Desgaste diario en el Metropolitano
Diariamente me traslado en metro a mi trabajo, y ya cuando llego a éste he sufrido un desgaste no sólo físico sino psicológico. La línea que utilizo recibe a los viajeros de Renfe que se desplazan de Getafe, etcétera. Además de ir hacinados como corderitos al matadero (desgaste fisico), llegas al trabajo con un estrés que cuesta superar por las esperas interminables que se producen entre un tren y otro.He viajado a otras ciudades de Europa y he comprobado que normalmente existe un horario que los trenes cumplen. Que no se producen esos retrasos tan espectaculares, principalmente a las horas punta, y que los trenes circulan con rapidez.
¿Por qué existe en España ese desprecio absoluto hacia el usuario, que, en definitiva, es quien soporta con los impuestos la financiación de los servicios tan deficientes que habitualmente recibe?
Quizá deberían empezar a hacer intercambios de profesionales, como hacen los escolares. Enviar a estos trabajadores a alguna de estas ciudades donde los transportes públicos sí funcionan (y las hay) para que les dieran un entrenamiento en el buen funcionamiento del metro. El progreso empieza por la profesionalidad de las gentes de un país.-
La contracción
del cuerpo humano tiene un límite, aunque los responsables del metro parecen no saberlo. La clásica comparación de los usuarios de este transporte público con las sardinas de lata ya no es válida, pues éstas tienen más holgura que cualquiera de nosotros en hora punta.A pesar de esta situación -difícil de describir, aunque fácil de vivir cualquier día-, los medios de comunicación y los organismos oficiales correspondientes nos bombardean a diario con la necesidad de olvidar el coche particular en casa y usar los transportes colectivos. Cuando se dan estos consejos suelen aparecer imágenes de grandes atascos de tráfico en contraposición a cómodos autobuses y rápidos metros.
Yo, como otros muchos trabajadores con horario fijo, no puedo elegir la hora de usar el metro, pero sí puedo elegir entre montar o no; prefiero perder una hora en el más imposible de los atascos, a la vertiginosa velocidad de 10 kilómetros a la hora, que sufrir -por 10 minutos siquiera- la indescriptible aglomeración e incomodidad del metro. Prefiero estar colapsado en cualquier calle de la ciudad, sentado en el cómodo asiento de mi coche y oyendo música en la radio, que viajar con el codo de un desconocido en mi cintura.
Hasta que los transportes públicos no sean cómodos y rápidos de verdad, ni las campañas publicitarias, ni las tarjetas abono transporte, ni los policías municipales en los cruces, ni las multas, ni las grúas conseguirán convencerme para que deje el coche en casa.-
Fernando Galán Hernández.


























































