Siempre hubo diferencias
Hoy, Cibeles, siento envidia de ti. Te encuentro tan elevada, tan serenamente bella, tan indiferente al tráfico, al paro, a las huelgas, a los hundimientos bancarios, a los fraudes de cooperativas, a la miseria, que deseo me cedas tu asiento., al menos el breve tiempo q ue dura la vuelta de un carrusel en la feria. Me gustaría ser frialdad fruto de cincel en piedra y recibir ese lechoso rayo de sol que enfoca y entibia tu cara, y el picoteo -tal parece que te besara- de esa paloma que se apoya, confiada, en tu hombro.
¡Hasta la vista, altanera! Una carroza que emite ruidos, infernales impidiendo oír cualquier sonido de la, naturaleza, con un único surtidor del que brota un chorro de humo negro que empaña los hermosos cielos de esta ciudad, respirando un aire en el que el oxígeno apenas se detecta, todo por un décimo de bonobús, me lleva.-


























































