Cuento para dormir
Érase una vez una mujer que, en su entorno laboral, en su familia y entre sus amigos, estaba considerada como una soñadora insumisa. Y todo porque ellos enjuiciaban la guerra del Golfo (le llaman conflicto, que suena mejor), desde la segura poltrona occidental, como un castigo merecido e inevitable para el pueblo árabe.Entonces habló el señor ministro de Cultura, que se llamaba Semprún, y dijo que los pacifitas eran unos enfermos de izquierdas.
Y la mujer del cuento estaba muy triste, porque todos los que la rodeaban creían o pensaban (no sé si pensar y creer son la misma cosa) que ella estaba equivocada, que lo que estaba sucediendo en Oriente Próximo era tina consecuencia lógica de los hechos acaecidos desde la invasión de Kuwait, allá por la canícula de agosto.
Y ahora, en plenas carnestolendas, con los fríos de febrero, ninguno de ellos tenía en cuenta que la información era sesgada, imprecisa y siempre tardía.
Ninguno quería hablar -quizás por desconocimiento- de la objeción de conciencia sobrevenida, de la no alineación Era un mal menor el hecho de que el protector imperialismo controlase, con ayuda de los aliados, el petróleo que había debajo del suelo árabe.
Y la mujer, cada vez más triste, un día les dijo: "Sentíos alegres y contentos, porque dentro de poco el preciado oro negro se mostrará, al cielo abierto., en todo su esplendor, sobre éste no habrá ya suelo, ni árabes, porque habían sido malos. Y llegarán los americanos, que siempre tuvieron muy buenas bases, y con una gigantesca pajita podrán sorber todo el petróleo orientales darán a los aliados unos buchitos como premio a su bondadosa ayuda para que puedan realizar año tras año, el gran Rally París-Dakar, saludando desde sus maravillosos coches a los negritos africanos, aunque, pensándolo bien, no los verán porque están muy delgaditos..., pero eso es otra historia".
Buenas noches y felices sueños.- .
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