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Crítica:
Crítica

Francotiradores

Los ilegales

Jorge Martínez (voz y guitarra),

Juan Flores (saxo), Jaime Belaústegui (batería) y Alejandro Blanco (bajo). Sala Katedral. 1.500 pesetas. Viernes 22 de noviembre.

Como ese japonés del anuncio de coches al que nadie le ha dicho que la guerra ha terminado y que sigue atacando a todo lo que se mueve en nombre del emperador, el asturiano Jorge Martínez parece refractario a los cambios ocurridos en el mundo, desde el momento en que Los Ilegales, empezaron a hacer, de las suyas. Su postura de survival le honra, ya que demuestra que hay artistas que imponen su propia personalidad a todo aquello que, ajeno al devenir del rock, termina condicionándolo.

Venían los lles... con el reclamo de la presentación de su último disco, El corazón es un animal extraño, pero tal, al final, no fue más que un pretexto para un nuevo encuentro de tintes erótico-etílicos de Jorge con su público de la capital, siempre fiel y numeroso. De tal modo volvieron a sonar los acordes ya sabidos de Delincuente habitual, Caramelos podridos, Yo soy quien espía los juegos de los niños, Soy un macarra, y así hasta completar la veintena de himnos al descontrol, la subversión, el enfrentamiento violento, las drogas y otros elemento que, francamente, ahora están muy mal vistos por la mayoría. No importa. Aún queda gente como Jorge Martínez para proclamar la individualidad y tocarle las narices al enemigo, disparándole oculto desde la rama de un árbol.

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