácea.
Miuccia Prada, investigadora por excelencia de nuevos materiales, quiso crear un posminimalismo donde satenes y astracanes se completan con tweed o fieltro entre capas de chifón para abrigos de línea A y faldas con pliegue, con aplicaciones de plásticos, bordados de goma o películas sintéticas, predominando el blanco roto.
Otra marca comercial, Exté, del grupo Itierre, que fabrica Versus, D&G o GFF Jeans, debutó en pasarela con líneas geométricas y futuristas para sastres y vestidos ceñidos al cuerpo.
Anoche, Gianfranco Ferré impresionó con una colección que podría situarse entre el medievo y el futurismo. No fue el caso de Donatella Versace, que basó su propuesta en todo lo realizado por su hermano.


























































