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A mi mamá

Últimamente todo el mundo habla del ciclismo como el gran paralelo de la vida. Supongo que algo hay, si bien uno encuentra este tipo de paralelismos incluso si habla de filatelia. Un pollo echando el hígado por la boca mientras escala en bicicleta un alpe, sólo se podría entender como un símbolo vital si, junto a él, también compitiera un tipo en Rolls y con la cara del malo de los spots de Martini. Llegados a este punto, cabe preguntarse cual es ese gran paralelo existencial del ciclismo. Me niego a creer que se reduzca al hecho de que en el pelotón, como en la vida, también hay un caso Banesto. O que en el pelotón, como en la vida, también hay un señor de la ONCE cada pocos metros. Modestamente, creo haber hallado la respuesta. Los ciclistas van vestidos de Señor Spok, en efecto, pero verán que debajo de ellos hay algo netamente humano. Es una bicicleta. Todo el mundo ha tenido una bicicleta. Todo el mundo ha ido en bicicleta. Y todo el mundo ha gritado desde una bicicleta aquello de mamá-mira-sin-manos. Consecuentemente, los ciclistas son gente que va por las carreteras porque, en efecto, quieren a su mamá. Por eso, snif, todo el mundo quiere a los ciclistas.-

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