Del lirismo a la épica
Este monólogo de Alfredo Alcón está construido con la intención de tener un carácter de pieza y de rehuir el recital. Unidos por algunos textos de conferencias o entrevistas en los que García Lorca se definió a sí mismo, su poesía y su teatro, están los poemas o los Fragmentos de obras. A veces, sin solución de continuidad, enlazando casi sin respiración el último verso de un romance con primero de un poema libre. Este sistema tiene la virtud de mostrar la unidad del poeta, aunque no siempre la sutura esté tan bien conseguida como para conseguir el propósito de pieza única y aunque nos encontremos con lo que parecía no quererse, que es el recital, la declamación, la interpretación de cada poema. A lo cual no hay nada, finalmente, que objetar. Queda como ensayo interesante la conversión de la poesía lírica en dramática y en muchos casos épica.A Lorca se le recita con entusiasmo y amor desde hace mas der medio siglo, desde la popularidad del Romancero gitano, que el pueblo llegó a conocer de memoria: durante la República y la guerra civil, los recitales aparecían en todos los fines de fiesta, en las radios, en los teatros, en los cines... Vino el largo silencio tras el triunfo de quienes le mataron, y, al terminar éste pasamos por la nueva vena de Lorca, enriquecido ya por la cultura transcurrida que permite apreciarle aún mejor.
Los caminos de Federico
Sobre textos de García Lorca.Interpretación: Alfredo Alcón. Música de Lluís Llach. Dirección de Lluís Pasqual. Teatro Nacional María Guerrero. Madrid, 30 de junio.
Apasionamiento
Alfredo Alcón suma su peculiariclad de actor de la buena línea histriónica, de la voz flexible y profunda, del apasionamiento romántico, a este gran acervo de Lorca. Primordialmente interpreta, y puede transformarse en riño que juega, en doña Rosita que pierde su juventud y su vida, en guardia civil o en gitano a caballo. Es lógico que a algún espectador le canten en la cabeza los poemas de Lorca, oídos y estudiados de otra manera que como los representa Alcón, y que tenga otra visión de la espléndidaimaginería española, de la valetía del verso metafórico y de alucinación del primer surrealismo serio de este país. Lo cual no puede ir, ni va en absoluto, en contra de la manera de este actor argentino: es una cuestión de resonancias internas que no encajan. Cuestión de gustos y de diferencias culturales. Por encima de e [las brilla un trabajo profundo y serio, unas dotes de voz y de incorporación de los tipos perfectamente plausibles.El público de la primera representación percibió la calidad y el despliegue de trabajo técnico del actor a cuerpo limpio, y la sencillez con que ha sido dirigido por Lluís Pasqual, sin darle apoyo de escenografía o de vestuario, simplemente con algunos cambíos de luces; al terminar, el teatro entero se puso en pie y le aclamó justamente.
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