Japón inmortal

De una alta calidad y notable belleza es el espectáculo compuesto alrededor de la gran bailarina Midori-Nishikazi II, con su gesto breve, elegante y contenido, pero intenso. El tema es clásico: el deseo de la inmortalidad conseguido al comer carne cruda de sirena y la posterior angustia de tal estado atemporal. Curioso paralelo con Don Juan: una sutil crisis moral ante la lista de sus amantes y esas furias que vienen a cobrarse al final la culpa. Un tema que también aparece en el kabuki, que aquí da pauta y hasta dramaturgia.La cantante-narradora (extraordinaria voz clásica) dice: "Me invitan las voces de los muertos", y la bailarina apenas frunce el entrecejo y vibran sus dedos, pero eso basta, la idea se hace danza y es perfecta: una demostración de clase, síntesis y eficacia ancestral traída a nuestros días en hábil mezcla con elementos folclóricos y con la danza moderna Butoh. Bellos trajes, música brillante, tambores electrizantes. El aforo se abarrotó. ¿Por qué sólo una noche en este Madrid de secano dancístico?
Compañía Midori-Nishikazi
Yao-bikuni (La leyenda de la inmortalidad). Coreografía: Yhosijiro Hanayagui. Música: Ritusuki Seto, Sumiko Hirai y Junko Handa. Los Veranos de la Villa. Muralla Árabe. Madrid, 10 de julio.


























































