El juez instructor de Venecia establece la ilegalidad de la red Gladio
Felice Casson, el juez instructor de Venecia que descubrió la existencia de la red Gladio, ha establecido que ésta era ilegal y ha pedido el procesamiento del general Paolo Inzerilli, jefe de Gladio entre 1974 y 1986, por asociación para conspirar al servicio de la CIA norteamericana en contra del Estado italiano.
El dictamen de Casson tiene una eficacia sólo relativa desde el punto de vista procesal, ya que ésta será la última actuación del juez veneciano en relación con este caso, que ha sido transferido a los tribunales de Roma debido a que la capital italiana era el centro operativo de Gladio. Pero su decisión motivada de procesar a Inzerilli representa un desafío definitivo a políticos que, como el presidente del Gobierno, Giulio Andreotti, y el presidente de la República, Francesco Cossiga, han defendido a capa y espada la legitimidad de la organización secreta creada en 1952 en Italia, al amparo de la OTAN y de los servicios de Estados Unidos.Casson intuyó la existencia de Gladio en el curso de su investigación sobre el coche bomba que en 1972 mató a tres carabineros en la localidad véneta de Peteano. Respondiendo a una pregunta del juez, Andreotti confirmó inesperadamente la existencia de la red el 18 de octubre del año pasado. Pocos días antes, la opinión pública italiana había sido sorprendida con otro descubrimiento: una serie de cartas escritas por Aldo Moro durante su secuestro, en las que líder asesinado por las Brigadas Rojas venía a advertir sobre los riesgos que implicaban ciertas conexiones atlantistas de Andreotti.
Las diligencias practicadas subsiguientemente, tanto a nivel judicial como parlamentario, pronto suscitaron dudas sobre si Gladio era simplemente un aparato de la OTAN para hacer frente a una eventual invasión soviética de Italia o una red ilegal y clandestina de guerra interíor, tal vez conectada con los numerosos actos de terrorismo perpetrados durante los años de la llamada estrategia de la tensión. También se estableció que no todos los primeros ministros habían tenido conocimiento de la existencia de Gladio. No supieron de ella, por ejemplo, ni Aldo Moro, ni Mariano Rumor, ni Emilio Colombo, ni Giovanni Leone. Entre los que la conocieron estaban Andreotti y Francesco Cossiga, como subsecretario de Defensa, ministro del Interior y primer ministro, antes de llegar a jefe del Estado.
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